Alberto Rojas: “África tiene la ecuación ideal para un reportero: pocos periodistas y mucho terreno por cubrir”

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Texto: Raquel Brisa

Alberto Rojas es reportero en el diario El Mundo. Licenciado en Historia, desde niño le ha gustado leer y contar relatos. Sabía que mientras un historiador puede contar hechos del pasado, un periodista puede vivir de primera mano hechos del presente, y que la mejor manera de acceder a esas historias era convertirse en reportero. Desde entonces ha realizado innumerables viajes a África. Níger, Sudán del Sur, República Democrática del Congo, Ruanda o Somalia son algunos de los países que Rojas ha podido retratar en forma de reportajes. En 2018 publicó África. La vida desnuda., obra que recoge diez de sus aventuras en el continente africano. Apasionado del Real Madrid, siempre encuentra alguna peña madridista en plena África que lo acoja para poder ver un partido de su equipo.

  • ¿Qué debe hacer un periodista cuando va a iniciar un viaje tan largo como el que estás realizando tú?

Para hacer un viaje a determinados sitios, sobre todo si son lugares en conflicto, tienes que ir muy bien preparado. Necesitas lo que nosotros llamamos un fixer (el fijador): la persona que te fija al terreno, que habla el idioma local, que sabe cómo llegar a un determinado sitio, cómo contactar con alguien para hacer una entrevista… Esa persona es absolutamente clave en nuestro trabajo. A veces eres tú mismo el que la contrata a través de contactos o bien utilizas la logística de una ONG grande.

“Las zonas regidas por el yihadismo son muy peligrosas porque el periodista se convierte en objetivo”

Por supuesto tienes que ir con todas las vacunas puestas. La de la fiebre amarilla es imprescindible: si no la tienes no vas a entrar en el país. También hay que estar en forma, habituado a caminar y a pasar calor. Hay algunos trucos para esto. Por ejemplo, si estás trabajando en zonas de altas temperaturas puedes llevarte alguna pastilla que te ayude a dormir, o si vas a sitios complicados donde sabes que no vas a encontrar agua mineral tienes que llevar pastillas potabilizadoras…

  • ¿Por qué elegiste África como fuente de tus reportajes?

África tiene una ecuación ideal para un reportero. Hay mucho terreno por cubrir, es un continente entero, pero muy pocos periodistas para cubrirlo. África para nuestros medios de comunicación tiene mucho menos interés de lo que puede tener por ejemplo América latina por ese vínculo colonial, cultural e idiomático. Sin embargo, el continente africano nos es muy desconocido. Eso me permitía poder abarcar muchos países y elegir las historias que quería contar.

  • ¿A qué tipo de problemas se enfrenta un periodista cuando tiene que cubrir zonas controladas por Boko Haram?

Una de los primeros problemas o complicaciones es de carácter consular. Conseguir el visado -en general para muchas zonas- no es fácil. Por ejemplo, a Sudán del Sur no puedo volver a entrar. No habrá otra vez más porque tengo la entrada prohibida. El gobierno me tiene en la lista negra simplemente por hacer mi trabajo: contar lo que el gobierno estaba haciendo con la limpieza étnica. Eritrea es otro caso. Hace muchos años que no entra un periodista allí porque el gobierno es totalmente reacio a que los periodistas puedan contar lo que están haciendo allí con la población.

En segundo lugar, el problema que te puedes encontrar suele depender del tipo de conflicto que sea. Hay conflictos en los que puedes estar con las dos partes porque tú no eres el enemigo. En el Congo por ejemplo era fácil incluso atravesar la línea de un lado al otro, del ejército a los rebeldes. No van contra ti, tú eres para ellos una especie de turista. Sin embargo, Boko Haram son yihadistas, eso es muy diferente. Eres un periodista occidental blanco que ellos van a considerar no sólo un enemigo, sino alguien a quién pueden secuestrar. Nigeria, Somalia, Argelia, todos los países donde hay zonas regidas por el yihadismo son lugares muy peligrosos para nosotros porque el periodista se convierte en objetivo.

  • ¿Cuál ha sido el momento de mayor tensión de todos los viajes que has realizado a África?

Las turbas descontroladas me dan mucho miedo. Es decir, un grupo de personas, con las que no puedes negociar porque van borrachas de odio, arremeten contra ti, que no los conoces de nada, que no les has hecho nada y que no sabes qué está pasando. Yo con una persona, aunque esté armada puedo hablar e intentar convencerla, pero con 30 personas no.

“En África no hay un movimiento feminista organizado, ni una mentalidad de cambio tan profunda como aquí”

Me encontré con una situación así con el ébola porque no querían periodistas allí. Los periodistas contábamos que tal familia tenía un enfermo de ébola, entonces esa familia sería expulsada de la comunidad porque ésta tenía miedo de que les contagiase.  Por esta razón esta gente simplemente vino a por mí. Si no hubiera sido por las personas que me ayudaron me habrían pegado una paliza de hospital.

  • A la hora de buscar historias y entrevistar a la gente de allí, ¿la sociedad cómo recibe a un periodista occidental?

De muchas maneras. Lo primero es curiosidad porque no van muchos periodistas, o a veces no va ninguno, con lo cual les parece extraña tu presencia. Yo no he sentido, salvo quizás con el ébola, agresividad contra mí. Cuando les he explicado a qué iba, ellos han confiado en mí, a veces pensando que el hecho de que me contasen su historia iba a cambiar sus vidas, cuando no es así. Ojalá, pero no puedo cambiar la vida de una mujer que vive a miles de kilómetros y que me ha contado cómo la han violado los soldados del ejército. Por desgracia, el hecho de que me lo cuente no va suponer para su vida ningún cambio especial.

  • ¿Cómo definirías la situación de las mujeres en África?

Por países evidentemente no es igual el mundo musulmán del norte que el mundo cristiano del sur. Aun así te diré que están mucho peor que en Europa. En Europa ha habido conquistas por la igualdad que han sido y son evidentes y hay un movimiento feminista con mucho vuelo, aunque quede todavía un largo recorrido por la igualdad total. Sin embargo allí no hay un movimiento tan organizado, ni una mentalidad de cambio tan profunda como estamos viviendo nosotros aquí. Sí que percibes perfiles de mujeres individuales que tienen muchísima relevancia en la sociedad, que son luchadoras e imparables; y no son difíciles de encontrar.

  • ¿La religión influye allí, de manera determinante, en la actitud social?

Absolutamente. En África todavía hay muchos países regidos por entidades religiosas que determinan absolutamente todo. Por ejemplo, el norte de Nigeria está regido por la sharia, la ley islámica. Esto tiene una repercusión absoluta sobre las mujeres. Si esos países fueran más seculares y tuvieran mucha menos dependencia de líderes religiosos o dejaran a dichos líderes ocuparse sólo de sus la religión probablemente esa sociedad, en mi opinión, avanzaría mucho más.

  • Cuando vuelves a casa con todo el material, ¿cómo te enfrentas a plasmar una realidad tan amplia sobre el papel?

Es muy difícil. Mi dificultad principal es qué voy a hacer con el idioma que tengo para poder contarlo. Nuestro lenguaje está hecho para describir nuestro mundo, pero no su mundo. Es decir, la palabra pobreza puede definir un poblado chabolista en Madrid, pero la palabra pobreza no define un lugar como el último donde estuve, Pulka. Pulka es muchísimo peor que pobreza, muchísimo peor que miseria. Cuando tú ves una tienda de ACNUR de esas grandes, donde deberían vivir 100 personas pero viven 400, donde hay gente que no se ha duchado en ocho meses porque no hay agua, donde hay enfermedades que aquí serían curables simplemente con unas pastillas y allí no tienen la posibilidad de acceder a ese medicamento… ¿Qué palabra define eso?

  • ¿Qué es lo que más te ha impactado de África en todos tus viajes?

Lo que más me ha impactado ha sido el hecho de encontrarme la vida mucho más en hueso, sin ropajes y sin tonterías. Si tú quitas de nuestra vida, por ejemplo, las redes sociales, le quitas la moda y las preocupaciones absurdas al final te queda una vida  que se ocupa de la supervivencia, del cuidado de los niños, de cosas más esenciales. Una vida desnuda.