Rafael Benítez: “El emigrante aporta una enorme riqueza cultural al nuevo país al que llega”

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El secretario técnico de CEIMIGRA imparte clases sobre ciudadanía para inmigrantes

Rafael Benítez, secretario técnico de CEIMIGRA / Foto: M. Hernández
Rafael Benítez, secretario técnico de CEIMIGRA / Foto: M. Hernández

Rafael adora la ciudad. Llegó en el año 2000 desde El Salvador con un grupo de compañeros para hacer un posgrado. Su idea era quedarse en España durante el curso académico y marcharse a su país después, pero los planes cambiaron. Se enamoró. Ella era una preciosa filóloga valenciana de cabellos pelirrojos y ojos verdes. Él, un moreno salvadoreño licenciado en Derecho con una amplia trayectoria profesional y con ganas de formarse más. Primero se marcharon a El Salvador, donde tuvieron un hijo. Y, en 2007, regresaron con el pequeño y se instalaron aquí, en Llíria. Ambos se consideran emigrantes y ambos coinciden en que, como dice Rafael, el emigrante, vaya al país que vaya, se enriquece y, a la vez, “aporta una enorme riqueza cultural”.

Rafael lo puede constatar. Desde su puesto de secretario técnico del Centro de Estudios para la Integración Social y Formación de Inmigrantes de Valencia (CEIMIGRA), imparte clases sobre valores y ciudadanía a los inmigrantes que acuden el centro y es consciente de que éstos se enriquecen porque aprenden el idioma, los valores y la cultura española pero también, como él, aportan aspectos propios de sus países de origen, como sus costumbres, sus tradiciones e, incluso, “sus recetas culinarias”.

Pero el hecho de ser emigrante conlleva también otros aspectos que no son tan positivos. Uno es el desarraigo, esa amarga soledad que se siente cuando uno está lejos, a miles de kilómetros de los suyos. Rafael se queja en voz alta: “Desgraciadamente las políticas de gestión de las migraciones han sido obstaculizadas en España por una serie de leyes injustas e ineficaces que no han permitido la normalización de la vida de los inmigrantes en la sociedad”. “Si las cosas se hicieran bien, se buscaría regularizar la situación de una persona, independientemente de su origen”, subraya.

Emigración y prejuicios

El prejuicio es otro de los aspectos negativos que, en ocasiones, sufre el emigrante. El también Doctor en Derechos Humanos por la Universidad Carlos III de Madrid, cuenta que con la actual coyuntura económica, en España se han incrementado los prejuicios hacia los inmigrantes. “Se trata de creaciones mentales que parten de una falacia de principio y que se generalizan”, afirma. “En muchas ocasiones se nos ve solamente como mano de obra barata y se dice de nosotros que venimos a quitar el trabajo o la sanidad a los españoles y no es cierto”, apunta.

Los medios de comunicación tienen su parte de responsabilidad en la conformación de las ideas que sobre los emigrantes se forman en la sociedad. Porque, como argumenta Rafael Benítez, “uno va leyendo en los periódicos cosas como ‘la marabunta’ o ‘la masa’ de inmigrantes o se nos vincula con invasiones y todo eso son formas peyorativas que se alejan de la realidad”. Y subraya: “Los inmigrantes no somos ni cosas ni animales ni invasores sino que somos personas que lo único que buscamos es un futuro mejor para nosotros y para nuestras familias”. “Echo en falta información contrastada basada en fuentes oficiales y sin generalidades”, recalca Benítez.

Pese a todo, los hay que deciden quedarse. Concretamente, en Valencia, según datos aportados por Benítez, el perfil de inmigrantes actuales que acude a la fundación CEIMIGRA responde aproximadamente a un 56% de mujeres frente a un 44% de hombres, la mayoría con estudios de Secundaria, Bachillerato e, incluso, universitarios. La gran mayoría están plenamente integrados en la sociedad y trabajan en condiciones bastante duras en tareas del hogar, el cuidado de ancianos y la hostelería. Muchos no tienen trabajo y, como cuenta el responsable de CEIMIGRA, “eso les obliga a debatirse entre quedarse aquí aguantando la crisis en condiciones difíciles o volver a sus países con el estigma del fracasado, del perdedor”.

Pero el caso de Rafael es distinto porque no responde a la imagen del inmigrante que se tiene en general. Él ha podido desarrollarse profesionalmente en Valencia con un trabajo acorde a sus estudios, incluso ha podido cursar varios posgrados y convertirse en Doctor en Derechos Humanos por una universidad madrileña. “Se piensa del inmigrante que es el pobre, el marginado, pero el inmigrante que llega aquí no es el más pobre de los pobres porque es el que ha podido salir”, dice Rafael. “Vengo de una vida dura y mi experiencia profesional con españoles ha sido y es tremendamente enriquecedora”, asegura.

Rafael Benítez, secretario técnico de CEIMIGRA / Foto: M. Hernández
Rafael Benítez, secretario técnico de CEIMIGRA / Foto: M. Hernández

Ahora es él el que ve emigrar. Desde hace unos años contempla un fenómeno en el que muchos españoles, principalmente jóvenes formados, se marchan, emigran a otros países en busca de un futuro laboral mejor. Rafael lo observa con comprensión y con sumo respeto. Él sabe bien qué es eso. No los etiqueta ni los critica y tampoco piensa que vayan a quitarles el trabajo y la sanidad a las personas del país al que llegan. Rafael sólo espera que les reciban bien y que les ofrezcan un trabajo a la altura de su formación.

La emigración española en cifras

Y es que son muchos los españoles que han emigrado desde el inicio de la crisis económica española. En este sentido, según Censo Electoral de Españoles Residentes en el Exterior (CERA), en enero de 2008, el total de españoles residentes en el extranjero era de 1.201.433. A fecha del pasado 30 de noviembre de 2013 la cifra acumulada asciende a 1.692.131. Es decir, se han marchado un total de 490.698 españoles durante la actual coyuntura económica. Y lo han hecho principalmente a Francia, donde hay una cantidad acumulada de 183.780 españoles, Alemania (95.973), Suiza (80.677), EE.UU. (80.505), Reino Unido (62.468) y Bélgica (40.476), entre otros.

España, el país que más población pierde por la emigración

Además, según cifras recientes de la oficina de estadística de la Unión Europea, EUROSTAT, España es el país que más población pierde por la emigración y por la crisis, siendo el número de emigrantes superior al de inmigrantes en 162.000 personas. “Eso empobrece a los países”, comenta Rafael. “El coste económico de la educación de las personas que se marchan la ha asumido el Estado español pero el que se beneficiará será el país receptor. El país de destino se enriquece con personas preparadas que no le ha costado ni un céntimo formar”, explica.

Sin embargo, estos nuevos emigrantes españoles no están mal vistos en su propio país. “Los políticos lo denominan movilidad laboral que es una forma ideológica de encubrir una realidad que es la de aquella persona que no ha encontrado oportunidades y se ha tenido que marchar y renunciar a su familia, sus amigos y su cultura para buscarse la vida como lo han hecho miles de inmigrantes que han llegado a este país”, afirma Rafael. “Y los padres piensan que, más que un fracaso, se trata, sencillamente, de ampliar horizontes, aprender idiomas y tener mayores y mejores oportunidades laborales”, subraya.

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