Luis Landero: «El afán del hombre es mi gran demonio literario»

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Lucía María Juliá / 2º Periodismo

El escritor Luis Landero presentó el pasado 22 de febrero en Valencia su nueva novela, La vida negociable. Estuvo acompañado de Eve Ferriols, directora de la Biblioteca Pública de Valencia, y la escritora Lola Mascarell. El novelista afirmó que en esta obra expresa, una vez más, el deseo imposible de plenitud del ser humano. “El hombre es una máquina de deseo, excepto los que son felices”, según indicó, “querer ser más es una ambición humana”.

Landero, admirador de grandes literatos como Baroja y Unamuno, confesó que ese afán del hombre de querer ser y no poder, característico en sus novelas, lo ha vivido desde pequeño. “El afán del hombre es mi gran demonio literario”, declaró. De ahí que Hugo Bayo, el protagonista de su última obra, luche por buscar el sentido a la vida.

El germen de la historia se encuentra en un recuerdo que pervivió en su memoria: un adolescente ante un secreto que tiene que aprender a manejar escogiendo el bien o el mal. A partir de ahí, crecen los pilares de Hugo, un peluquero de cuarenta años de edad que negocia con la vida como puede.

La novela pudo haber sido La vida justificable. Landero admitió que caviló ese título en un primer momento porque “todos nos justificamos, todos tenemos culpas y queremos librarnos de ellas justificando nuestras acciones”.

El autor de Juegos de la edad tardía, por la que que fue distinguido con el Premio Nacional de Narrativa en 1990, vuelve a imprimir una mirada sabia en el lector, aunque esta vez más oscura, según manifestó Ferriols. La directora de la Biblioteca Pública de Valencia lo considera un libro con «maestría» para aprender la magia del lenguaje.

Por su parte, la escritora y periodista Lola Mascarell, también tuvo elogios para él y su narrativa: “Es un libro que nos despierta algo de nosotros y que se pregunta cuánto de nosotros hay en Hugo Bayo”.

Landero recalcó que sus aspiraciones al escribir continúan siendo las mismas: No tener palabras vacías y que en sus párrafos haya resplandor, vida y belleza. “Lo importante son los logros estéticos a largo plazo, no los inmediatos”, y añadió, “el excesivo ingenio acaba cansando”.

El escritor del exitoso Un balcón en invierno, su libro más autobiográfico, aprovechó la ocasión para animar a los presentes a escribir. A su juicio, con la escritura cada uno descubre sus cualidades interiores escondidas. Tal y como relató, ese tesoro interior se destapa con un esfuerzo basado en la soledad, que desgraciadamente está mal vista.

Con La vida negociable sostiene que no sirve de nada la inmediatez y el esperar que las cosas pasen porque sí, aunque sea una actitud muy de ahora. Para él, solamente lo que se mira con intensidad resulta interesante.