Espido Freire: “Mi intención es hablar, sin demonizar, qué ocurre en una enfermedad mental”

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Informa: Raquel Sánchez / Foto: Editorial Espasa

La última novela de la autora bilbaína, Espido Freire, aborda la depresión como eje central en ‘De la melancolía’. Una obra que ha llegado ya a las librerías y que, en plena campaña de promoción, ha llevado a la novelista a visitar nuestra ciudad. Con ella charlamos en un hotel céntrico de Valencia sobre su último trabajo en un encuentro lleno de amistad, buena literatura y esperanza.

Después de Llamadme Alejandra, regresa con una historia de gente ‘corriente’ con sentimientos universales. ¿Por qué? 

Lo cierto es que hubo un momento en el que la redacción de Llamadme Alejandra y De la melancolía coincidieron, pero decidí presentar la primera al Premio Azorín. En los últimos cinco años he estado trabajando en esta historia y me alegro de no haber invertido el orden puesto que me ha permitido entender mejor -según qué tipo de procesos sociales- y tomar una distancia mayor con los personajes. En un primer momento, Lázaro iba a ser el protagonista de la novela pero después le di una total prioridad a Elena.

Si para algo sirve, a título social, la literatura, es para tomar conciencia

¿Qué ha supuesto revivir experiencias personales del pasado a la hora de escribir esta novela? 

No hace tanto tiempo pasé por una experiencia similar a la de Elena, la de superar y sobrevivir a una depresión, por lo que no he tenido que remontarme demasiado en el pasado. Mi caso es muy distinto al de Elena -la protagonista-, puesto que conté con una ayuda terapéutica importante. Esto hizo que lo tuviese desde el principio muy enfocado y articulado. Cuando regresaba al pasado no había dolor solamente estaba el hecho de encontrar las palabras adecuadas para Elena, que no eran las mías. Ella está completamente sola y lo que describe es mucho más vago a lo que yo sentía. Todo tiene que ver con una simbología mucho más difusa, con sensaciones de desgarro, de oscuridad, algo muy telúrico. Creo que esta novela es la mejor manera de que el lector entienda -si ha pasado por ello no va a tener que entender gran cosa, pero si no ha pasado por ello- cuál es la impresión de que el mundo, literalmente, se desmorona.

En una entrevista afirmó que la temática de las enfermedades mentales no se acaba de abordar en los géneros literarios. ¿Cree que con este libro les hace justicia?

Espero que sí. De hecho he recibido el agradecimiento de algunas asociaciones y de lectores individuales por abordar este tema. Mi intención es hablar sin idealizar ni demonizar qué ocurre en una enfermedad mental. Para mí no es nada nuevo puesto que he dedicado tres libros a los trastornos de la alimentación y a intentar desmitificar el miedo y el desconocimiento que hay frente a ello. Si para algo sirve a título social la literatura, es para tomar conciencia. Uno de mis mayores públicos es universitario y es particularmente importante que tengan presente este mensaje: a lo largo de la vida van a aparecer dificultades, en mayor o menor grado, y estas no supondrán el fin del mundo ya que habrá soluciones para cada uno de estos obstáculos. El sufrimiento no se debe idealizar y, por supuesto, hay esperanza. A modo de reflexión, creo que esta frase es vital: de todo se sale.

Otro de los principales protagonistas es, evidentemente, el amor. ¿Es cierto que el amor es un salvavidas? 

Sí lo creo. Pero cuidado con el amor romántico, con el concepto decimonónico e idealizado de la relación de pareja. Primero porque la mayoría de nosotros experimentaremos variantes de ese amor, cuando no sea así, muchos nos lo inventaremos y lo proyectaremos en las relaciones que tenemos. Esto es lo que le ocurre a Elena. Ella no tiene una relación particularmente perfecta pero ha decidido que sí lo sea. Incluso, en un momento dado, decide que otros protagonistas del libro la tengan, ya que la suya no lo ha sido. Esa idealización, posiblemente, le haya desviado de lo real. Esto lo vemos en la novela cuando proyecta ese afecto, esa necesidad de mimo y de cuidado en un hombre de 90 años, Lázaro, que es pariente suyo. A raíz de estos acontecimientos, para Elena ya no hay expectativas… Solo existe el sentir y el aceptar, lo que le permitirá a la protagonista empezar una relación sana con alguien de su agrado.

«Superar esos miedos, aceptarlos y volver a construirse. Para la mayor parte de la gente, los que no somos héroes ni heroínas, ese es el valor»

En cierta manera, esta historia habla del ‘empoderamiento’ de la mujer. ¿Crees que con el personaje de Elena ha conseguido que sea una mujer empoderada? ¿Una mujer feminista?

Ella es tan valiente… Empieza en un sitio donde no va a contar con la simpatía: ni de la gente más pobre que ella, ni con la ayuda de su propia clase y, por supuesto, tampoco contará con la simpatía de la mayor parte de los hombres de su entorno. Parte de una absoluta soledad, planteándose quién es y qué es y todos esos miedos que ha evitado durante 40 años van a llegar a dormir con ella. Ese es el valor: superar esos miedos, aceptarlos y volver a construirse. Para la mayor parte de la gente, los que no somos héroes ni heroínas, ese es el valor. Si eso no es una historia de empoderamiento, ¿qué lo es?

En la novela la crisis económica es clave, tanto por las heridas monetarias como por las personales que dejó. ¿Por qué decidió abordar esta cuestión? 

Porque desde el punto de vista literario no hay demasiado esbozado sobre ello. Lo que ocurrió fue una conmoción a nivel social que ha afectado a todas las clases y generaciones. Por ello, en mi novela retrato a todas estas generaciones a través de Vanessa, Elena, Sonsoles, Lázaro… Me parecía necesario hablar de cómo, incluso quién ha podido superar mínimamente la crisis económica, ha quedado afectado por ella. En el caso de las nuevas generaciones muchas veces tenéis la impresión de que se os ha robado un futuro y mi finalidad es que lo podáis relacionar con el presente que se nos ha robado a los demás: que no os sintáis excluidos de una sociedad sino que esa sociedad tienda lazos entre las generaciones para buscar soluciones distintas. Debe de usarse una dinámica con otras características y no enfrentar a las diversas clases sociales existentes.

Como escritora y a la hora de crear una nueva novela, una nueva historia: ¿usted se plantea qué quiere generar o provocar en el lector? 

Constantemente. De hecho, es la base de lo que yo escribo. Primero me planteo qué quiero que sienta el lector y después, empiezo a argumentar con qué historia puedo conseguir eso. Para mí, el lector es quien completa la historia, el que le da sentido.

Escribe poemas, teatro, novela juvenil, cuentos, ensayo… ¿Con cuál de todos estos géneros se quedaría si tuviese que elegir? 

Sin ninguna duda con el relato, con el cuento. De hecho, cada vez tiendo a escribir novelas más cortas. Cada vez más busco la concisión. Yo creo que mi punto fuerte es el relato… es donde me gusta estar.

¿Habrá continuación de su obra ‘De la melancolía? 

Espero que no. Me gustaría que esa continuación se desarrolle en la mente del lector. Que piense qué va a pasar con Elena y qué opción le da. Yo la he colocado en un lugar luminoso y en un lugar de alegría, ahora toca esperar qué hace el lector con ella.