Akelarre, una historia del siglo XVII con cinco premios Goya

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Akelarre Premios Goya

Análisis de Adriana Palao / Imágenes: Archivo

La nueve veces nominada y galardonada con cinco cabezones en la 35º Edición de los Premios Goya, Akelarre, es la película del momento. Así lo atestigua que se haya convertido en la película más vista en la plataforma audiovisual Netflix. Bajo la dirección de Pablo Agüero y la producción de Helena Taberna, Akelarre ha sido también la película más vista en el País Vasco, de donde es originaria, y número uno en más de treinta cines en sus primeros días de proyección.

La cinta narra la historia de un grupo de chicas que son acusadas de brujería. Así, los enviados del rey, junto con la investigación del juez Rostegui, irán en busca de las muchachas; quienes con mucho ingenio deberán buscar la forma de librarse del trágico final que se les avecina.

Con Amaia Aberasturi y Àlex Brendemühl como protagonistas, la película es un desborde de emociones, realismo y tensión constantes; con una puesta en escena digna de reconocimientos y mucha madurez. A Aberasturi se le suman otras cinco actrices; Yune Nogueiras, Garazi Urkola, Irati Saez de Urabain, Lorea Ibarra y Jone Laspiur, que van a compartir el protagonismo durante el filme. Actrices que van a encarnar, impecablemente, lo más auténtico de la amistad, el amor, los deseos de la juventud y el perfil de las mujeres vascas de la época.

Akelarre Premios Goya

La fotografía, bajo la dirección de Javier Aguirre Erauso, reconocido con un Goya hace justicia a la imagen de la historia que alcanzas grandes cotas de arte, principalmente en las escenas de fuego, donde el juego con los claroscuros y las sombras se ejecuta a carta cabal. Fotografía que se fusiona con la danza que ejecutan las chicas bajo el ritmo de Ez Dugu Nahi Beste Berorik.

Una canción ritual que se muestra subyugante para el espectador que, sin importar cuál sea el conocimiento del euskera, la melodía de Zure muxuen sua baino se queda en la mente de quienes la ven, después de salir de la sala de cine o al levantarse del sofá del salón. La música ha querido, en palabras del director “recuperar el espíritu duro y rebelde de la música popular pagana, y hacerlo atemporal. Que fuera al mismo tiempo ancestral y contemporáneo”.

La banda sonora de Akelarre es fruto de la colaboración de Maite Arroitajauregi y Jon Maia, que con tan solo ocho armonías y cuatro compases que van in crescendo, evolucionando a lo largo de la película lograron también el reconocimiento en los Goya con el de Mejor Música Original. Un premio que se suma a los alcanzados por Diseño de vestuario, Dirección artística y Maquillaje y Peluquería. Todos ellos determinantes para lograr transportar al espectador al siglo XVII y revivir una época histórica en la que miles de mujeres fueron perseguidas, cuando su único “pecado” fue el apego que sentían hacia su lenguaje, sus antepasados, cultura y tradición.