Inter de Milán y Milán, una rivalidad eterna en la que el Inter alcanzó la final de la Champions League

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Una crónica de Marc Ferriz / Imágenes: Inter de Milán

Desde el instante en el que el avión roza la pista de aterrizaje del aeropuerto de Milán la intensidad del derbi italiano se palpa en el aire. La ciudad se viste de fútbol para acoger a los miles de seguidores que llegan desde todos los rincones del mundo hacia su templo futbolístico. A pesar de que la distancia del aeropuerto a la propia ciudad es considerable, desde primera hora de la mañana camisetas y bufandas rossoneras y neroazurris inundan las terminales del mismo. Cuando Inter de Milán y Milán se enfrentan se reaviva una llama en la ciudad que deja ver la importancia del choque, y si hablamos de unas semifinales de Champions League, el Derby Della Madonnina pasa a ser mucho más que un partido de fútbol.

Esta ancestral rivalidad nació en 1908 cuando un pequeño grupo de integrantes del AC Milán decidió oponerse a sus estatutos de entonces que solo permitían jugar en su equipo a jugadores italianos y fundaron un nuevo club en la ciudad, el Internazionale Milano. Los azules establecieron la aceptación de integrar tanto a jugadores italianos como a extranjeros, de ahí su denominación.

Desde entonces, 236 encuentros han enfrentado a ambos equipos, sin embargo, en la máxima competición continental sólo existen 4 partidos que preceden al cruce que ha acreditado esta vez al Inter de Milán como finalista de la Champions League. El primero fue en la temporada 2002/2003 en unas semifinales donde dos empates hicieron que el Milan avanzará a las semifinales gracias al valioso gol de visitante anotado en el partido de vuelta que cerraba el 1-1 en el marcador global. El segundo enfrentamiento en la temporada 2004/2005 fue un capítulo que quedó marcado en la historia de esta rivalidad. Esta vez se encontraron en los cuartos de final y el Milan se impuso con un global de 5-0 dejando una imagen para la historia donde Materazzi y Rui Costa posaban juntos ante un San Siro encendido por cientos de bengalas.

Este año se ha escrito un nuevo capítulo en la historia de una de las mayores rivalidades del mundo del fútbol. Unas semifinales donde el Inter de Milán se elevó con orgullo y dominó la contienda sellando un cruce inmejorable para los de Inzaghi, con un global de 3 a 0. Ya en el primer partido, con la genialidad de Mkhitarian y la fuerza de Dzeko, los nerazzurri marcaron dos goles que dejaron al AC Milan en la sombra de su grandeza.

En el partido de vuelta, el Giuseppe Meazza fue un infierno neroazurri desde la llegada del autobús hasta el último pitido que les otorgaba el pase a la final. Lautaro Martínez, con su gol, selló la epopeya del Inter y marcó el fin del sueño para un AC Milán que se encontraba perdido en el laberinto de su propia identidad. Un gigante adormecido que no pudo encontrar su esencia en estas semifinales de la Champions League. Si bien el primer partido demostró esa falta de intensidad en los locales, el segundo encuentro no destacó precisamente por el fútbol de ninguno de los dos equipos.

Sin embargo, al contrario que su eterno rival, el Inter mostró toda la intensidad propia de unas semifinales de la máxima competición continental. Esto se dejó notar fuera del terreno de juego cuando, desde primera hora de la mañana, la mítica Piazza del Duomo se llenaba de los cánticos y colores de la hinchada internazionale que más tarde se trasladaría de igual manera al estadio. Además, cuando el pitido final sonó y el Inter de Milán cerró el pase a la 8ª final de su historia, la ciudad se impregnó del júbilo de los vencedores. Los coches, como estandartes rodantes, enarbolaban banderas y el sonido ensordecedor de los cláxones llenaba el aire, llevando consigo la euforia propia de un triunfo en el derbi de Milán.