Elena Regadera: “El estilismo habla por nosotros y es algo que integramos como una parte más de nuestro ser”

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Informa: Diego González / Imágenes: Archivo

La estilista de moda Elena Regadera estudió Diseño Industrial en la Universidad Politécnica de Valencia. Sin embargo, pronto descubrió que su carrera carecía de algo fundamental: el elemento humano. En busca de su verdadera vocación se marchó a Italia para realizar un Erasmus especializado en la moda; pero no fue hasta que descubrió el mundo del estilismo cuando todo encajó en ella. Esta pasión le llevó a Madrid, donde trabajó detrás de las cámaras durante 15 años como jefa de vestuario de series tan reconocidas como Amar es para siempre o El secreto de puente viejo. En la actualidad, ha cambiado los platós de televisión por las personas reales, aunque admite no haber perdido la curiosidad por el mundo de la ficción.

Elena, estudiaste Diseño industrial en Valencia, ¿qué propicia el giro hacia el campo de la Moda y el Estilismo?

Siempre me ha apasionado dibujar, el diseño y todo lo que tiene que ver con la belleza. Empecé estudiando en la Universidad Politécnica de Valencia, pero pronto me di cuenta de que al Diseño industrial le faltaba el elemento humano. El etilismo fue un ‘clic’ instantáneo en mi vida, pues unía mis dos pasiones: las personas y la belleza estética. Cuando conocí la profesión, sentí que aquello me enriquecía más, por la parte sociológica y creativa que conllevaba. Como estilista, hay un papel de psicología con cada persona: estudias a las personas antes de vestirlas y comprendes que no somos maniquíes, sino personas que nos movemos en un entorno y que queremos transmitir ciertos mensajes, mostrarnos al mundo de una determinada manera.

¿Cómo se puede aplicar de la asesoría de imagen al ámbito profesional?

La imagen no es solo renovar armarios y shopping. Se trata de crear una actitud que permita comunicar el mensaje que deseamos. Incluso la manera de movernos y hablar; todo va acompañado de un estilismo. El estilismo habla por nosotros y es algo que integramos como una parte más de nuestro ser. Por ello, personal shopper es solo una parte de mi trabajo: es la última fase, la pieza clave. Antes de la irnos de compras, debemos centrarnos en trabajar el autoconocimiento, analizar armario y realizar varias sesiones de asesoría de imagen. Llevo toda la vida escogiendo vestuarios para personajes, por lo que tengo mucha facilidad para escoger los looks; pero me gusta enseñar que la profesión no se queda únicamente en lo superficial. 

Has sido jefa de vestuario en series, tan reconocidas, como El Secreto de Puente Viejo o Amar es para siempre. En series ambientadas en una época concreta, ¿el vestuario debe ser siempre fiel a la misma o hay lugar para la interpretación personal?

No depende del género, sino del proyecto. El director o la productora ejecutiva te informan desde el primer momento si este exige rigurosidad o se inclina hacia la fantasía y la creatividad. Para series de época como Isabel (2012), ambientada en el siglo XV, debemos ceñirnos con rigurosidad total al vestuario del momento. Por otro lado, encontramos series como Bridgerton (2020), que optan por añadir elementos fantásticos a la interpretación del vestuario de época. Luego, existe un lugar para la interpretación personal, incluso en aquellos proyectos que exigen de rigurosidad histórica. Las temporadas de Amar es para siempre (2013) están ambientadas en diferentes épocas: los años sesenta, setenta, ochenta… Teníamos que basarnos en la España costumbrista del momento, pero había algunos personajes que, dentro de la rigurosidad, teníamos vía libre para aplicar a su vestuario elementos más propios del género fantástico.

“Transmitir detalles positivos mediante el estilismo ayuda a reforzar la autoestima y sentirse mejor con una mismo”

Elena, ¿qué te ha impulsado a cambiar a los actores por personas reales?

No sucedió de la noche a la mañana, fue más bien una evolución. Durante muchos años estuve centrada en la ficción, por lo que las personas que vestía eran únicamente actores y estaba ceñida a un guion. Más tarde, me di cuenta de que quería conectar con personas reales, poner en alza el poder del estilismo fuera de los guiones. Además, vitalmente, el cuerpo me pedía un nuevo ritmo diferente al de la televisión que tiene unos horarios muy absorbentes y, al final, se acaban convirtiendo en tu vida. La pandemia supuso un punto de inflexión, tenía nuevos objetivos y hacer ese cambio me permitía compaginarlos. Ahora, sin embargo, no descarto volver de nuevo a la ficción, pero en un proyecto más corto: me está picando el gusanillo de nuevo.

¿Existen normas en el estilismo?

Me considero una persona muy abierta. Aunque aconsejo a las personas en función de sus proporciones más favorecedoras, siempre procuro recordarles que no abandonen su estilo personal. La creatividad y la personalidad de cada persona también influyen en su estilismo. Por supuesto que existen reglas genéricas sobre colorimetría y para diferentes siluetas que analizo y observo si les favorecen o no, pero igualmente contemplo cómo reflejar la personalidad de cada uno en su vestuario: no se puede renunciar a algo que forma parte de ti, que habla sobre ti.

¿Cómo puede influir el estilismo en nuestro estado de ánimo?

Cuando vestimos algo que nos favorece recibimos mensajes positivos por parte nuestro entorno, por lo que nuestra autoestima se refuerza. Tampoco debemos depender de la opinión de los demás, pero puede ayudar si nos sentimos identificados y cómodos con un estilo en concreto. Hace que te muevas diferente, que cambie tu manera de hablar, que te sientas más empoderada o empoderado… te gusta lo que llevas y te identifica. Transmitir detalles positivos mediante el estilismo ayuda a reforzar la autoestima y sentirse mejor con una mismo. Por el contrario, cuando la ropa no se ve bien en nosotros, al final acabamos vistiendo para pasar desapercibidos. Si no conseguimos aprovechar nuestras proporciones, el vestir acaba convirtiéndose en motivo de estrés. Conseguir que el estilismo sea la vía para sentirse cómodo, que te identifique y que los demás lo aprecien en ti, es el objetivo principal; observas un cambio directamente proporcional a tu felicidad.

Las grandes producciones audiovisuales requieren una renovación de vestuario constante. En estos casos, ¿es posible aplicar un estilismo sostenible?

Siempre he intentado tomar decisiones sostenibles. En televisión gastábamos un gran presupuesto en compras que solo se usaban una vez. Todos me preguntaban qué haríamos después con toda la ropa que habíamos adquirido y, como jefa de vestuario, se me ocurrió acudir a empresas de alquiler de vestuario. En Peris Costumes, por ejemplo, tienen naves industriales con ropa contemporánea y de todas las décadas. Se dedican a ofrecer un servicio de rotación de vestuario, por lo que ese presupuesto que se asignaba a ropa de usar y tirar, ahora se invertía en circular el vestuario sin tener que caer en compras de un solo uso. De esta forma, adquieres la ropa por el tiempo que necesites y, cuando acabas, esta vuelve a los almacenes para que otros estilistas puedan utilizarla para sus producciones. Además, los directores no están interesados en que la ropa parezca nueva; al contrario, buscan que la ropa parezca vivida.

Y, ahora, como asesora de marca personal, ¿qué ha cambiado?

Mi función es que el cliente conecte con aquello que quiere proyectar. La labor previa de autoconocimiento con el cliente es imprescindible para poder adquirir un conocimiento aplicable a la fase de renovación de armario. Se trata de concienciar que debemos aprovechar al máximo aquello que ya tenemos, pues, muchas veces, al pensar en una renovación, creemos que todo debe desecharse. Mediante estas fases previas podemos racionalizar la limpieza: si hay cosas que podemos reciclar o rediseñar, por ejemplo, mediante el upcycling; o también aquello que podamos donar. Por último, cuando tengamos que comprar, debemos plantearnos qué medios existen: si comprar de primera mano como inversión o, si es posible, recurrir a la segunda mano.

“La responsabilidad de los estilistas también es aplicar la sostenibilidad en nuestro trabajo”

En la práctica, ¿cómo podemos aplicar esto al día a día?

A la hora de comprar de primera mano intento, en la medida de lo posible, invertir en las marcas más sostenibles. También soy muy partidaria de apoyar el comercio local; de hecho, en el barrio de las Letras de Madrid y en el barrio del Carmen de Valencia ya me conocen. Cuando recurrimos a grandes marcas debe ser para hacer una inversión en prendas útiles a largo plazo. Y, de nuevo, siempre podemos recurrir a la rotación de vestuario mediante aplicaciones como Ecodicta, que tiene una suscripción mensual que permite tomar prestadas 5 prendas al mes. Quizá de primeras es algo muy novedoso para mis clientas pero, poco a poco, se van introduciendo en este mundo. La responsabilidad de los estilistas también es aplicar la sostenibilidad en nuestro trabajo.

¿Te han dado alguna vez algún consejo que te haya marcado?

“Nunca te arrepentirás de lo que no has contado”. Este es el consejo que me dio mi padre al inicio de mi carrera en Madrid, y por el cual me sigo rigiendo. En mi trabajo, la virtud de la discreción en los proyectos es fundamental, ya sea en televisión o con clientes. Al final, trabajamos con personas, por lo que en las sesiones de estilismo se destapan muchas emociones, y se tienen que quedar entre bastidores. La discreción en el ámbito profesional es fundamental.