El análisis de en qué procedimientos del mundo de la abogacía podría aplicarse la inteligencia emocional y en que procesos la figura de los juristas sería indispensable es lo que le ha llevado a la alumni Patricia Mendilibar a ganar el Premio a la Excelencia de la Mutualidad de Abogacía. Un galardón, que según nos comenta, es una prueba clara de que todo esfuerzo tiene su recompensa.
En esta entrevista nos cuenta con detalle las conclusiones de su investigación y recuerda su paso por el CEU.

 

Acabas de recibir el Premio a la Excelencia de la Mutualidad de Abogacía por tu investigación sobre las tendencias de uso de la inteligencia artificial en el sector de la abogacía. ¡Enhorabuena! ¿Qué es lo que te ha llevado a analizar este tema?

Mi idea era desarrollar algún aspecto práctico de la abogacía que estuviera relacionado con alguna otra rama del conocimiento que no fuera estrictamente jurídica. Por un lado, la abogacía es una profesión muy arraigada a la tradición y, sin embargo, ha de adaptarse a las necesidades del mundo actual. Por otra parte, la inteligencia artificial ha crecido de forma exponencial en los últimos años, pero los despachos de abogados todavía no hacen uso de todas las posibilidades que brindan los sistemas inteligentes.

Analizar este tema ha supuesto un auténtico reto, ya que todavía hay muy poca bibliografía y, la que hay, está escrita en inglés. Por este motivo, es un trabajo con una carga de conclusiones personales importante.

¿Puedes contarnos algunas de las conclusiones de este trabajo?

En la primera parte del trabajo analizo qué es la inteligencia artificial y qué propiedades tiene. Hay mucho desconocimiento sobre qué es la inteligencia artificial. Cuando empecé este trabajo, la única idea que tenía en mente era la de los robots de las películas como Her. No obstante, al ir investigando el tema me di cuenta de que muchos de los dispositivos que utilizamos a diario (Siri, las recomendaciones personalizadas de Netflix) llevan incorporadas herramientas inteligentes, pero no somos conscientes de que estamos utilizando inteligencia artificial.

En la segunda parte, he considerado algunas de las propiedades de la inteligencia artificial y qué aplicación tienen en las tareas diarias de los abogados, como la revisión de documentos, las negociaciones, la comparecencia en juicio, la redacción de contratos o de demandas.

La conclusión más destacable de mi trabajo es que, al menos en el medio plazo, los abogados no vamos a ser sustituidos por los robots. Las tareas que tienen un componente automático sí que podrán ser asumidas por sistemas inteligentes (como el archivo de documentos, o la redacción de documentos que responden a un modelo), lo que permitirá ahorrar costes y ser más eficientes. De este modo, podremos invertir más tiempo en las tareas de tipo personal, dándoles un valor añadido.

¿Qué supone este reconocimiento para tu carrera profesional?

Desde luego, este premio es una prueba clara de que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Hablando de tu trayectoria profesional, actualmente trabajas como abogada asociada junior en el área de Derecho Público, Procesal y Arbitraje en Uría Menéndez (departamento de Derecho Público y Medio Ambiente), ¿puedes contarnos cómo es un día de tu agenda?

El Derecho Público es una rama del Derecho asombrosa. Es una de las pocas materias que puedes decir que sorprende. En la carrera, el derecho administrativo se enseña desde un enfoque teórico y no suele tener muchos adeptos. Sin embargo, la práctica diaria te dirige a materias más extravagantes, como los montes públicos, el derecho minero, el derecho de aguas o la ordenación de la educación. La ventaja de trabajar en Uría, frente a otros despachos, es la cantidad y variedad de asuntos que se presentan todos los días.

Mis días son muy distintos y no siguen un patrón determinado. Estudio todos los días las materias relacionadas con los asuntos que estemos llevando y pongo en común mis conclusiones con mi equipo. Trabajo en un equipo pequeño en el que tengo contacto diario con mis superiores. Todos los puntos de vista son bienvenidos. Los abogados Junior nos dedicamos de forma más intensa a realizar trabajo técnico y, a medida que vas ascendiendo en la carrera, tus exigencias están más relacionadas con la búsqueda de clientes.

Uría tiene una vertiente que no tienen otros despachos y es que fomenta la integración en el Despacho y desde el primer día que entras, llevas impresa la marca “Uría”. Por este motivo, tenemos un Club Social, hacemos after work, participamos como voluntarios en centros penitenciarios, etc.   

¿Cómo compatibilizas tu faceta investigadora con tu trabajo en Uría?

Es complicado pero no imposible. Para hacer el trabajo he comido muchos días delante del ordenador, he cambiado las siestas por el estudio y he alargado las noches un poco más de la cuenta… Tengo la mala costumbre de dormir poco. Sin embargo, el trabajo bien hecho siempre tiene su recompensa.

Pero vemos que no es la única compatibilización que has hecho en tu recorrido. Estudiaste Derecho+ Periodismo en el CEU y pronto comenzaste a realizar prácticas en las dos áreas. ¿Qué es lo que destacarías de cada una de ellas?

Las dos carreras tienen en común la preocupación por los problemas sociales, aunque cada una desde un enfoque.

Estudiar Derecho aporta una visión estructurada de la realidad, una mentalidad jurídica. Cuando sales de la carrera no te acuerdas de todos los artículos del Código Civil, pero has aprendido a pensar y a buscar soluciones.

Estudiar Periodismo te cultiva a otros niveles. Es una carrera más personal y creativa.

¿Qué piensas que aporta la abogacía a la comunicación y al contrario?

Los abogados nos hemos centrado tradicionalmente en habilidades técnicas, pero nos enfrentamos a diario con situaciones comunicativas para las que no estamos tan entrenados. Los clientes, los jueces y los abogados contrarios son muy exigentes en este sentido, por lo que sería interesante que en las Facultades de Derecho se impartieran clases de oratoria.

Ahora centrémonos en tu paso por el CEU…

¿Qué recuerdas de tu etapa universitaria?

Tengo el recuerdo de no parar nunca. De no parar de leer ni de escribir; que son mis grandes pasiones; de implicarme en actividades extra académicas, de exprimir las horas para tratar de sacar lo mejor de mí. Y de conciliar todas estas pasiones con la vida social y familiar. Desde luego, ha sido un buen entrenamiento para la vida profesional.

Patricia Mendilibar también ha sido Premio Extraordinario Final de Carerra de la Universidad CEU Cardenal Herrera.

Haciendo un repaso por tu curriculum vemos que realizaste prácticas Erasmus en Alemania, ¿qué te aporto esta experiencia?

La experiencia en Alemania fue un punto de inflexión a todos los niveles. Aprendí a buscarme la vida y empecé a ver el Derecho como una herramienta que tenía una importante aplicación práctica. Allí traté de imbuirme de toda la cultura alemana, me apunté a clases de alemán y me empecé a interesar por las formas de vida que ocurren más allá de nuestras fronteras.

 Recientemente hemos celebrado el acto de graduación de una nueva promoción de juristas, ¿qué les recomendarías?

Les daría dos consejos: uno tópico y uno más personal. El tópico: que acometan su trabajo con pasión y que hagan bien todas las tareas del día a día, por pequeñas que sean. El personal: que cada día piensen qué tipo de profesional quieren ser y trabajen en su perfil.

Que cuando alguien necesite un perfil como el suyo, sea fácil encontrarles.

Por último, ¿dónde te gustaría estar profesionalmente dentro de unos años?

Es difícil anticipar dónde estaré en unos años, ya que la vida profesional hoy en día es mucho más cambiante que la de las generaciones anteriores. Solo espero que el lugar donde me encuentre me brinde desafíos a la altura de mis necesidades en cada momento.