Una información de Patricia Calvo
La Academia Élite, situada en la calle Ausiàs March número 25 de Catarroja, fue una de las muchas empresas afectadas por la DANA del pasado 29 de octubre de 2024. Esa misma tarde, la familia propietaria de la academia de repaso se encontraba dentro del bajo junto con algunos de sus alumnos en el momento en el que se desbordó el barraco del Poyo. Las clases se llenaron de barro.
La primera semana, en diciembre, fue extraña para todos. Con el paso de los días, la situación se ha ido normalizando, explica Marien Guillem, profesora y dueña de Élite. Aunque no siempre en la misma medida: «Los alumnos del instituto público de Catarroja -explica- se han enfrentado al cambio de los temarios, al estar reubicados en otros centros».
La vuelta a las clases ha tenido lugar de forma progresiva dada la falta de materiales y la necesidad de reponer lo que se llevó la riada. Aunque la mayoría del alumnado ha podido retomar las clases de inglés o repaso, muchos otros han dejado la escuela, forzados por la obligación de mudarse a vivir a otro lugar tras la pérdida de su hogar.

Una noche de terror
Los dueños de la academia no fueron conscientes de lo que estaba sucediendo cuando se desbordó el barranco, ya que llevaban en clase desde las 15 horas, y la academia estaba llena de alumnos. No fue hasta las 18:40 cuando un vecino les avisó de que el barranco estaba a punto de desbordarse. Tras el aviso, desalojaron a todos los alumnos y enviaron a casa a los profesores.
“Yo estaba confiada en que aquí no iba a entrar agua y les decía a los niños que no se preocuparan porque yo viví la otra barrancada y aquí no pasó nada porque esta es una de las zonas altas de Catarroja”, comentaba Encarna Sandemetrio, fundadora de la Academia Élite, que también se encontraba en el bajo la tarde de la riada junto a su marido, hija, yerno y nietos.

La familia permaneció en la academia. Allí vieron regresar a tres alumnos que no pudieron volver a casa: “Empezó a pasar agua por la calle y bajamos las persianas pensando que eso frenaría al agua y no entraría, pero acabó entrando por las dos puertas”, recordaba Marien.
En el bajo quedaron atrapadas nueve personas que empezaron a pedir ayuda a los vecinos de alrededor. No sabían hasta que nivel subiría el agua. Con la ayuda de los vecinos y una escalera extensible, subieron, mediante resbalones a causa de la lluvia, y pasaron por la medianera del patio interior hasta llegar a casa del vecino en el primer piso.
La rehabilitación de la academia
La familia pudo ver desde la casa de un vecino cómo el agua llegó a un metro y medio inundando la academia. Sin embargo, tardaron cinco días en poder acceder al local, ya que los coches y las cañas que habían taponado la calle y bloqueaban las puertas de acceso: “No me dio tiempo a pensar mucho porque era un poco de película y no sabía como íbamos a reaccionar y qué pasos íbamos a seguir”, confiesa Marien, una vez superado el drama. “Gracias a los voluntarios, amigos y algunos alumnos que vinieron a ayudar -añade-, pudimos hacerlo todo más o menos rápido. En diciembre ya estábamos en marcha de nuevo”.

El reinicio de las clases no significa que el centro opere al cien por cien. El aula de informática, por ejemplo, está pendiente de la restauración de programas informáticos. El material en papel de hace años, como pruebas de acceso, también se ha perdido.





