Nacho Cardero: “Soy un ferviente defensor de los periodistas y del periodismo, pero estamos viviendo una época donde hemos perdido la confianza y la credibilidad de muchos de nuestros lectores”

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Información: Rocío Muñoz / Imágenes: Editorial Espasa

Nacho Cardero, director de ‘El Confidencial’ ha presentado su segundo libro, ‘Aquello que dábamos por bueno’. Una historia personal que recorre los últimos tres años vividos por la sociedad española. Una obra en la que el periodista aporta reflexiones y experiencias, tanto propias como de distintas personalidades, en un libro en el que se repasan hitos desde el inicio de la pandemia pasando por Filomena hasta las distintas crisis económicas que afectan, actualmente, a España.

En las primeras páginas del libro afirma que no es un ensayo ni una novela basada en hechos reales y que tampoco es un diario ni una autobiografía. Realmente, ¿qué es?

La verdad es que todo aquel que se enfrenta al libro le cuesta etiquetarlo, y para mi, esa es una de sus maravillas. Creo que no es un libro inclasificable y eso no tiene por qué ser malo. Yo lo que quiero crear es una atmósfera y es esta la que, a lo largo de las páginas, va envolviendo al lector hasta tal punto que se identifica con él mismo. ‘Aquello que dábamos por bueno’ tiene un poco de todo, pero, más que otra cosa es un grito, un fuerte golpe encima de la mesa. Y, el hablar de las grandes columnas que se han derrumbado en la sociedad a través de la experiencia personal, lo hacen distinto y creo que es lo que hace que el lector se sienta bastante identificado con las páginas del libro.

Usted cuenta que realmente los textos no los escribía para que fuesen publicados. ¿Cuál es el momento en el que decide que va a reunirlos y va a publicar este libro?

Fue, básicamente, una necesidad, una especie de catarsis y casi como una obligación. Salió por sí solo, sin preverlo. En algún momento necesité contar todas estas notas que fui apuntando, que me estaban hablando, querían ser editadas y les di forma. Una inspiración en todo esto fue Prudencio Ilazábal, un pintor expresionista abstracto que realizó una exposición y cuando contaba el origen de esta decía que con estos cuadros quería ir más allá de lo evidente, más allá de la superficie y penetrar en las capas que había detrás de la superficie. A mí todo esto me resultó muy sugestivo, e hice lo mismo, hice visibles estas notas, las hilvané, las edité y las puse negro sobre blanco. Con ‘Aquello que dábamos por bueno’ no quería quedarme en lo evidente, en esas emociones que nos han recorrido el cuerpo durante los últimos años, sino ir un poco más allá.

El libro se titula ‘Aquello que dábamos por bueno’, ¿cómo llega a ese título?

Pues, aunque soy de títulos cortos y este es un título largo, me pareció redondo. El origen del titular es muy curioso porque hablé con la editorial, y en este caso terminé el libro sin titular. Hice justo lo contrario de lo que recomendaban mis periodistas y fue al hablar con la editorial cuando me dijeron que esto era la esencia de este libro, que resume lo que venía haciendo y diciendo durante mucho tiempo. La razón es que estamos dando por buenas cosas que antes no lo eran, y viceversa. De ahí, de esta reflexión, es aquello que damos por bueno y que, sin embargo, de la noche a la mañana, de una forma acelerada, se nos cae encima; como ese techo que después de la tempestad se derrumba.

«Con ‘Aquello que dábamos por bueno’ no quería quedarme en lo evidente, en esas emociones que nos han recorrido el cuerpo durante los últimos años, sino ir un poco más allá»

Acaba de afirmar que damos cosas por buenas. ¿Usted qué da por bueno?

Yo creo en la verdad, y ahora la verdad no existe. Es todo bastante relativo, donde se confunden los hechos con las opiniones y nos intentan hacer ver que estas opiniones son realmente hechos. A partir de esto te das cuenta de que ya no existe la verdad, sino que son medias verdades, y que las medias verdades te conducen al triunfo de la mentira. Incluso el periodismo, esta profesión que para mí es lo más, porque es lo que sirve para contar lo que uno no quiere que cuentes y sirve para vigilar los excesos del resto de poderes, sin embargo, hay una corriente para desestimarlos y para atacarlos, para que vayan perdiendo credibilidad y la confianza de la mente.

Usted en el libro toca temas bastante delicados. ¿Cuál es la reflexión que pretende transmitir al lector con todo lo que dábamos por bueno?

Hay un resumen que es lo que quiero, es una especie de perfume de olor que se percibe a lo largo de todo el libro, y es lo que quiero que quede al final de este. Es verdad que el inicio es un tanto gris, duro, porque hemos vivido tiempos duros, pero el final es optimista. Se han sucedido una serie de cambios que, por la rapidez con la que se suceden y por la profundidad de los cambios, hemos sido incapaces de asimilar y nuestro pequeño cerebro humano es incapaz de asimilar tantos cambios tan seguidos y de tal profundidad. Lo que tenemos que hacer es abrazar la incertidumbre, aceptar estos cambios y darlos por buenos, porque nuestra sociedad en la actualidad no es ni mejor ni peor que la pasada, es distinta, simplemente ha cambiado.

¿Qué implica que muera la verdad?

Que muera la verdad significa que todo es vaporoso, que todo deja de ser real y que triunfa el relativismo, y es cuando triunfa este cuando hablamos de que el fin justifica los medios. Vivimos en un mundo polarizado en todos los niveles; varias guerras muy recientes que nos interpelan con el tiempo y es esto lo que nos interpela como sociedad y como democracias. ¿En qué grado nosotros, como periodistas, hemos participado en ello? Al final, yo soy un ferviente defensor de los periodistas y del periodismo, pero estamos viviendo una época donde hemos perdido la confianza y la credibilidad de muchos de nuestros lectores. Pero también, cabe destacar, que los periodistas y los periódicos hemos incurrido en pequeños pecados que también denuncio en el libro.

Hablando más sobre la profesión periodística, ¿qué es lo que debe tener un buen periodista?

En un mundo donde todo va tan rápido y donde las nuevas tecnologías van cambiando a la velocidad de la luz, se debe saber que el periodismo es una profesión muy sacrificada, pero que también es el mejor oficio del mundo. Un periodista debe ser curioso, se debe interesa por todo, preguntar y querer saber es fundamental.  Y después en este mundo cambiante, una de las cosas más importantes es el poder de adaptación a entornos desconocidos, fluctuantes, pues tienes que ser útil, flexible, para que tu mente se adapte a escenarios que hoy será uno y mañana será el contrario.

«En un mundo donde todo va tan rápido y donde las nuevas tecnologías van cambiando a la velocidad de la luz, se debe saber que el periodismo es una profesión muy sacrificada, pero que también es el mejor oficio del mundo»

¿Cuál es verdaderamente la misión y el papel que debe desempeñar el periodista?

Es, básicamente, lo que te hablaba antes del periodismo intencional del servicio al ciudadano y cómo servimos nosotros a la sociedad, además de cómo sirve un periódico a la sociedad, que, en todo caso, es ejerciendo un periodismo de calidad libre e independiente. Todo ello, se consigue estableciendo puentes entre la realidad y nuestros lectores como meros intermediarios. Lógicamente, en esta labor de intermediación no basta con describir, sino tienes que ir más allá de la superficie. El periodista debe descodificar la realidad, mostrar la realidad como es para darle las claves al lector de lo que está pasando.

Hoy en día que cualquier persona puede publicar información en las redes sociales, ¿hace más difícil encontrar la verdad y la buena información?

Pues sí. Lo que pasa es que también creo que este es un proceso en el que nos hemos dado cuenta de que esta selva mediática en la que hemos vivido los últimos años no ha sido buena para nadie. Han surgido temas que tenían algo de señal, de contenido, pero también mucho ruido y mucha intoxicación. Con ello, creo que hemos tomado conciencia de todo, ya sea de los medios de comunicación, las plataformas, las redes sociales, para que esta proliferación de fake news o de medias verdades en las autopistas de la información cada vez vaya a menos. Ahí creo que ha habido una mayor concienciación para privilegiar la información de calidad y de las grandes cabeceras frente a otro tipo de información que tiene intereses totalmente sensacionalistas.

Hablaba de la información de calidad, hoy en día, la mayoría de las personas se informan prácticamente mediante las redes sociales. ¿Qué piensa que debe tener un buen periódico para contener a sus lectores?

La forma en que tenemos de contener a nuestros lectores es siendo libres, independientes y ofreciendo información que muchas veces son exclusivas. Nosotros hemos dado grandes exclusivas. En ‘El Confidencial’, al final, lo que hacemos es describir un poco más allá dando grandes exclusivas y esto significa no posicionarnos de un lado de unos u otros. De este modo logramos que el lector se fidelice, ya que sabe que vamos a dar la mejor información posible y que vamos a publicar en nuestra página web una amplia diversidad de opiniones plurales y diversas, pero que le vamos a decir lo que tiene que pensar, sino que sea este mismo el que decida y el que saque sus propias conclusiones.