Karina Saniz: “El columnismo en España es la gran cantera literaria”

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A Karina Saniz Borgo (Caracas, 1982), en su casa, se la comen los libros. Siempre tuvo claro que no hay mejor fórmula para aprender a escribir que invertir horas de sueño para perderse en los capítulos de las obras literarias. La periodista cultural y autora de libros sobre periodismo como “Caracas hip-hop” y “Tráfico y Guaire. El país y sus intelectuales”, es una lectora tan viva y voraz que no es capaz de abandonar los libros ni en los agotadores días de promoción y firmas de su nueva obra, “La hija de la española” (Editorial Lumen): “Escribir duele porque, como decía Philip Roth, es bajar a la mina. Hay que trabajar mucho, doblegar las propias obcecaciones y hacer algo hermoso con las palabras. Mi escritura periodística es bastante díscola porque cubro informaciones culturales que siempre permiten más libertad pero me gusta tomar posición. Es decir, si veo a un entrevistado lo contaré todo: desde cómo lleva las uñas, hasta si llega tarde o si carraspea para darle verosimilitud a los hechos que cuenta. Lo mismo ocurre con la literatura aunque la diferencia es que aquí me puedo permitir unas licencias que en un reportaje serían excesivas o inadecuadas, pero periodismo y literatura es un hueso que no puedo romper. De hecho, cuando más lo descubrí fue leyendo a periodistas españoles como Chaves Nogales, Josep Pla o Ramón Gómez de la Serna por su energía a la hora de escribir”.

Su forma de escribir impacta como la luz del amanecer nada más abrir el libro. Es el resplandor de un latido, de una angustia destellante: “Realicé un racionamiento periodístico en el que busqué la economía del lenguaje para que mi escritura fuera directa y rápida pero sin que estuviera afeitada de belleza. El periodista Antonio Lucas me dijo que hay que ser lector de poesía para aprender a titular con el objetivo de hacer un texto que a la gente le resuene con muy poco espacio (y tiempo) y lo he tratado de hacer así».

“La hija de la española” se ajusta a los ritmos vitales de Karina y, en sus páginas, contiene una especie de fuerza y evolución con una mirada icónica sobre el mundo que la autora vivió de joven en la Venezuela de Hugo Chávez. Esa voz que clama desde el pasado remoto, labra una idiosincrasia y aboga una restauración del presente, encuentra su eco y asiento en Adelaida Falcón, la protagonista de la publicación: “Las novelas no corrigen la realidad ni liberan países, tampoco aclaran respuestas ni encabezan revoluciones para tumbar a un presidente. Las novelas, lo único que hacen, es plantean preguntas”, aclara Sainz Borgo.

El propósito de la autora de Caracas ha sido plantear una historia universal como el desarraigo y el totalitarismo en un momento en el que más de tres millones de venezolanos han abandonado el país en los últimos años: “Si hubiera querido informar, me hubiera planteado hacer un reportaje, pero mi objetivo era emocionar y, por eso, dediqué dos años a escribir esta novela”. A la cuestión de si la obra tiene tinte biográfico, la periodista aclara que “no es una autobiografía pero hay connotaciones sentimentales, del mismo modo que Pérez Reverte explica que él escribe con sus memorias, con su biografía y su biblioteca. Es decir, no he podido dejar atrás todo lo que he vivido y, en la novela, he realizado una síntesis de la infancia, los sabores y olores que viví”.

Karina devora con sus ojos azules -aunque no se quitó las gafas de sol en toda la conversación-, subraya las frases más atractivas con su pluma estilográfica Kaweco Perkeo y fija las páginas que más le interesan con finos marcadores de plástico de los últimos estrenos editoriales. Después de este concienzudo ejercicio de análisis, a los que dedica a la mayor parte del día, vuelca sus sensaciones en las páginas web de Zenda Libros y Vozpopuli con entrevistas a los autores y críticas, una obsesión por la lectura macerada por los misterios de la sensibilidad, el influjo de la literatura y la vocación artística reunidas por la “perfección técnica”: “Siempre hay que buscar la perfección técnica, es decir, escribir de tal forma que el lector no se aburra leyendo, que no se quiera ir de la página y que no le sobren páginas al libro. Para poder escribir bien hay que borrar mucho, es decir, hay que aprender a borrar. Hemingway habló del shit detector cuando explicó que ‘el don más esencial para todo buen escritor es tener incorporado un detector de mierda’ para saber qué sobra en los textos. No se puede escribir bien si no eres un gran lector porque se trataría de ser un farsante. No hay genios súbitos, hay trabajadores natos y de ahí nace la perfección técnica. En “Los entremeses” de Cervantes o “El Quijote” son obras contienen una belleza impresionante en sus páginas porque detrás ha habido oficio y mirada”.

La claridad, agudeza y belleza son algunos de los mimbres del sentimiento de Karina Sainz como novelista, unas virtudes que han llevado a internacionalizar la “La hija de la española” con la misma velocidad con que la sangre fluye por las venas. El texto se había vendido ya en 22 países antes de su publicación: “Cada país va a leer la novela de diferente manera porque entenderá una carga simbólica distinta por su sensibilidad cultural. Por ejemplo, en Italia, Portugal o España, donde tanta gente emigró desde esos países al Caribe o Latinoamérica, tendrán una relación más cercana que la que pueda tener un alemán. El editor de Gallimard me dijo que los alemanes habían leído mi novela en clave de holocausto y a mí me sorprendió pero tengo claro que las personas siempre encuentran una nueva capa de sentidos”. En ese sentido, Karina Sainz expresa que hay suficientes lecturas para que los lectores se sientan identificados con su historia: “La persona que es huérfana va a sentir el dolor de no sentir madre o, el que está exiliado, va a sentir el dolor de no tener una patria. Además, Adelaida Falcón no se reconoce en la sociedad en la vive porque es excesivamente violenta, desprecia el conocimiento y el progreso. Es una lectura de fondo, política pero no excesivamente politizada, con el sentido de los ciudadanos, de la pertenencia y del hacer conjunto”.

Bajo el sol de media tarde se desarrolló la entrevista en la terraza de un bar valenciano. La luz mediterránea abrazaba el misterio y la esencia de las palabras de Karina y la conversación fluyó de una manera sincera hasta que un impulso remoto nos llevó a hablar del periodismo actual, de la pátina irónica y poética del articulismo español y las influencias de Hemingway, Josep Pla o Chaves Nogales en la “La hija de la española”, unos capítulos que contienen esa literatura seria, profunda y de ideas que identifica a la verdadera filosofía porque hace pensar: “En los años 30, Chaves Nogales escribía unos textos que no soñaba hacer Hemingway ni el propio Orwell años después. Encontrarme con ese tipo de autores fue como alimentarme”. Sobre el escritor sevillano exiliado en Londres, Karina asegura que lo que más le llama la atención es su capacidad para asumir voces ajenas “desde ‘A sangre y fuego’, en el que cuenta los dos bandos con la misma complejidad porque sabía ponerse en el pellejo de quien estaba en la guerra, hasta el famoso “Juan Belmonte, matador de toros”, una obra contada técnicamente muy perfecta”. A la conversación llega el recuerdo de los autores catalanes Josep Pla y Juan Marse, dos maestros para la periodista venezolana: “Ese Marse con su libro de perfiles, titulado “Señoras y señores”, sobre las radiografías de políticos, es genial. De Pla me encantan sus crónicas parlamentarias pero “Viaje en autobús” me pareció la forma más sencilla de contar toda la costa brava porque sus letras tienen mucha música. Pla, a veces, me parece mejor que el maestro Hemingway porque el periodista estadounidense contaba cosas que ya tenía él en su cabeza y Pla, cada vez que escribía, descubría un mundo. Creo que a Paco Umbral y Julio Camba también hay que recuperarlos”.

En los columnistas actuales, como David Gistau, Manuel Jabois o el propio Lucas, Karina también se fija porque “el columnismo en España es la gran cantera literaria y leerlos es un aprendizaje constante. Ahí reafirmo mis convicciones de que cuando los periodista cuentan algo, deben hacerlo con la misma perfección técnica siempre, independientemente de que sea periodismo o literatura. Hay un escritor argentino, Tomás Eloy Martínez, que tiene una novela muy famosa que se llama “Santa Evita” pero fue un enorme periodista y decía que él descreía de los periodistas que escribían desaliñadamente y sin cuidado las notas del día a día y a la noche se convertían en novelistas porque había algo que no cuadraba. Creo que el buen escritor siempre lo será en papel de periódico o de libro”, concluye.