La VIII edición del certamen culmina tras varios meses de formación y juicios simulados en los que los jóvenes han aprendido a argumentar, defender pruebas y descubrir si el Derecho está en su futuro



A las puertas de elegir carrera universitaria, muchos estudiantes de Bachillerato se hacen esa pregunta sin tener aún una respuesta clara. Saben, quizá, que el Derecho tiene que ver con leyes, tribunales, defensa y acusación. Intuyen que exige capacidad de análisis, seguridad al hablar y una cierta vocación de servicio. Pero una cosa es imaginarlo y otra muy distinta es vivirlo. Precisamente ahí se sitúa el sentido de la Olimpiada Jurídica de la Universidad CEU Cardenal Herrera, que ayer celebró su VIII edición convirtiendo durante varias horas a decenas de alumnos de la provincia en protagonistas de un juicio simulado.
La iniciativa, organizada por la CEU UCH, ha reunido este curso a estudiantes de Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales procedentes de distintos centros educativos de Alicante, Elche, Elda, Monforte del Cid y Torrevieja. No se trataba solo de competir. Ni siquiera, en realidad, de ganar. El verdadero objetivo ha sido acercar a los jóvenes a la dinámica real de la profesión jurídica antes de iniciar sus estudios universitarios, ayudándoles a descubrir si su vocación puede estar en el mundo de la abogacía.
Fiscales y abogados defensores
A lo largo de estos meses, los participantes han trabajado la construcción de un caso, el análisis de hechos, el valor de las pruebas, la estructura de un alegato y la defensa razonada de una posición. Han asumido papeles opuestos dentro de un mismo conflicto —acusación y defensa, denunciante y denunciado, Ministerio Fiscal y abogado defensor— y han aprendido que el Derecho no se sostiene solo sobre conocimientos teóricos, sino también sobre la lógica, la claridad, la capacidad de persuasión y la solidez de las pruebas. La responsable del Servicio de Orientación Universitaria y coordinadora del evento, Marián Estrada, lo resume así: “La Olimpiada Jurídica organizada por la CEU UCH es una iniciativa educativa consolidada que tiene como objetivo principal despertar el interés y la vocación jurídica entre los jóvenes estudiantes”. Durante varios meses, añade, los participantes han recibido una formación especializada para preparar un caso jurídico desde perspectivas de defensa y acusación, desarrollando competencias clave como la argumentación, la oratoria, el análisis crítico y el trabajo en equipo.
Mucho más que un concurso
La fortaleza de la Olimpiada Jurídica CEU UCH está precisamente en que no se limita a una jornada final. Lo que se vio en sala fue solo la última fase de un recorrido que empezó meses atrás. Desde noviembre, el alumnado participante ha recibido formación específica para comprender cómo se articula un juicio simulado y qué exige cada una de las posiciones enfrentadas.
El programa de la sesión inicial, celebrada el 19 de noviembre de 2025 en la sede de Carmelitas de Elche, incluyó la explicación del caso práctico, conceptos jurídicos básicos, consejos para elaborar los escritos a favor y en contra, criterios de valoración y repaso del desarrollo del proyecto. En esa jornada intervinieron profesoras de la Facultad de Derecho y profesionales vinculados al ámbito jurídico, como Mariola Quesada, María Dolores Cano y Rosa García Vilardell.
A partir de ahí, comenzó un trabajo de fondo que ha dado sentido a toda la Olimpiada. Los estudiantes no han llegado a la final con unas simples notas memorizadas, sino tras haber pasado por una experiencia de inmersión en la lógica jurídica. Durante estos meses, además, profesionales en activo de la abogacía han trabajado con ellos el alegato final que se realiza en un juicio, ayudándoles a entender qué significa sostener una postura con coherencia, anticipar objeciones y convertir un relato en una argumentación jurídicamente convincente.



Aprender a pensar y hablar como un abogado
En esta VIII edición han participado los centros Agustinos Alicante, Newton Alicante, Santa Teresa Alicante, Sagrada Familia de Elda, Don Bosco Alicante, CEU Jesús María Alicante, Magno de Monforte del Cid, La Purísima de Torrevieja y La Devesa de Elche. Todos han llegado a la competición después de semanas de preparación y todos han trabajado con la misma pregunta de fondo: qué necesita realmente alguien que quiera ejercer la abogacía.
Esa es, en realidad, la gran aportación social de esta iniciativa. En una etapa en la que muchos adolescentes deben decidir qué estudiar sin haber tenido apenas contacto real con las profesiones, la Olimpiada Jurídica de la CEU UCH les ofrece una experiencia concreta, exigente y reveladora. Les permite poner a prueba no solo su interés por el Derecho, sino también sus aptitudes. Porque el certamen les enseña conocimientos jurídicos, sí, pero sobre todo les obliga a pensar y hablar como abogados. Les entrena en la argumentación razonada, en la necesidad de sostener una opinión con fundamentos, en el valor de la palabra bien ordenada y en el peso del detalle. También les enfrenta a algo muy real en el ejercicio jurídico: la exposición pública.
Marián Estrada insiste en esa dimensión al señalar que “la Olimpiada permite a los estudiantes no solo conocer el Derecho en teoría, sino vivir directamente la dinámica real de la profesión, fortaleciendo así su capacidad crítica y fomentando valores como el esfuerzo, la cooperación y la excelencia”.
Cuando las pruebas también cuentan
La jornada final de marzo ha puesto a prueba todo ese proceso. Los equipos han interactuado con un jurado integrado por profesorado del Grado en Derecho y del Máster Universitario en Acceso a la Abogacía de la CEU UCH: Lola Cano, Antonio López, Rosa García y Mariola Quesada. Ellos han valorado no solo la corrección jurídica de los argumentos, sino también la coherencia del relato, la capacidad de persuasión, el uso del aparato probatorio y la solidez global de la exposición.
Uno de los aspectos más interesantes de esta edición ha sido precisamente el criterio seguido por el jurado para conceder los galardones. No se ha premiado únicamente a quien hablaba mejor, ni solo a quien recitaba con más soltura. Se ha valorado algo más complejo: la capacidad de creer y hacer creíble la historia que cada equipo defendía.
En el caso de los dos premios individuales, a Alejandro Egidio Carrasco y Marta Martínez Soria, según la valoración del jurado, el reconocimiento ha recaído en estudiantes que han demostrado una preparación de memoria, sí, pero no una memoria mecánica, sino comprensiva. Han sabido asumir la parte del caso que les correspondía y exponerla como si realmente formaran parte de ese proceso. A ello se ha sumado la corrección jurídica de sus argumentos, la apelación al sentimiento cuando era pertinente y una capacidad oratoria capaz de captar la atención del público y del tribunal.
Los colegios ganadores
El Premio Absoluto ha recaído en el colegio Teresianas, cuyo equipo ha destacado por la estructura lógica de su exposición, la solvencia del conjunto y la forma de sostener la atención del jurado durante toda la intervención. Según la valoración trasladada por la organización, el grupo presentó un elenco de pruebas especialmente sólido y acompañó su discurso con materiales trabajados físicamente: fotografías, transcripciones de grabaciones y otros soportes que reforzaban la credibilidad de su versión de los hechos.
La Mención a la Mejor Defensa ha sido para Newton, y la Mención a la Mejor Acusación para Agustinos. En ambos casos, el jurado ha subrayado la calidad del discurso jurídico, la coherencia de la argumentación y el valor del aparato probatorio. En el caso de Newton, se ha destacado especialmente la brillante preparación del equipo, formado por cinco alumnas que realizaron su intervención sin apoyarse en papeles. En el de Agustinos, se ha resaltado la fortaleza del conjunto y la presencia de un orador especialmente solvente.
Ese detalle de las pruebas materiales no es menor. Según ha explicado el jurado, muchos de los equipos más fuertes no se limitaron a nombrar pruebas, sino que las construyeron y las llevaron físicamente ante el tribunal: expedientes médicos, certificados de penales, fotografías o transcripciones. Esa capacidad de traducir el argumento en un soporte concreto ha sido considerada un mérito relevante, porque demuestra trabajo, creatividad y comprensión real del caso.






