• Javier Molina, profesor de Fisioterapia del CEU en Elche, y experto en el tratamiento de pacientes mediante técnicas de termografía, reconoce las ventajas de su uso en la detección de posibles casos de COVID-19, pero advierte de que hay factores que pueden afectar a la fiabilidad de las mediciones
Javier Molina durante una de las sesiones online con sus alumnos

Con motivo de la pandemia del coronavirus, la aparición de noticias en diversos medios de comunicación del uso de aparatos de termografía para medir la temperatura de las personas en el acceso a recintos, como aeropuertos, colegios o supermercados, ha puesto en valor esta técnica que lleva utilizándose en distintos campos, más allá del sanitario. Javier Molina, profesor del grado de Fisioterapia y en el título de Experto en neuromodulación percutánea y técnicas invasivas, del CEU de Elche, trabaja desde hace tiempo en diversas líneas de investigación centradas en termografía aplicada, el análisis de imagen ecográfica mediante matrices de co-ocurrencia (GLCM) y cuantificación de la señal doppler. Para este experto Universitario en Prevención y Readaptación físico-deportiva, que trabaja entre otros, en CHP Hauteville-Lompnes, hospital referente franco-suizo en traumatología deportiva de atletas de élite, la termografía puede ayudar, y mucho, en la lucha contra el COVID-19, pero “hay que ser cautos y conocer las limitaciones”, como les indica a sus alumnos cuando abordan en clase el análisis del paciente mediante técnicas de termografía.

En estos últimos meses y debido al COVID-19, ha adquirido protagonismo el empleo de cámaras termográficas para la detección de temperatura elevada en masas. ¿Por qué esta tecnología?

La termografía es una técnica de imagen que mide captar la radiación infrarroja de la superficie de los cuerpos, y esta información la traduce en temperatura, y nos permite seleccionar zonas concretas de un cuerpo y conocer su temperatura. Además, nos ofrece una imagen con un mapa de colores relacionados con la temperatura, de esta forma nos aporta una información cualitativa de la temperatura a tiempo real.  Si este concepto lo trasladamos al ámbito clínico, nos permite obtener información sobre algunas alteraciones o patologías que cursan con unos patrones térmicos determinados.

En la actualidad, Javier y otros profesores del CEU están utilizando esta técnica en sus investigaciones

Aparte de en la detección de temperatura alta en masas, ¿en qué otros campos se aplica esta técnica de imagen?

Esta tecnología es ampliamente utilizada en muchos aspectos de la ciencia y la vida cotidiana como, por ejemplo, en temas militares, en los cuerpos de defensa, los bomberos e incluso en temas de seguridad. En el ámbito industrial se emplea para controlar diferentes procesos de fabricación. En estos últimos años también ha despuntado en arquitectura, donde la termografía ayuda a evaluar la calidad del aislamiento como medida de eficiencia energética.

En el ámbito sanitario, que es el que nos ocupa, esta herramienta está cada vez más presente en una larga lista de ramas sanitarias como entre otras, la neurología, la dermatología, la traumatología, la oftalmología o la anestesiología. Básicamente, la termografía se ha incorporado para facilitar el diagnóstico de enfermedades, el control de tratamientos y también en muchos aspectos de la investigación clínica.

¿Por qué se utilizan estas cámaras y no otros sistemas de medición de temperatura como los clásicos termómetros?

La termografía presenta una serie de ventajas frente a otros sistemas de detección de temperatura, por ejemplo, es una técnica que mide la temperatura sin contacto y a distancia, y este aspecto es claramente una enorme ventaja en esta pandemia. Otra de las ventajas a considerar, es que puede detectar una temperatura elevada en todos los cuerpos que aparecen captados en pantalla y en tiempo real, lo que aporta dinamismo y rapidez en la medición de un tránsito importante de personas.

Pero, ¿estas mediciones son fiables?

El empleo de la termografía es fiable siempre y cuando nos ajustemos a los estándares propuestos. Tenemos que tener en consideración que esta técnica de imagen se ve influenciada por diversos factores, ya sean ambientales, propios de los sujetos que estamos explorando o factores que pertenecen a los propios instrumentos de medición. Os pongo algunos ejemplos, una temperatura inadecuada de la sala donde se realiza la medición, la presencia de calefacción o aire acondicionado o la ingesta de sustancias estimulantes como por ejemplo el café o ciertos fármacos, pueden alterar los datos.

Para minimizar estos factores de influencia, empleamos diferentes guías o protocolos estandarizados que, en cierta medida, nos guían durante el proceso de medición. Evidentemente, algunos de estos factores no podemos controlarlos fuera de un ámbito clínico. Me refiero, por ejemplo, a la entrada masiva de personas en la entrada de un metro, por lo que tendremos que ser cautos, conocer las limitaciones y basarnos en los muchos estudios disponibles sobre este tema.

En el departamento de Fisioterapia de la Universidad CEU Cardenal Herrera de Elche lleváis tiempo utilizando esta tecnología. ¿Sobre qué aspectos os centráis?

Principalmente la utilizamos en el ámbito de la investigación en fisioterapia. Hemos trabajado en la metodología de aplicación de esta técnica de imagen, para adaptarla mejor al contexto clínico. También la hemos utilizado en la monitorización de la respuesta neurovascular cutánea de algunas técnicas de fisioterapia. Actualmente la estamos utilizando, junto a otras técnicas como el análisis del movimiento, a la prevención de lesiones en danza. Este proyecto liderado por el Dr. José Miguel Soria y en el que nos hacemos partícipes otros profesores del departamento de fisioterapia como Jesús Sánchez, Cristina Orts, José Botella, Cristina Salar, Sergio Montero y Elena María Esteve, se encuentra en estos momentos pausado debido a la situación de alarma, pero esperamos pronto volver a retomarlo. Tenemos un departamento inquieto y que no deja de explorar nuevas herramientas, y lo más importante, es que finalmente, todas estas inquietudes y conocimiento generado se transfieran a nuestros alumnos.

Javier Molina, profesor de Fisioterapia en el CEU de Elche