Marc Betriu: “En las guerras todos son víctimas, incluso los que intervienen: son víctimas de su propio bando, de la inercia de la guerra”

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Informa: Laura Fargueta y Zhanzhi Chen

Nos situamos en el año 1937. En los inicios de la Guerra Civil, el bando nacional y el republicano empezaron a desarrollar aparatos de inteligencia y de propaganda en una lucha cada vez más compleja y sucia. Esta es la premisa sobre la que parte Al otro lado, novela con la que debuta Marc Betriu: una ficción que entremezcla aventuras y espionaje, todo acompañado de una atmósfera oscura y envolvente que evoca al mejor cine negro. El multidisciplinar Betriu es abogado y guionista, aunque también ha trabajado como periodista en la televisión local de Lleida. En 2013, fue finalista del premio Julio Alejandro de guion, organizado anualmente por la SGAE. EL ROTATIVO ha tenido la oportunidad de charlar con el autor sobre su nueva novela, publicada bajo el sello de Espasa.

¿Cómo surge la primera idea para Al otro lado?

Escribo desde siempre, pero esta vez quería iniciar un proyecto de más entidad, construir una novela completa con todos los requisitos. Puestos a buscar un tema, tenía mucho interés por las novelas de aventuras y de espías, y delante de la página en blanco era un tema que me apetecía. La Guerra Civil es un contexto muy bueno para desarrollar situaciones de ficción y de drama, por lo que me pareció una buena idea ubicarlo en esa época. Es un período del que tenemos muchas referencias, ya que está todavía presente de muchas maneras. En ese contexto, ideé una historia de espías y fui tirando de hilos para construir una aventura.

La Guerra Civil es todavía un tema muy sensible para los españoles, ya que supuso un trauma colectivo. ¿No le daba miedo enfrentarse a un tema tan complejo?

La Guerra Civil es un tema que siempre está presente. Incluso hoy en día, parece que se quiere sacar políticamente algunos rendimientos. Yo no he hecho una novela política en ningún sentido: es una novela de aventuras, el decorado es ese, porque es un decorado que da para mucho, que permite situar a los personajes en un contexto de velocidad emocional y de vértigo. Eso es muy interesante para crear novelas de aventuras y construir personajes que emocionalmente están sometidos a mucha tensión. Creo que el espectador comprende que el tema de la Guerra Civil es un decorado, es el contexto. Es una historia que podría ocurrir en otras guerras, porque no hay una posición política de ningún tipo. Es el fondo y no tiene otra función: facilita las cosas dramáticamente y permite recrear un período que la gente todavía tiene presente en el ideario en cuanto al atrezo y el espacio, en cuanto a cómo era la España de esa época al margen de la cuestión política.

La documentación es una de las fases más arduas a la hora de escribir una novela histórica. ¿Cómo fue en su caso este proceso?

La novela, evidentemente, tiene un trabajo de documentación imprescindible. Lo que yo hice fue partir de hechos reales para desarrollar luego la ficción. Los días en los que transcurre la acción tienen un timing que se ajusta a la realidad, a los hechos que ocurrieron durante la Guerra Civil. Por ejemplo, se hace referencia al bombardeo de Guernica y a la situación de San Sebastián y de Tarragona. Todo eso está situado temporalmente en concordancia con lo que pasó en realidad. La labor de documentación tampoco fue muy profunda, ya que no es una novela histórica que desarrolla todos los detalles de los hechos o del atrezo que hay alrededor, pero sí que hay alguna pincelada.

“Todos tenemos nuestro pasado y eso nos condiciona y nos convierte en quienes somos, perfila nuestra manera de ser”

Se dice que en una guerra no hay buenos ni malos, solo víctimas y verdugos. ¿Cree que Mastreta y Frederika, los protagonistas de su novela, son víctimas o verdugos?

Son personajes que tienen claroscuros. En algunos momentos se les quiere forzar en el rol de verdugos, pero en realidad son víctimas. En las guerras todos son víctimas, incluso los que intervienen: son víctimas de su propio bando, de la inercia de la guerra. De alguna manera, ellos pierden la identidad y llega un momento que incluso eso se muestra como un tema importante en la novela, esa voluntad de no dejar de ser ellos, de ser individuos, de existir como individuos.

San Sebastián, Hendaya, Tarragona… Son muchos los lugares que los protagonistas visitan a lo largo de la novela. ¿Conoce estas ciudades de primera mano?

Conozco mucho Tarragona: mi mujer es de allí y tengo familia. Es una ciudad que, además, geográfica y temporalmente era adecuada, sobre todo por su puerto. La novela arranca en un puerto con un personaje que llega en barco. Era el lugar perfecto. San Sebastián es una ciudad que he visitado varias veces y que también tenía un interés geográfico y temporal, porque la ciudad, en ese momento, en abril de 1937, es una zona de retaguardia de la zona nacional, donde se infiltra el protagonista de la novela. Es una zona ya pacificada, pero un caldo de cultivo de personajes desplazados, espías, etc., porque está muy cerca de Francia.

Mastreta es un hombre atormentado por un pasado oscuro. ¿Hasta qué punto cree que el pasado nos define?

Todos tenemos nuestro pasado y eso nos condiciona y nos convierte en quienes somos, perfila nuestra manera de ser. Prácticamente todos los personajes de esta novela tienen heridas muy profundas, lo que se revela en su forma de ser. Por ejemplo, Mastreta es un personaje que tiene una parte muy oscura porque le han pasado unas cosas en el pasado que le han llevado a tener un punto temerario en la vida, a ser una persona que a veces improvisa y que casi disfruta del riesgo. Creo que a todos nos condicionan las cosas que nos han pasado en la vida, a veces para bien y a veces para mal.

“Creo que a todos nos condicionan las cosas que nos han pasado en la vida, a veces para bien y a veces para mal”

Usted ha estudiado cine y ha trabajado durante años como guionista. ¿En qué se diferencia el proceso de escritura de un guion del de una novela?

Quizás el guion está poco valorado como una expresión literaria, pero el guion no deja de ser una descripción del espacio y de las acciones, además de los diálogos; mientras que la novela permite liberarte más y dejarte ir desde un punto de vista poético. Puedes hacer un análisis interno de las emociones de los personajes. Eso en un guion no se puede realizar, se tiene que expresar con acciones y diálogos.

¿Qué próximos proyectos podemos esperar de Marc Betriu?

Ahora mismo ya tengo algunas ideas en la cabeza. Estos personajes me han acompañado durante mucho tiempo, así que, ahora que ya he acabado la novela, me ha quedado un vacío y los echo en falta. A los que nos gusta contar historias no podemos parar, es una cosa autónoma. Enseguida, la cabeza ya te está buscando otros personajes, otras historias, así que ya tengo algunas ideas en la cabeza.