Mejorar el mundo a través del arte. Este es el motor de Alba Bla (Alba Silla). Su gasolina, el aprendizaje: de sí misma y de los demás. La alumni de Publicidad y de Comunicación Audiovisual del CEU, que decidió dejar un contrato fijo de ‘lo suyo’ para volcarse en su pasión por el dibujo, acaba de volver de un proyecto de muralismo social en México. En la entrevista, nos cuenta este y otros proyectos creativos.

Fotografía Caro Baraza

Acabas de regresar de Culiacán, en Sinaloa, México. En tu equipaje te has traído, como poco, la experiencia de pintar cuatro murales. Cuéntanos.

Sí. Ciudad Mural es una iniciativa del Colectivo Tomate para el proyecto México bien hecho en colaboración con Comex. Este proyecto trata de fortalecer el tejido social y la recuperación de espacios mediante el arte. Seleccionan a varios artistas nacionales e internacionales para el proyecto en cada ciudad.

Durante el proyecto, convives con los artistas y el colectivo, se realizan actividades con los vecinos, los conoces y te cuentan sus historias, que son las que luego tienes que representar en los murales. Hice tres murales, uno individual y dos en colaboración con otros artistas, para el proyecto; y otro para un particular en México DF.

‘He aprendido mucho de las personas que he conocido, lo poco que necesito para vivir y lo mucho que llena la generosidad, la amabilidad y el cariño de gente que acabas de conocer’

¿Cómo te metiste en esto? Por lo de pintar luego te preguntaremos.

Decidí que quería ir a México como viaje de los 30, y luego pensé que si iba allí no iba a ser de turista, sino para hacer algo relacionado con el arte. Encontré por Instagram al Colectivo Tomate y me gustó mucho su trabajo y el proyecto Ciudad Mural. Abrieron convocatoria, envié mi portfolio así sin pensarlo mucho…  Y bueno, ¡sorpresa!, me seleccionaron.

Alba Bla pintando. Fotografía de Sergio Rivera

Habrá sido todo un reto…

Desde luego. Tener que contar las historias de otras personas, empatizar y poder explicar mediante tus dibujos lo que ellos quieren transmitirte… En ese momento eres un canal y quieres hacerlo lo mejor posible. A la vez, este proceso fue muy bonito: hablar con las personas, investigar por tu cuenta y compartirlo con los demás artistas.

Por ejemplo, en el primer mural, Esmape (un artista mexicano) y yo pintamos dos fachadas de la misma casa. Fuimos juntos a la entrevista con el propietario que nos contó historias de cuando se construyó, de su mujer y sus hijos… Y, aun habiendo escuchado exactamente la misma historia, cada uno lo enfocamos de una manera muy diferente. Eso me encantó.

¿Qué balance haces de esta experiencia?

Ha sido maravilloso, mucho mejor de lo que me podía imaginar. He crecido muchísimo, como persona y creo que también como artista. Ver a tanta gente trabajando con el mismo objetivo, mejorar el barrio donde viven estas personas que te han contado partes de su vida, la convivencia durante esos días… y lo felices y agradecidos que quedan.

Para mí todo el viaje a México ha sido un aprendizaje. Ha sido el primer viaje sola y la primera vez que cruzo el charco. Además, desde que me seleccionaron hasta que empezó el proyecto, pasó muy poco tiempo. Tuve que decidir si iba o no en un plazo de 4 días… y 10 días después estaba subiendo al avión. Yo soy muy de prepararlo todo, de tener todo atado y estructurado, así que mi aprendizaje empezó fuerte. Me fui con 4 cosas en la mochila, casi todo ropa de pintar, me dejé el ordenador en casa y no me activé roaming…

La alumni del CEU Alba Silla (iz.) con Katalina Manzano (artista) , Sara Miranda (Colectivo Tomate) y Olga Sharey (artista). Fotografía de Caro Baraza

¿Eres la misma persona que se fue?

No. Como cualquier viaje o experiencia de este tipo, te cambia mucho la manera de ver las cosas. Aprendí mucho de mí misma, superando todos los miedos que me surgieron al principio por el hecho de viajar a México (a Sinaloa, además…) siendo mujer y haciéndolo sola… De todo esto algún día dibujaré y escribiré porque es muy interesante. ¡Nunca había sentido miedo por el simple hecho de ser mujer! Y es fuerte cuando te das cuenta de estas cosas. Aprendí mucho de mí y de mis miedos, y de miedos que tenía y me he dado cuenta de que no me corresponden.

También he aprendido mucho de las personas que he conocido, lo poco que necesito para vivir y lo mucho que llena la generosidad, la amabilidad y el cariño de gente que acabas de conocer, o a diferenciar lo que verdaderamente quiero y lo que creo que quiero o necesito.

Y, muy importante, el valor del tiempo. Aquí todo va muy rápido, allí tienen otro ritmo, disfrutan más, no hay prisa y la gente está más calmada. Impresiona su motivación para trabajar en grupo y otras actitudes que contrastan con nuestra manera de hacer las cosas.

Por no hablar de otro tipo de aprendizajes, como que todo está bien chido o chingón, a pintar parejo, que todo se puede comer en taco (¡to-do!), a montar andamios, a bailar cumbia, a que “no pica” en México es mentira siempre y a que “ahorita” es una medida de tiempo incomprensible (risas).

¿Qué crees que has aportado tú?

Ay, ¡que pregunta más complicada! Lo más fácil es siempre darte cuenta de lo que los demás te aportan, pero al contrario se me da fatal.

Creo que mi predisposición a hacer todo, a aprender, a colaborar, a dar lo máximo de mí. A hacer fácil lo difícil y a reírme, a simplificar.

También arreglé la cisterna de wc, enseñé algunos truquillos de photoshop e hice una tortilla de patatas que todos comieron en taco y con picante (risas).

¿Volverás?

¡Por supuesto! Y en breve.

Cuéntanos por qué estás pintando. Tras cursar el doble grado en Publicidad y Comunicación Audiovisual, enlazaste trabajos como arte junior, diseñadora gráfica, comunicadora… en reconocidas empresas hasta que decides dar un giro a tu carrera.

Sí. Decidí dar el salto y dedicarme a dibujar por una serie de acontecimientos, algunos personales, que me marcaron y me hicieron tomar decisiones drásticas. El dibujo me salvó.

Fotografía de Sergio Rivera

¿No te gustaban los trabajos que venías desempeñando?

De todos los que he tenido, siempre he sacado algo en positivo y he aprendido. Sí me gustaba trabajar en comunicación. Contar historias me gusta y, de alguna manera, es lo que he hecho en los trabajos que he tenido.

Creo que lo que no me gustaba es que me cortaran las alas, que no me dieran libertad y que solo quisieran hacer las cosas que ya se habían hecho porque funcionaban, sin arriesgarse. Esto no me gustaba, porque es aburrido y, al final, pierdes el interés por lo que haces.

No tuvo que ser fácil empezar de nuevo.

Desde luego. Fue una época difícil porque implicó hacer un reset total. Primero empecé a hacer gráfico y web, lo que conocía bien, como freelance, hasta que un día un amigo me “obligó” a hacer la primera exposición con mis dibujos (que no habían salido de mis cuadernos jamás). A partir de ahí probé a ir a un mercado de ilustración. Funcionó, y así fueron saliendo proyectos poco a poco hasta el día de hoy.

Ha sido un camino complicado porque estudias dos carreras, entras en el mundo laboral y bueno, está bien, pero te agota, y te sales e intentas hacer lo que sabes o lo que crees que tienes que hacer, pero tampoco te llena y te das cuenta un día de que lo que verdaderamente te gusta es dibujar. Pero, uf, si salirte de un trabajo fijo que tenías era una locura, imagínate decir: “Quiero vivir de dibujar”. Esto es todavía más locura.

Fotografía de Sergio Rivera

¿Lo tenías realmente claro?

Sí. Me paré y me pregunté qué es lo que me gustaría estar haciendo siempre, el trabajo ideal que haría hasta si no me pagaran. Ese algo, para mí, es dibujar.

Cuando ya superas la barrera de decírtelo a ti mismo, de ser sincero, de darte cuenta de qué es lo que realmente te apasiona… luego todo es igual de complicado, vienen nuevos objetivos, dudas, muchas cosas que no sabes hacer… Pero, bueno, por lo menos ya sabes que quieres dibujarlo (risas) y vas superando y aprendiendo de los retos que te va ofreciendo la vida.

‘Creo que el mundo se mejora de dos maneras: siendo y haciendo de ti mismo mejor persona y siendo ejemplo de esto y compartiéndolo con los demás’

Uno de esos retos es el proyecto de murales en México. ¿Hay más?

Sí. Ilustrar una colección de cuentos infantiles “Contes familiars” para fomentar la diversidad familiar. Conocí a las autoras, Antonia Cardona y Natalia Ferrús en un mercado de ilustración, vieron mis dibujos y vinieron a hablar conmigo. Nos reunimos unos días más tarde, me explicaron el proyecto y empezamos a trabajar juntas. En diciembre de 2016 sacamos el proyecto en crowdfunding para poder financiar la publicación, y ¡fue un éxito! En febrero 2017 publicamos. Ahora para mediados de este mes sacamos la edición en castellano.

Fotografía de Sergio Rivera

¿Qué tiene que tener un proyecto para que te involucres?

Tiene que conectar conmigo. Supongo eso significa que transmita los mismos valores en los que yo creo.

Me pasa que, cuando me presentan un proyecto, me fío mucho de la sensación que me transmite desde el inicio. Tengo que creérmelo, tiene que aportar algo a quien vaya destinado, tener un sentido, un beneficio común.

De hecho, los dos proyectos de los que te he hablado antes son por y para la gente. Los dos tratan de mejorar la vida de las personas.

‘Del CEU valoro sobre todo aprender a trabajar en equipo. Hay que andar juntos por un proyecto común para que el resultado sea el mejor’

¿Crees que el arte, la creatividad, pueden mejorar el mundo? ¿Cómo?

¡Por supuesto! El arte es un idioma, un medio de expresión, y sirve para transmitir y comunicarse, ¡cierto? Creo que el mundo se mejora de dos maneras. La primera, siendo y haciendo de ti mismo mejor persona. Y, segundo, siendo ejemplo de esto, transmitiéndolo y compartiéndolo con los demás.

Fotografía de Sergio Rivera

¿Y qué transmites tú a los proyectos en los que te embarcas?

Cuando entro en un proyecto doy todo de mí. Si me involucro en algo es porque creo en ello, en lo que el proyecto significa. Aporto ganas y mucha energía para hacer las cosas, ganas de aprender y de compartir con los demás, mi visión y mi saber hacer.

Soy muy de hacer las cosas con el corazón, muy pasional, y para mí no hay diferencia entre lo que hago en los proyectos y lo que soy. Por eso, doy todo, me meto de lleno en lo que esté trabajando, me va la cabeza a mil, investigo… Y una cosa buena de la que me he dado cuenta últimamente: de todo lo que he hecho, estudiado, trabajado, siempre hay algo que aprendí que me sirve para los nuevos proyectos.

‘A los alumnos les aconsejaría que se conocieran y fueran fieles consigo mismos. ¡Y también que se equivocaran!’

De tu etapa en el CEU , ¿qué aprendiste, qué valoras más?

El trabajo en equipo. Tanto en CAV como en Publi los últimos años trabajé mucho en proyectos en equipo y aprendí mucho a valorar cada parte del trabajo y, sobre todo, que hay que andar juntos por un proyecto común para que el resultado sea el mejor.

Otra cosa que valoro no es una cosa, sino una persona: Pepe Martínez. Me lo asignaron como tutor en 2º de carrera y creo que, desde la primera tutoría, no he parado de hacerle preguntas, contarle mis rollos, pedirle consejo y, por supuesto, hacer casi siempre lo contrario de lo que me dice (risas).

Del pasado al futuro. ¿Cómo te gustaría verte en unos años?

Por lo pronto, además de publicar en castellano los cuentos y volver a México, tengo previsto publicar un libro y una expo, aunque aún está muy verde.

Es difícil proyectar, pero espero pintar muchos murales, publicar e ilustrar varios libros y poder ayudar a otras personas a recorrer este camino.

Pues te lo ponemos fácil, lo de ayudar. ¿Algunos consejos para los futuros creativos?

Les diría: “Cree en ti y en lo que sientes”. Es un tópico, lo sé, pero es que hay un momento en la vida en que crees que quieres lo que te han enseñado que hay que querer, no sé si me explico. Y, con el tiempo, te das cuenta de lo que verdaderamente quieres. Es un poco: “Conócete a ti mismo y sé fiel contigo”.

Y también: “¡Equivócate!”.