Elías Durán de Porras es doctor en Ciencias de la Información, es hombre CEU. Estudió, en la San Pablo de Madrid, Periodismo.
Del pupitre, y en tan sólo quince años, pasó a la tarima y posteriormente fue nombrado, primero, vicedecano y, a continuación, decano. Lleva cuatro años al frente de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación.
Sus antecedentes familiares son fundamentalmente médicos y militares. Pero su vocación más clara es la de escribir historietas.
Ha trabajado en El País, en la agencia de noticias EFE, en Radio Nacional, en la agencia de noticias Servimedia. Es padre y, en este momento, tiene un “hijo y medio”.


-¿Cómo es posible ser de Madrid, vivir en Valencia y ser del Barça?

Y tener sangre jerezana… Yo creo que eso muestra un poco cómo es mi carácter. Siempre he sido una persona a la que le ha gustado moverse. Tengo familia y amigos repartidos por todo el mundo, no es broma. Podría decirse que me siento madrileño por una parte, andaluz también y cada vez más valenciano. En definitiva, español. Sin ganas de molestar, oiga.

-¿Y lo de ser del Barça?

(Risas) Siempre me ha gustado el buen fútbol.

-Para este año: ¿Liga y Champion?

Me quedo con que el Barcelona siga jugando en la liga española (risas). Pero si jugara la suya, seguiría siendo del Barça…

-¿Te inclinas más por la Historia o por el Periodismo?

Mi campo de investigación une los dos ámbitos porque están estrechamente relacionados. Es imposible pretender entender la actualidad si no se intenta comprender el pasado. Ese es uno de los grandes problemas que tenemos hoy, y no sólo en España.

-Es evidente que el Periodismo atraviesa una de las transformaciones más radicales de su historia. En tu opinión, ¿quién marca más, Gutenberg o Bill Gates?

Yo apostaría por Bill Gates, pero no nos olvidemos de que es sólo un canal. La profesión periodística (en realidad toda la sociedad) está estrechamente unida a la tecnología. El periodismo hoy intenta buscar su nuevo sitio y lo encontrará, no me cabe duda. Lo que no podemos es intentar vivir con el concepto de periodismo de hace 20 años.

-Recientemente hemos tenido ocasión de ver en directo cómo Felix Baumgatrner saltaba desde los 39.000 metros. You Tube concentraba a 8 millones de personas para ver las primeras imágenes. Y en España TVE reunía a 4,5 que lo presenciaban en directo. Anteriormente, el 16 de enero de 1991, el mundo asistió a la primera guerra retransmitida en directo por televisión, la de Irak. ¿Esto no es la revolución mediática?

Son buenos ejemplos. Pienso que siempre se han dado, más o menos, a lo largo de nuestra historia, si bien ahora los canales de información se han disparado, y también las audiencias. Desde siempre la gente, en mayor o menor medida, se ha agolpado en tertulias, mentideros, estaciones de trenes, kioscos, oficinas de correos-telégrafos, radios, etc., para saber qué ocurría en el mundo, pues entendían que todo les afectaba. Hemos cambiado, sin duda. Antes la escritura tenía más fuerza que la imagen, pero el proceso es el mismo.

Lo que no me gusta de los últimos tiempos es la delgada línea que separa la información del espectáculo, del periodista-actor… Ya lo avisó Julio Camba hace mucho tiempo en un artículo que se llamaba “El periodismo americano”. También me preocupa la falta de lectura de “peso”, esencial en todo tipo de formación intelectual. No podemos, creo, vivir sólo con imágenes.

-Del pasquín o la pintada hemos pasado al Twitter …

A mí lo del Twitter me recuerda un poco a eso de la “generación light”… Me entero y no me entero, como cuando comes algo “Diet”. Esta “información de guerrilla”, por eso que dicen del “marketing de guerrilla”, tiene mucho de narcisista (como el Facebook, otro síntoma de los tiempos), propaganda, desinformación o información “light”. Son “flashes”. Supongo que se están imponiendo a los medios tradicionales porque son percibidos como sitios plurales o menos politizados (y me refiero al servicio de un partido). Eso es preocupante.

En muchos países se sorprenden  por el grado de politización de los periodistas españoles. Entiendo que eso se debe a que durante la Transición la prensa marcó muchas veces la agenda o tuvo un papel muy protagonista en el desarrollo de nuestras libertades. ¿Qué ocurre ahora? El periodista está huérfano, ya no es la pieza clave entre la información y la audiencia. Pero la gente sigue haciendo lo de siempre, sigue a sus referentes; antes en una columna de un periódico, y ahora en el  Twitter… Hay que recuperar ese espacio con buen periodismo. Pero los periodistas debemos reflexionar.

-¿Mejor la pluma o la tiza?

La tiza, sin lugar a dudas. Cuando entré en el aula descubrí ese espacio maravilloso que sólo había conocido como alumno. Y con mucho respeto. Es lo mejor de nuestro trabajo universitario. Los alumnos son nuestra razón de ser. Cuando voy a clase siempre digo en broma que voy al SPA, porque es donde mejor se está, compartiendo conocimientos y exigiéndote día a día. Cada alumno es un reto.

-El Rotativo, con una tirada de 45.000 ejemplares, ¿te sirve para quitarte el gusanillo del Periodismo?

Me ha enseñado otras cosas. En la Universidad, aparte del aula, existen unos espacios donde el profesor convive con el alumno y casi se establecen relaciones familiares. Me ha aportado madurez personal-profesional  y me ha enseñado lo que debería ser un buen profesor: alguien que ayuda al alumno a superarse día a día para que esté listo el día que tenga que tomar decisiones vitales. Sacando lo mejor de cada alumno, demostrándole que tiene mucha mayor capacidad de la que cree. Yo no llego a tanto pero lo intento. Y muchas veces me toca hacer de “poli malo”.

-Seguimos con la eterna canción que se dice en la tertulieta familiar. ¿Es cierto que los alumnos salían antes mejor preparados que ahora?

No son ni mejores ni peores, sino distintos. Creo que la Universidad en general todavía no ha asumido a su nueva “audiencia”, como le pasa al periodismo. El último salto generacional ha sido exponencial. Tenemos a chavales completamente metidos en la tecnología que están siendo enseñados por profesores para los que las nuevas tecnologías han sido solo una parte de su vida. Y lo que tenemos que hacer es recuperar el sentido de la Universidad. Si los alumnos ven la Universidad sólo como un lugar para lograr un título que les acredite para desempeñar una profesión, mal nos irá.

-¿Pero tienen peor formación humanística?

No es su culpa. La sociedad los está alejando de esas disciplinas porque quiere cuanto antes formar buenos profesionales en vez de personas. A eso los dirigimos, y no nos damos cuenta de que una cosa está unida a la otra, en mi opinión. También hay que hacer examen de conciencia y analizar si las humanidades no interesan a los alumnos porque no se enseñan como debieran o porque no las enseñan quienes debieran.

No olvidemos tampoco el hecho de que se ha hecho mucha política con ellas. A mí eso de de reducir los espacios geográficos y vitales y enseñar para superar un examen o pensar de una manera me parece un crimen. También me espantan los discursos derrotistas de los docentes (vienen muy mal, qué podemos hacer, no es nuestra culpa,  etc.). Quizás nuestro reto sea volver a “enamorarlos” con las humanidades y que luego sean ellos los que busquen…

-¿Cuál es tu mayor satisfacción como decano?

Ver que en la Facultad hay mucha vida.

-¿Y como profesor?

La satisfacción la dan los años. Cuando un ex alumno te escribe un correo cariñoso, te pregunta por un libro, te para por la calle, te cuenta su vida, te pide consejo…

-¿Tu sueño dorado para ti y para el CEU?

Que el CEU siga siendo el CEU. Que siga siendo entendido como algo más que una Universidad en todos los sentidos, como una comunidad, como casi una familia. Que siga siendo sólida y que siga cambiando la vida de los alumnos y de los profesores.

Voy a contar una experiencia personal. Yo llegué a Madrid con 10 años. Por aquel entonces supongo que quería ser médico o militar, como casi toda mi familia.  Por entonces vivía en la Ciudad de los Periodistas, concretamente en la avenida Cardenal Herrera Oria. Cursé los años que me quedaban de EGB en un colegio que se llamaba también Cardenal Herrera Oria. Luego, en otro momento de mi vida en que estaba bastante despistado como casi todos los jóvenes, acabé estudiando Periodismo en la Universidad San Pablo CEU. Y en otro momento de mi vida  apareció la Universidad CEU Cardenal Herrera. La vida es un misterio y yo no creo mucho en las casualidades. Claro, esto lo ves a la larga. Mi sueño es ver que mi trayectoria profesional o laboral ha estado estrechamente unida a mi trayectoria humana o personal. No las entiendo como dos “compartimentos estancos”.

-Terminamos con la pregunta tópica de cualquier entrevista realizada a un periodista: ¿Cuál es el titular que te gustaría escribir?

Mejor el que no me gustaría leer, el de mi obituario.

Entrevista Luis María Mirón a Elías Durán CEU-UCH