“De la risa al compromiso”: Cómo los hermanos Sepuls dejaron TikTok para ayudar en la DANA de Valencia

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Xavi y Pau, hermanos Sepuls

Una información de Inma Vilar

Cuando las lluvias torrenciales golpearon con fuerza, el 29 de octubre de 2024, la Comunitat Valenciana, miles de personas vieron cómo sus hogares, negocios y calles quedaban bajo el agua. Entre ellas, amigos y conocidos de Xavi, estudiante en Catarroja, una de las zonas más castigadas. Él y su hermano Pau, más conocidos como los hermanos Sepuls en TikTok, no dudaron en actuar. En cuanto la situación lo permitió, se desplazaron como voluntarios a ayudar, sin cámaras ni guion, solo con la intención de estar donde hacía falta.

En su caso, la decisión de intervenir no vino desde el contenido, sino desde el compromiso personal. A pesar de contar con una comunidad consolidada en redes sociales no pensaron en grabar ni publicar nada. Solo cuando varias personas cercanas les pidieron que aprovecharan su alcance para informar, subieron un único vídeo mostrando lo que estaba ocurriendo, sin efectos, sin humor, sin filtros. “Lo hicimos porque nos lo pidieron, porque había gente que necesitaba visibilidad, pero no teníamos intención de hacer nada viral. Fue un contenido puramente informativo y respetuoso, dejamos el humor a un lado”.

Lejos de la cámara, pasaron varios días colaborando como voluntarios en diferentes puntos afectados. Recibían mensajes de seguidores que les pedían ayuda para difundir necesidades urgentes, y ellos intentaban canalizar esa información en la medida de sus posibilidades. Sin embargo, no convirtieron su canal en un altavoz sistemático ni en una plataforma de actualización constante. Prefirieron centrarse en ayudar de primera mano día a día, en estar presentes, en aportar directamente.

“No estábamos pendientes de seguidores, No era momento de pensar en eso, Solo queríamos ayudar”

Su principal preocupación era no cruzar líneas. Les angustiaba la posibilidad de que alguien interpretara su vídeo como una forma de aprovecharse de la situación. “Teníamos miedo de parecer oportunistas. Por eso, antes de subirlo, lo hablamos con amigos, con la gente que lo estaba pasando mal. Queríamos asegurarnos de que era útil, de que tenía sentido”. Las respuestas fueron positivas. La comunidad les agradeció el gesto, especialmente en los primeros días, cuando la información escaseaba y abundaban los bulos. Aun así, no continuaron publicando. Durante ese periodo, dejaron su contenido habitual de humor completamente apartado. “Valencia no estaba para humor”, aseguran. Aunque sí que les rondó la duda de si la gente necesitaría algo de humor para sobrellevar la situación.

Los hermanos Sepuls reconocen que no notaron un aumento de alcance durante esos días. No lo buscaron. Apenas entraban al canal. Sus redes, por una vez, quedaron en segundo plano. “No estábamos pendientes de seguidores. No era momento de pensar en eso. Solo queríamos ayudar”.

A pesar de no haber recibido llamadas de medios ni de autoridades, fueron muchos los ciudadanos anónimos que les contactaron para pedirles ayuda con pequeñas causas: recaudar fondos para negocios destruidos, conseguir juguetes, visibilizar necesidades básicas. Ellos compartieron lo que pudieron, cuando lo creyeron necesario, y sin darle más protagonismo del que merecía. “Nos convertimos, en cierto modo, en una herramienta. Pero sin forzarlo, sin buscarlo. Nuestro foco fue estar allí, colaborar”.

La experiencia les dejó huella. Les dolió ver lo que había pasado, pero también les emocionó la respuesta colectiva. “Lo que más me marcó fue ver cómo la gente se volcó. Era como si, de repente, todo el mundo hubiese recordado que somos humanos. Que cuando hay que estar, se está”.

Reflexionan también sobre la etiqueta de “influencer” y lo que implica en momentos así. No se sienten cómodos con ese término, pero sí creen que tener una comunidad conlleva una responsabilidad. “Hay que ser muy cuidadoso con lo que se comunica, y en momentos de emergencia, más aún. A veces, con una simple historia puedes ayudar mucho”.

Para ellos, el aprendizaje fue doble. Por un lado, constataron la capacidad que tienen las redes para movilizar y sensibilizar. Por otro, entendieron que no siempre hay que exponerse para ayudar. Que muchas veces, lo que hace falta es estar. Y estar de verdad. Sin necesidad de demostrarlo.

Ahora, con su canal en crecimiento y su contenido más definido, ven aquella etapa como un punto de inflexión. “Si hubiera pasado ahora, quizás lo habríamos gestionado de otra forma, con más recursos, más rapidez. Muchas veces no ayudábamos más por vergüenza de preguntar. Aun así, hicimos lo que supimos y pudimos hacer en ese momento”.

La suya no fue una historia de viralidad, ni una campaña organizada. Fue una decisión sencilla: dejar de hacer reír para ponerse a ayudar. Renunciar a los focos cuando más brillaban. Cambiar el contenido por el compromiso. Y demostrar, sin grandes gestos, que cuando las cosas se ponen feas, también desde las redes se puede ayudar.