Personas y ciudades. Trayectorias vitales y destinos.

Por orden alfabético: José Manuel Amiguet, New York (no Nueva York);  Mª José Baselga, Las Antillas Holandesas;  Luis Berenguer, El Peñón de Gibraltar;  Juan Bover,  Jericó;  David Calatayud, Las Palmas de Gran Canaria;  Emilio Callado, Avignon;  Pablo Cuesta, Florencia;  Begoña Echevarría, La Selva Negra;  Jose Mª Espinosa, la Roma clásica; Rafa Fayos, la Imperial Toledo;  Patricia Lorenzo, Nazaret; Vicente Lozano, la isla de Saint Michel (sólo si hay presupuesto, si no Jaca);  Vicente Navarro, París;  Jose Miguel Piquer, Roma, como su maestro;  Carlos Romero, la Atenas de los filósofos; Paco Sánchez, el castillo Dos Mouros de Lisboa y Rosa Visiedo, Venecia.

José Luis Navarro Víllora nos observa desde la atalaya privilegiada de la Secretaría de la ACdP de Valencia. Es Ingeniero Químico Industrial y tiene un punto de hiperactividad (desconozco si lo uno conduce a lo otro). También tiene 36 años, nació en Cuenca,  y en su equipaje vital caben muchas personas del CEU. Le gusta mucho viajar, por eso se ha prestado a jugar a “y si fuera una ciudad”. (Los aludidos pueden consultar directamente a la fuente).

¿Cómo empieza el viaje hasta ocupar la Secretaría de la ACdP de Valencia?

Hace 18 años. Acudí en noviembre de 1995 al Palau de la Música donde se celebraban las conferencias de la Semana Social de España. Coincidí con Vicente Navarro, casi paisano mío (Motilla del Palancar), actualmente Consejero Nacional de la ACdP, y él me invitó a asistir el siguiente jueves a la reunión de la ACdP en la sede de Barón de Cárcer (todavía no estábamos ubicados en el Palacio de Colomina). Desde entonces no he dejado de asistir a casi ninguna actividad. En aquella primera reunión conocí a Abelardo Algora. Como los caminos se entrecruzan de manera inverosímil, Abelardo Algora era miembro del Consejo de Administración de la Refinería BP de Castellón donde trabajo en la actualidad. Desde aquella época y hasta hace poco tiempo, todos los Becarios de Derecho que entraban en la empresa procedían del CEU de Valencia exclusivamente.

Pablo Cuesta y yo, que entramos juntos, tardamos ocho años en alcanzar el estatus de socio activo. Lo conseguimos siendo Secretario Juan Bover. Me avalaron Vicente Navarro (quien me acercó a la ACdP) y Vicente Lozano (Secretario cuando empecé). Nunca daré suficientes gracias a Dios por haber encontrado al grupo tan maravilloso de personas que descubrí entonces.

¿Cómo valoras los cambios en la ACdP en los diez años transcurridos desde tu ingreso como socio activo hasta el día de hoy?

Tiempos turbulentos. Viví los últimos años de la presidencia de Alfonso Coronel de Palma y la transición a Alfredo Dagnino junto con la permanencia de Julián Vara en la Vicepresidencia. Hemos vivido momentos muy difíciles. Las organizaciones son lo que son las personas que las integran, pero cuando quienes las lideran pretenden convertir la institución en un trampolín para un proyecto personal, toda la organización se resiente.

De esa época también podemos extraer una conclusión clara, no se puede ser franciscano y dominico a la vez.  Las obras de la ACdP han de estar dirigidas por sus miembros, no por personas que proceden de otros movimientos con un carisma totalmente respetable pero distinto al nuestro. No podemos permitir que se nos quiera por lo que tenemos, sino por lo que somos.

¿También en Valencia?

También. En Valencia vivimos toda la tensión de que se apartara a Jose Mª Espinosa del Rectorado que de forma natural estoy plenamente convencido, como casi todos los socios, le correspondía. Juan Bover, entonces Secretario, me consta que sufrió lo indecible. Pablo Cuesta, Secretario gran parte de esos años duros, no pudo resistir las tensiones opuestas a las que le sometía tanto Madrid como Valencia. Su dimisión le costó su puesto de trabajo.  En la siguiente etapa estuve “en la más dura oposición”. Los procesos electorales son momentos de gran tensión.

¿También cuando tú sales elegido?

También, pero por otras razones. Mi elección se produce hace un año, el día 23 de febrero de 2012, siendo ya Carlos Romero Presidente. Él es muy respetuoso con los centros. (En el lenguaje ACdP los centros son las Secretarías locales.) En mi caso, tuve muchas dudas personales tras haber sido elegido y antes de ser confirmada mi elección por el Presidente. Un amigo, Juan Bover, socio de la ACdP y en estos momentos Patrono de la Fundación Universitaria San Pablo CEU me ayudó a despejarlas. Le estoy enormemente agradecido por aquella conversación durísima, pero inolvidable.

Cuando finalmente eres confirmado en el Consejo Nacional del 3 de marzo de 2012 ¿te propones un objetivo para “tu mandato”?

Momento de duda. Sí. Bueno, más bien dos. Reactivar sanamente la vida del centro y traer la concordia por el bien de sus miembros y de la Institución; solamente así podremos cumplir con nuestro cometido, hacer llegar la actualidad de nuestro mensaje, de nuestro Ideario, a la sociedad valenciana. No podemos olvidar que cada uno de nosotros individual y colectivamente somos los “Propagandistas” y si en la fuente no recogemos agua limpia y clara difícilmente podremos llevar ese agua a la sociedad.

El otro objetivo es tener las puertas de la ACdP abiertas a todo aquel que quiera acercarse a nosotros, conocernos, acompañarnos. En conciencia no puedo permitir que a nadie le ocurra lo que me ocurrió a mí y a otros muchos, la negativa a pertenecer a un grupo de inspiración cristiana sin ningún motivo y explicación.

Estás en los previos de las IV Jornadas Católicos y Vida Pública ¿puedes darnos razones por las que asistir a este encuentro?

Los temas que tratamos este año nos atañen a todos, confesionales o no. Las respuestas de la Iglesia a la crisis económica y social es un tema de pura sensibilidad social. Las palabras   ”Compromiso, Confianza y Solidaridad” nos entroncan con la más profunda tradición de la ACdP que está en los orígenes fundacionales del Instituto Social Obrero y de la misma Cáritas. Me gustaría generar un espacio donde aproximar nuestro carisma de propagandistas a la sociedad actual, con sus grandes preguntas y las respuestas que podemos ofrecer los católicos. Respuestas que ofrecemos desde la certeza de que nadie es dueño de la verdad.

Hablemos del CEU ahora. ¿Por qué hay tanta distancia entre el CEU y la ACdP?

Ahora no hay duda, sino un gesto serio.

Es nuestra “culpa”. Tratamos de ser muy prudentes para evitar que el Centro sea una manera de acceder o medrar en nuestras obras.

(Un nuevo modismo ACdP, la Universidad Cardenal Herrera y el Colegio CEU San Pablo son sus obras. Por si resulta confusa la respuesta, la traducción al lenguaje CEU sería, tratamos de evitar que entrar en la ACdP se convierta en la garantía de un puesto de trabajo en el CEU.)

Y ¿cómo se ve la UCH desde la ACdP?

(Ninguna pista previa).

Percibo con claridad que es una Universidad diferente. Tengo muchas fuentes de información, familiares, amigos, compañeros cuyos hijos estudian en el CEU. Pregunto. Me cuentan. Y me gusta mucho lo que me cuentan. Los padres se sienten muy satisfechos cuando los profesores se vuelcan con sus hijos. También veo la relación que Vicente Navarro (de nuevo, permanente compañero de viaje) mantiene con sus alumnos y ex alumnos, o lo que me cuenta Pepe Amiguet. Veo un grupo de personas comprometidas con ofrecer una educación de calidad.

Me enseña ahora un pequeño recorte y me pide que lo transcriba. Vale la pena.

SOBRE EL EDUCADOR

En su obra póstuma El primer hombre, Albert Camus escribe: “En las otras clases les enseñaban sin duda muchas cosas, pero un poco como se ceba a un ganso. Les presentaban un alimento ya preparado, rogándoles que tuvieran a bien tragarlo. En la clase del Sr. Germain sentían por primera vez que existían y que eran objeto de la más alta consideración: se les consideraba dignos de descubrir el mundo.

Por ello, el verdadero educador es un agricultor de palabras, un tejedor de expresiones, un provocador de la creatividad y de la fantasía.

Jose Luis sigue mirando al CEU, mientras leo el texto.

Es una Universidad que se asienta sobre unos valores sólidos, los de la ACdP, con más de cien años de historia. La clave está en el acompañamiento que se presta a los alumnos y que nos distingue de otras ofertas universitarias. No sólo nos preocupa la formación académica, sobre todo nos ocupa la formación de las personas que desde cualquier sensibilidad se dejan acompañar por el CEU.

Para ese acompañamiento hacen falta personas como la Rectora, que ha sido una bendición  para la Universidad. Lo demuestra en cada gesto. Rosa respondió a mi comentario sobre una foto publicada en su Facebook (ambos, son muy digitales, no nativos, pero casi) en el que le decía ¡Qué foto más bonita! Ella me respondió son las personas las que son  “preciosas”. Yo lo creo.