“Los jóvenes tienen juicio crítico y al final son los que deciden»

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Silvia Palomino / CAV 4º

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Pedro García Aguado en su visita a la universidad / Foto: CEU

La Universidad CEU Cardenal Herrera, inmersa en  los microeventos del 25 aniversario de la titulación de Publicidad y Relaciones Públicas, contó con la asistencia de uno de los rostros más conocidos del panorama televisivo español, Pedro García Aguado. El  ex jugador de waterporlo es un hombre renovado que tras tocar fondo víctima de las adicciones se supera cada día dando consejos a aquellos jóvenes que no ven con claridad su porvenir.

Pregunta. En el programa de Hermano Mayor se encuentra con situaciones cuando menos muy embarazosas para usted, para los padres de los chicos y también para los que ven el programa, ¿cómo se vive desde dentro esos momentos?

Respuesta. Te diría que estoy tan acostumbrado a vivir esas situaciones desde dentro que ya las veo casi hasta normales. Mucha gente se asusta cuando contamos esas cosas de la realidad con tanta normalidad. Para nosotros las situaciones que aparecen en Hermano Mayor, como sabemos de donde vienen, no nos violentan. Entonces, como conocemos el origen sabemos qué cosas hay que decirles y cómo hay que tratarles. Pero claro, para la gente externa, toda esa violencia en el ámbito del hogar, todos esos comportamientos antisociales suelen ser muy espectaculares y por otra parte también generan mucha rabia. De hecho mucha gente quita hasta la tele, pero en mi caso creo que estoy acostumbrado a ver esas cosas.

P.  Risto Mejide le hizo una entrevista donde actuó él de “Hermano Mayor” con usted. ¿Cómo fue la experiencia?

R. No fue como un “Hermano Mayor”, ya que él no  me dio muchas pautas, pero si que me dejó hablar en un clima propicio para que salieran muchos sentimientos que tenía ocultos. La sensación fue dura porque no es agradable para nadie una serie de acontecimientos desagradables que habían pasado en mi vida, pero al mismo tiempo fue liberadora, porque no todo el mundo te deja hacer una entrevista así. Mucha gente quiere que conteste rápido a sus preguntas y ya está. Él hizo tres o cuatro preguntas y yo le conté, porque tenía ganas de contar.

P. Usted participa en  unas jornadas sobre drogodependencias donde se quiere concienciar a la gente de que las drogas no son el camino adecuado, ¿qué opina sobre este tipo de acciones? ¿Qué efectos pueden tener entre los jóvenes?

R. Creo que está muy bien decirle a los jóvenes cosas, pero los jóvenes tienen un juicio crítico y ellos al final deciden si quieren o no entrar en contacto con las drogas. Lo que si está muy bien con este tipo de jornadas es poner cada cosa en su sitio y lo que se le puede decir a un joven que no tiene muy claro si el alcohol es un droga o no es una droga, como me ha pasado a mí, qué tipo de consecuencias puede tener consumir alccohol, fumar marihuana, etc. Lo mejor es poder ponerle sobre la mesa un abanico de historias. Yo solo les vengo a contar mi historia, no les vengo a moralizar si lo que hacen está bien o mal. Yo vengo a decirles “yo hice esto y lo otro porque pensaba así”, pero después de hacerlo porque tenía estas creencias lo que he aprendido ha sido porque he mejorado. Es positivo que los jóvenes y no tan jóvenes tengan información de los riesgos a los que se exponen en el momento en el que decidan consumir dichas sustancias.

P. Se necesita un trabajo previo para que estos niños, que después son adolescentes no lleguen a ese mundo, ¿qué pueden hacer los padres para que eso no ocurra? ¿Qué consejo les puede dar?

R. Educar, educar y educar. Cuando digo educar tres veces, para mi significa: potenciarles la autoestima, es decir, si en algún momento tienen que decidir si toman o no, porque tienen la presión del grupo, que se quieran lo suficiente y tengan un alto concepto de sí mismo para decir “oye, si no me apetece tomar no voy a tomar porque no quiero, y si me quedo solo en mi casa porque en mi grupo han decidido eso es lo que hacen, pues a lo mejor los dejo y cambio de grupo”. Educar significa también aceptar las limitaciones que tenemos cada uno y aceptarse cómo somos. Si yo no me gusto, no me quiero y no me respeto, voy a intentar a través de las drogas, que para eso están la mayoría de ellas, ser diferente para ser aceptado. Si en el colegio no voy bien, a lo mejor necesito ir bien en la calle para que me respeten, ya que en el colegio tengo un sentimiento de que soy inútil y de que no sirvo para nada. Quizá con la gente de mi barrio de mi zona, me siento aceptado por lo que diga o haga cuando estoy en esa situación. Por lo tanto el alcohol y las drogas desinhiben, por lo que estas sustancias hacen que te sientas y actúes de una manera que no eres.
Y lo tercero que nuestros hijos el día de mañana sepan valerse por sí mismos, es decir, que no sean dependientes. Durante un tiempo, un hijo es dependiente de sus padres porque no puede valerse por sí mismo, pero a cierta edad ya puede hacerlo. Pero si yo le incapacito para llevarlo a cabo, si le hago sentir el centro del universo, no le pongo límites nunca, no le enseño a manejar, ni a tolerar la frustración, seguramente a la primera adversidad, como no va a saber manejar la situación y se va a sentir tan mal, va a utilizar eso para anestesiarse y poder sentirse mejor, aunque lo que realmente está haciendo es meterse en una situación dificil de salir.

P. Actualmente, ¿practica algo de waterpolo?

R. Verlo por la tele. Sobre todo el de chicas ya que los chicos son unos paquetes y ultimamente no ganan nada.

P. ¿Qué recuerdos tiene de las Olimpiadas de Barcelona 92 y las de Atlanta del 96?

R. Hace poco vi la semifinal de Barcelona 92 y “buah”. Lo que pasa es que éramos un equipo muy novato en finales y por eso la perdimos. De la de Atlanta, sobre todo la semifinal y la final, me acuerdo muchísimo más porque fue muy intensa. Íbamos perdiendo y empezamos así la otra vez y dijimos, “ya se repite la historia, con los croatas” y nos íbamos al segundo puesto. Pero me acuerdo que Jesús Rollán cerró la portería y nos llevó a todos para adelante. Al final yo creo que esas finales me han enseñado mucho inconscientemente, no sabría ponerle nombre, pero me han enseñado mucho tanto la que perdimos, como la que finalmente ganamos.

P. ¿Su vida ha estado marcada por los éxitos y los fracasos?

R. Constantemente, pero no solo mi vida, sino la vida de todo el mundo y lo mejor es saber darle la lectura adecuada, tanto a los éxitos como a los fracasos. Éxito y fracaso pueden llegar a ser grandes impostores, eso me lo enseñó a mi Maribel Martínez, una jugadora de hockey hierba de la selección que ganó en el 92 y que ya no volvieron a ganar nunca otra competición. Pasé del éxito al fracaso y luego al éxito otra vez. Cuando fracasas siempre hay la posibilidad de darle la vuelta de nuevo a todo.

P. ¿Eso es saber levantarse cuando uno cae?

R. Así es. Caerse es muy importante para tomar conciencia de lo que has hecho para llegar a ese punto, pero no menos importante es el hecho de levantarse y la forma de hacerlo. No todos sabemos hacerlo de la misma forma, cada uno tenemos una manera diferente de asimilar las cosas, pero tenemos que ser fuertes y saber que si queremos, podemos hacerlo. Siempre.

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