• Carmen Díez, profesora de Magisterio, candidata al premio Educa Abanca 2020 al mejor docente de España, apela a reconocer la «docencia» y «valorar» para que no se pierda la esencia de lo que es la Universidad como espacio de diálogo, de encuentro y de apertura al cambio
Para Carmen Díez, la pasión del docente es esencial para la formación de los futuros maestros

A la docente de los grados de Educación Infantil y Primaria del CEU de Elche, Carmen Díez, por segundo año consecutivo, sus alumnos y alumnas la han seleccionado como candidata al premio Educa Abanca 2020 al mejor docente de España. Como aseguran los organizadores de estos prestigiosos premios, conocidos como los «Goya de la Educación», la iniciativa busca realzar “la figura del buen docente y tienen como característica principal que ningún profesor se puede presentar individualmente, deben ser sus alumnos quienes lo propongan”, atendiendo a su calidad docente, su praxis, el trato con el alumnado, y la preocupación por el futuro de sus alumnos.

¿Qué crees que aprecian tus estudiantes para valorarte de esa manera? Debe ser un orgullo que sean ellos los que valoran tu capacidad y cualificación.

Cuando me nominaron el curso pasado me pregunté con asombro, ¡por qué yo!, ¡por qué yo podría optar a una nominación nacional!, poco a poco empecé a observar la alegría de los alumnos, compañeros, amigos y familiares ante la nominación así que decidí que sería una gran oportunidad para hablar de lo que me mueve, de lo que me hace fluir y me llena de vida, la docencia e investigación en Psicología y Educación. Este año me volví a asombrar más si cabe ante el doble confinamiento que he vivido. Estábamos inmersos en la pandemia COVID mientras estaba creciendo en mi interior mi pequeño. Debo confesar Fernando que me hace muy feliz sentir el afecto, cariño y dedicación de los alumnos ya que estoy muy AGRADECIDA a todos los alumnos que he tenido la suerte de conocer dentro y fuera de las aulas. Ya que estamos así te diré algo más, que soy un poquito «cabezota» o como se dice en mi tierra leonesa «cazurrina» que significa «que logra sus propósitos» y este ingrediente junto a mi alegría y positividad hacen que sienta la docencia como parte de mi vida.

Ya son 15 años impartiendo docencia en la Universidad y antes de la Universidad tuve la suerte de ejercer en un centro de menores, impartir docencia en un grupo de Primaria y en Secundaria en un grupo de «riesgo social». De todas las situaciones vividas en mi experiencia profesional he aprendido que debemos cuidar el «valor de la familia» ya que promueve e incentiva el cambio y la «adaptación sana de los alumnos» ante esos cambios. En el centro de menores supervisé casos de rechazo entre hermanos, chantajes entre los padres, maltrato hacia los hijos, entre la pareja, etc., y muchas de estas situaciones las estoy volviendo a observar en el Programa de Salud EmocionaTFamilia. Estamos regresando a las iniciativas de «no poner límites», sin ser conscientes de que estamos generando y potenciando sendas «necesidades sustitutivas» en su crianza, con lo que ello implica. De hecho, la pandemia nos ha pillado y sorprendido con sendos límites difusos que han llevado a muchas situaciones de estrés familiar. Si a todos esto, le sumamos el «miedo hacia lo que no controlamos», esto ha desencadenado más frustración y aflicción ante el mundo externo. Cuando nos sentimos presionados buscamos un alivio y estos «alivios» en un mundo «sin límites» y/o con «límites difusos» pueden desencadenar la pérdida de la referencia como «persona». He comentado, anteriormente, que soy positiva por naturaleza y, por ello, considero que podemos aprender de lo que estamos viviendo, aún con la pandemia incluida. Ese cambio es posible si comenzamos a «mirar dentro» y huimos de la «indefensión hacia causas externas».

¿Es este un premio que se debe entregar, o acaso no va implícito en un docente que su trabajo de formación del alumnado sea siempre tendente a la excelencia?

Cuando hablamos de cine, se entiende que todo el cine debe ser de calidad, sus actores, las escenas, la música, etc. De hecho, estoy convencida de que sus creadores dedican muchas más horas a su diseño que a la puesta en escena. Después, el público elige la que más le agrada, le resulta especial, le motiva más o simplemente le hizo pensar y pasar un buen rato. Todo ello hace que se hable más de «cine», y se potencie el «buen cine». Considero que estos premios pretenden que se hable más de «Educación» y se potencie más la «buena Educación». Ciertamente, en la Universidad tenemos la suerte de tener alumnos que estudian la carrera que les gusta y están deseando aprender. Así que, cuando ven la «pasión del docente» por lo que imparte, comienzan a sentirse más cómodos en las aulas y van despertando más si cabe su inquietud por el conocimiento. En las clases suelo comenzar con la lectura de un buen libro que, pudiendo resultar en estos tiempos poco innovador, consigue que una parte de mis alumnos adquieran la obra, otros escriban unas líneas de la misma y otros  reflexionen sobre sus palabras., y debo decir que mis alumnos siguen viniendo a clase hasta incluso los que han aprobado otros cursos. ¿Por qué menciono este hecho? Porque ser profesor lleva implícito el estudio, como la propia piel del docente.

Durante su intervención en Orienta 2018, presentando el proyecto formativo EmocionaT

¿Cómo gestionas tu tiempo para dedicarlo a tu hijo recién nacido, tu labor del Programa de salud EmocionaT-Familia y la docencia?

Jeje, creo que no me he parado a pensarlo… Si tuviera que dar un consejo, diría que cuando nos «quitamos el reloj» hace que sea más ligera y plena la vida. Siempre he perdido muchos relojes, y no es broma, hasta que decidí no llevarlo, así que pueden probarlo. Mi pequeño Llorenç vino sin reloj y sin avisar, de hecho, me avisó a los tres meses. El programa de Salud EmocionaTFamilia llegó gracias a mis alumnos, ya que me demandaron apoyo ante la apertura de un centro de atención a las diferentes capacidades, etc. Como comentaba anteriormente, todo ello «sin reloj y con mucha ilusión», y gracias a ello llegó a mi vida la Asociación IntegraTEACadot y la red voluntariado, que crece como una gran familia entre las que se encuentran un grupo de mis alumnas de la Universidad.

¿Cuáles son las características, según tu opinión, que debe reunir un docente universitario?

Un docente de Universidad debe reconocer la «Educación» para encontrar así espacios para reflexionar, para el estudio, para la ciencia y para desarrollar el «ser maestro». La Universidad, en general, se encuentra inmersa en procesos de acreditación, gestión, plazas, trasformación digital etc., y todo ello no debe ir en detrimento de la «buena Educación». Se debe reconocer la «docencia» y «valorar» para que no se pierda la esencia de lo que es la Universidad como espacio de diálogo, de encuentro y de apertura al cambio. Cuando animo a mis alumnos a desarrollar el «pensamiento crítico», ante las informaciones recibidas o cuestiones analizada en el aula, en las primeras clases observo un silencio en el aula que se va rompiendo cuando toman consciencia del valor del «estudio» y de la «escucha». Por ello, si potenciamos estos valores conseguiremos contagiarles y que dicho contagio lo potencien en sus vidas y en sus futuros alumnos, cuando tengan la maravillosa oportunidad de hacerlo.

¿Qué recomendaciones puedes darles a tus alumnos de los grados de Educación Infantil y Primaria, que en breve serán maestros y estarán formando también ellos a niños y niñas?

Les recomendaría que sean honestos con ellos mismos, sobre todo, y con lo que les rodea. Así proyectarán mejor sus ilusiones, sus pasiones, sus sueños y lo más mágico de todo es que les contagiarán hacia una adecuada actitud y aptitud que será fundamental para la formación de sus vidas. Les diría además que llegaran a clase con una buena «sonrisa». Este pequeño gesto les ayudará a encauzar su día a día con más ilusión, si cabe. Y si además, añaden la receta de la gratitud, la escucha, la entrega a su clase «sin reloj» y el sentido del humor… dispondrán de sendos ingredientes para la mejor receta de su vida.

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