• El CEU inaugura los «Desayunos Jurídicos: ‘Hasta aquí llega el Derecho'» con un encuentro de expertos en torno al Derecho y la Tecnología
  • Se trata de una de las iniciativas de la universidad para conmemorar el 40 aniversario de la titulación de Derecho

“Hasta aquí llega el Derecho” es el sugerente lema del ciclo de Desayunos Jurídicos que la Universidad CEU Cardenal Herrera acaba de poner en marcha con motivo del 40 aniversario de la titulación de Derecho.

El objetivo de estos encuentros, en los que intervienen reconocidos profesionales del sector jurídico -algunos de ellos antiguos alumnos del CEU-, además de estudiantes de Derecho de esta universidad, es analizar la importancia del Derecho en el día a día de los ciudadanos, poniéndolo en relación con ámbitos a priori sorprendentes, como la tecnología.

El Derecho y la tecnología ha sido, precisamente, el tema abordado en el primer desayuno jurídico del CEU. El debate, muy participativo, ha sido conducido por la alumni de Derecho del CEU Patricia Mendilíbar, abogada de Uría y ganadora del premio a la Excelencia de la Cátedra Mutualidad 2017 con el trabajo titulado “Tendencias de uso de la inteligencia artificial en el sector de la abogacía”.

Los participantes han sido los abogados Jesús López (director del bufete Abogado Amigo), Ismael Rodrigo (abogado asociado Senior de Sirera+Saval), Juan Manuel Pérez (abogado y socio fundador de Aktion) y Catalina de Pablos (directora de Desarrollo de Negocios de Broseta Abogados) junto a su compañero de bufete, el Responsable de Gestión de Conocimiento, David Seguí; los alumni expertos en nuevas tecnologías aplicadas al Derecho Iñaki Bilbao (vicerrector de Internacionalización de la CEU UCH) y Anabel Herrero, del bufete Abogado Amigo; así como los alumnos de cuarto curso de Derecho del CEU Joan Segura, Elena Montoliu, Mireia Arastey y Carlos Torres.

Sobre el Derecho y la tecnología

“La tecnología afecta a todas las ramas del Derecho, los abogados no estamos sabiendo reaccionar adecuadamente ante los retos que nos plantean y la formación es una de las claves para hacerlo, porque lo que está claro es que el Derecho de hoy es radicalmente distinto al que tendremos dentro de 20 años”. Así resumía Patricia Mendilíbar el encuentro entre juristas.

‘La inteligencia artificial puede ayudarnos a ser mejores profesionales, más eficientes y más baratos. Las máquinas nos quitarán tarea, pero no el trabajo’

Una hora y media antes, la alumni del CEU abría este intenso encuentro con una breve exposición en torno al papel que la inteligencia artificial (IA) y las tecnologías van a jugar en el sector profesional del Derecho. Mendilíbar apelaba a la necesidad de adaptarse una realidad en la que la IA ya forma parte de la vida cotidiana de los ciudadanos, y se mostraba optimista respecto al futuro de su implantación en el sector de la abogacía.

“Gracias al trabajo mecánico y rutinario que las tecnologías pueden ahorrar a los profesionales del Derecho, aseguraba, vamos a tener mucho más tiempo para dar valor añadido y calidad a determinadas tareas que tienen más importancia a ojos de un cliente, como las reuniones o conversaciones”. “La inteligencia artificial puede ayudarnos a ser mejores profesionales, más eficientes y más baratos. Las máquinas nos quitarán tarea, pero no nos quitarán el trabajo”, planteaba la moderadora para abrir el encuentro.

¿Oportunidad o amenaza para los abogados?

El testigo era recogido por Ismael Rodrigo, que ponía el acento en el principal reto que, a su juicio, plantean las tecnologías a los abogados: “cómo abordamos los asuntos de naturaleza tecnológica que afrontan nuestros clientes”. El profesional aseguraba que es “una cuestión de raíz, de formación y adaptación constantes a este terreno”.

‘El principal reto que nos plantean las tecnologías a los abogados pasa por cómo abordamos los asuntos de naturaleza tecnológica que afrontan nuestros clientes’

“Antes se nos pedía que conociéramos la última jurisprudencia en relación con los temas que tratábamos y, ahora, que conozcamos la última tecnología y que entendamos y sepamos asesorar al respecto a nuestros clientes. Y ahí es donde debemos estar no solo los profesionales sino también los alumnos y sus docentes”, advertía Rodrigo.

‘Los modelos están cambiando, las herramientas están cambiando y los problemas están cambiando. Hoy pensamos en cualquier problema jurídico y hay tecnología detrás’

“Nos vamos a quedar como traductores de tecnología o de soluciones tecnológicas para nuestro cliente”, añadía Jesús López. “Nuestra tarea hasta ahora, aseguraba, era resolver el problema del cliente, pero puede que haya un sistema informático que lo haga mejor porque puede tratar muchísimos más datos”. “Los modelos están cambiando, las herramientas están cambiando y los problemas están cambiando. Hoy pensamos en cualquier problema jurídico y hay tecnología detrás. Los futuros abogados tendrán que pensar qué valor aportan, su oportunidad, porque va a ser algo nuevo”.

‘Habrá que conocer los nuevos problemas y la tecnología, cómo funcionan las maquinas y cómo aplican el Derecho… y también habrá que saber de Derecho para controlarlo’

“Creo que las nuevas tecnologías se van a trasladar no tanto a un trabajo más mecánico que pueda hacer un becario como a exigirnos saber mucho más de Derecho”, apuntaba la alumna Elena Montoliu. “Habrá que conocer los nuevos problemas y la tecnología, habrá que saber cómo funcionan las maquinas, cómo aplican las maquinas el Derecho… y también habrá que saber de Derecho para controlarlo, con lo que creo que se nos abren muchísimos problemas que ni siquiera somos capaces de prever, porque el Derecho siempre va por detrás, pero la realidad ahora es mucho más rápida”, afirmaba la alumna de Derecho del CEU.

Su compañero Carlos Torres se mostraba de acuerdo y añadía que esta disfunción se refleja no solo en los despachos de abogados sino también en los registros notariales y el sector público “que tiene un mayor coste y dificultad para implementar la tecnología”.

‘Vendrán las máquinas, pero a lo mejor los abogados tienen que asesorar en la parte de reingeniería de procedimientos y simplificar el derecho’

“Bienvenidos los robots. Hasta ahora no han hecho otra cosa más que ayudarnos”, planteaba David Seguí. “Vendrán las máquinas, pero a lo mejor los abogados tienen que asesorar en la parte de reingeniería de procedimientos, simplificar el derecho y encargarse de una serie de cuestiones que acompañan a los tecnológicos a resolver mejor las cosas”, afirmaba.

Una tarta pequeña para los mejor formados

A lo largo del debate los participantes trataron de esbozar el inminente futuro del sector jurídico, que hace no mucho sonaba a ciencia ficción. Y es que la introducción de las tecnologías y la IA abre la puerta a la generalización de plataformas con servicios jurídicos automatizados, la resolución conjunta de demandas para no colapsar el sistema con demandas individuales similares, la desaparición de registros notariales y jueces de primera instancia e incluso la expedición de sentencias a través de un ‘cajero automático’…

En suma, una “tarta” más pequeña para los profesionales del Derecho que obliga a los nuevos abogados a aportar un valor añadido de cara a su inserción profesional, tal y como plantearon los participantes del desayuno jurídico del CEU.

¿Pero cuál es ese valor añadido y quién debe hacer hincapié en la formación? Tecnología, capacidad de innovación, mentalidad adaptativa, conocimiento profundo del derecho sustantivo… La universidad, los estudiantes, los despachos de abogados… Todo y por parte de todos, acababan concluyendo los expertos.

‘Se trata de que los futuros abogados sean capaces de ir adaptándose al cambio, con una mentalidad y habilidad de afrontar un mundo en constante movimiento’

“No creo que sea tanto una cuestión de tener conocimientos tecnológicos como de formarse con la convicción de que el mundo dentro de 20 años no se va a parecer en nada a lo que hay”, aseguraba Juan Manuel Pérez. Se trata, proseguía el abogado, «de que sean capaces de ir adaptándose al cambio, con una mentalidad y habilidad de afrontar un mundo en constante movimiento”.

‘Los abogados tendrán que tener formación tecnológica y la digitalización debe formar parte de su ADN, pero tampoco necesitamos que sean informáticos’

“Los abogados tendrán que tener formación tecnológica y la digitalización debe formar parte de su ADN, reconocía Catalina de Pablos, pero tampoco necesitamos que sean informáticos. Al final, añadía, va a haber nuevas profesiones, informáticos especializados en el sector legal que darán soporte a los abogados”.

‘¿Podremos hacer prácticas? La IA está sustituyendo la labor de los becarios, aunque entendemos que para el despacho sea muy práctico’

“¿Podremos hacer prácticas? La IA está sustituyendo la labor de los becarios, aunque entendemos que para el despacho sea muy práctico”, advertía el alumno Joan Segura, que también reclamaba un mayor peso de la formación tecnológica en la carrera de Derecho.

‘En la universidad creo que falta la introducción de ciertas materias en el ámbito digital y tecnológico’

Su compañera Mireia Arastey se manifestaba en similares términos: “La introducción de la IA va a posibilitar ahorrar tiempo y abaratar costes, que es lo que buscan los clientes, pero en la universidad creo que falta la introducción de ciertas materias en el ámbito digital y tecnológico”.

‘Los despachos van a tener que seleccionar mejor a sus futuros abogados porque no se podrán equivocar y perder dos años formándolos’

El alumni y vicerrector de Internacionalización del CEU ponía también el acento en la necesaria mejora del sistema de captación de talento por parte de los despachos de abogados. “Con la irrupción de las tecnologías, no vas a tener tantos becarios”, aseguraba. Iñaki Bilbao aludía a la selección ‘natural’ que se producía en los despachos mientras estos jóvenes realizaban tareas que llevará a cabo la IA.

“Ahora vas a tener que elegir mejor a tus futuros abogados porque no te podrás equivocar y perder dos años formándolos”, insistía Bilbao. El ponente advertía del planteamiento cortoplacista que están teniendo algunos despachos, pensando más en la reducción de costes que en la formación del relevo.