• María José Pérez Esteve, alumna de Educación Infantil, relata su experiencia como docente en prácticas en un colegio de Elche, a niños y niñas de 3 a 4 años
  • En estos meses ha aprendido que los maestros son más que una guía o apoyo del aprendizaje del niño, “son sus referentes”

Durante cuatro meses, María José Pérez Esteve, alumna del doble grado de Educación Infantil y Primaria de la UCH-CEU en Elche realizó sus primeras prácticas en un colegio de la localidad. Su vocación: ser maestra. Sin embargo, ella quiso ampliar esas prácticas y, aunque era periodo de exámenes en la carrera, ha seguido, voluntariamente, un par de meses más. “Lo volvería a hacer una y otra vez”, asegura esta joven que también trabaja en programas de voluntariado con jóvenes en Cáritas, en un programa de clases de refuerzo a niños. También, como muchos estudiantes de Magisterio, se cuestiona: ¿Por qué quiero ser maestra?

María José Pérez asegura que ha vivido seis meses de prácticas maravillosos que le han reafirmado en ser maestra

¿Cómo ha sido la experiencia de tus prácticas en el colegio Jesuitinas?

Si tuviera que definirla en una frase sería: la mejor experiencia de mi vida. Quizás suena muy típico o común. Pero es la realidad. Personalmente nunca había experimentado el poder entrar día a día en un mundo totalmente diferente al que tu vives y darte cuenta de que es mucho más puro, mágico, divertido, amable y sincero que el tuyo. Entonces, me siento verdaderamente afortunada de haberlo vivido y disfrutado así.

También puede sonar muy egoísta, pero no entras en ese mundo como un visitante más entras como “LA SEÑO”. Y eso te abre las puertas a vivir literalmente como una reina. Y es que la mayoría del tiempo, las palabras y gestos que recibes de esas personitas son de cariño, admiración y sobre todo mucho amor.

Remarcar que, como alumna de una carrera universitaria, muchas veces es inevitable que surjan dudas. Por que la teoría, rutina, trabajos, entregas, clases online del día a día, no son precisamente una fuente de motivación. Y muchas veces ayudan a plantearte e incluso oscurecer la visión de tu futura profesión.

¿A qué te refieres?

Aunque estoy muy contenta con la universidad CEU, debo decir que en muchas ocasiones he dudado de si había acertado con la carrera que estoy cursando. Pero ahora mismo, después de cinco meses de prácticas (que se dice pronto) tengo una certeza en mi corazón y es que yo he nacido para ser maestra.

El voluntariado como valor personal

Tengo entendido que has ampliado tu experiencia con prácticas voluntarias

El CEU ofrece cuatro meses de prácticas para el alumnado, a diferencia de la UA que ofrece tan solo dos. Pero, además, la posibilidad de hacer prácticas voluntarias una vez acabadas. Y yo decidí hacerlas en el mes de enero y principios de febrero cuando teníamos los exámenes asignados. No fue duro, sino todo lo contrario ir al colegio para mí era como una desconexión y renovación del estudio.

Lo volvería a hacer una y otra vez. Mi tía me dice que si por mí fuera me dejaría la carrera y me pasaría la vida haciendo prácticas voluntarias sin cobrar. Esto me hizo mucha gracia, pero la verdad es que no va mal desencaminada

Concretamente, ¿cuál ha sido tu función durante ese periodo?

La función principal en este periodo es aprender, absorber como una esponja los conocimientos experienciales que te ofrecen las prácticas. Mucha gente se piensa que estamos de apoyo a las tutoras, pero la realidad no es así. Estamos formándonos, por lo que las tutoras tienen, por así decirlo, el doble de trabajo.

Y en tu mano está aprender lo máximo posible y hacerle el trabajo que tiene sobre ti más fácil y ameno. Y una vez has comprendido e interiorizado el funcionamiento del colegio, aula y tutora, ya tienes una participación mucho más notable en el aula.

¿Son las primeras prácticas o ya has hecho otras?

Son mis primeras prácticas académicas o formales por así decirlo. Anteriormente si he interaccionado con niños de diferentes edades en un voluntariado de Cáritas, que tiene un convenio de colaboración con la universidad. Esta experiencia es muy diferente, pues tratas con alumnos con riesgo de exclusión social y te asignan un rol más de profesora particular que de maestra.  Sin embargo, aprendí también muchísimo de esta experiencia y me ayudó a crecer como persona.

Los maestros no son solo guías, son referentes a seguir para los niños y niñas

La formación para ser maestra

¿En qué medida te han servido los conocimientos que recibes en tu carrera de Magisterio?

Pues, como formación personal y profesional, sí me ha servido. Porque yo he notado una maduración, implicación e inquietudes en mí, que antes no tenía o quizá no estaban muy explotadas. Sin embargo, en cuanto a conocimientos sobre la práctica, debo decir que he observado una deficiencia en la estructuración de la carrera.

Por ejemplo, cuestiones básicas y necesarias como formación en primeros auxilios, en episodios como ataques de epilepsia o otras enfermedades. También, en cómo reaccionar ante ellos, el cómo hablar y tratar con los padres, que decir y no decir,… Son cosas que no se tratan o se tratan muy por encima.

¿Qué destacas de la carrera de Magisterio?

Destacaría que necesita de forma urgente una restructuración del currículo, de la selección del alumnado y del profesorado. Es evidente que tiene un peso importantísimo en la sociedad y no puede ser que entre cualquiera y, por consiguiente, salga cualquiera. Porque en sus manos están las personas del futuro que pueden traer esperanza o ruina.

¿Hacia dónde quieres encaminar tu futuro profesional cuando acabes la carrera?

Hoy por hoy en mi cabeza hay dos caminos, ambos abordan la docencia. Pero uno se inclina a la docencia de adultos y otro a la de niños. Me gustaría hacer la carrera de Historia y, quizás un doctorado, para de esta forma poder acceder a casi todo el abanico académico. Sin embargo, las prácticas me han abierto ese otro camino a querer establecerme ya en el mundo laboral y saborear más tempranamente esa felicidad diaria. No sé que acabaré haciendo, me conozco y soy muy ambiciosa y tal vez pueda compaginar ambas. Pero lo que sí que haré es intentar hacerle siempre caso a mi corazón.

Ser maestra es ser un referente

¿Qué papel crees que debe desempeñar un maestro en la educación de niños y niñas?

Ahora está de moda decir que: “el maestro debe asumir el papel de guía o de apoyo del aprendizaje del niño. Y el niño a su vez, debe ser el centro del proceso de enseñanza aprendizaje”. Pero como yo no suelo ser de seguir la moda, en este aspecto tampoco la voy a seguir.

Bajo mi punto de vista, el maestro tiene un papel más importante que el de guía. Y esto no lo digo porque quiera ser yo el centro cuando sea maestra, sino porque mi experiencia como alumna me lo ha demostrado.

He tenido la gran suerte de encontrarme en el camino con maestros y profesores de una excelencia humana y académica increíble que me han ayudado y mostrado a través de ellos la belleza de la vida. Por eso, no puedo aceptar que simplemente hayan sido guías o facilitadores de mi aprendizaje. ¡Han sido mucho más! Ellos han sido el modelo al que aspiro ser y ellos han sido los que me han mostrado a través de su mirada lo que yo no podía ver en mí. Los buenos maestros no son guías, son referentes a seguir.

¿Qué significa ser maestra para ti?

Un maestro debe reunir muchos valores, porque al final, en gran medida, los alumnos aprenden por imitación. Y esos valores que tu transmites, son probablemente los que el niño integre. Por lo que, debe ser una persona honesta, trabajadora, ilusionada con la vida, inquietad, cariñosa, emprendedora y sobre todo con mucha luz interior.

¿Qué aportarías tú, si pudieras en el futuro, a la docencia como maestra?

Yo humildemente, creo que podría aportar actitud, ganas de moverse, de crecer, de aprender, de soñar, de hacer mil proyectos, de equivocarse, pero siguiendo hacia adelante, …

Soy una persona muy curiosa e inquieta y eso se necesita muchísimo en Educación. Porque títulos hay muchos, pero también sabemos que muchos los consiguen y realmente no están marcando la diferencia ni mucho menos la excelencia. Ahora bien, cuando un maestro o maestra tiene actitud, ganas de trabajar y ama lo que hace, revoluciona el colegio entero.

Hay que absorber como una esponja los conocimientos experienciales que te ofrecen las prácticas, asegura
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