Nunca ha parado de crear. A los 12 años ya estaba experimentando con la imagen. Mientras estudiaba Publicidad y Comunicación Audiovisual en el CEU, aprovechó la oportunidad y se presentó a numerosos concursos de ambas titulaciones. Ganó en casi todos. A los 25 rodó su primer largo.
Lo último: piezas promocionales y parte del montaje de “El Desentierro” y de “Bikes”- nominada al Goya-, además de estrenarse como ayudante de dirección en la película «Una Dona Amb Unes Ales Tremendes«.
Lo próximo: Montar una serie, dirigir un cortometraje y lanzar un álbum de música.
Joecar Hanna se define como “un guía de proyectos en un mundo en el que los formatos ya no son fijos”. En esta entrevista comparte otras interesantes reflexiones, así como útiles consejos destinados a los futuros profesionales del audiovisual. 

Cuando estudiabas la carrera, ¿te imaginabas que ibas a dirigir un largo con tan solo 25 años?

Llegué a la universidad con ganas de poner a prueba mi experiencia. Entré con un bagaje ya más o menos desarrollado del campo, había experimentado mucho con la imagen desde los 12 años. A veces me sentía algo avanzado, y en cierta manera lo era por la experiencia previa.

Al principio, con cierta (y a veces necesaria) insensatez, pensé que ya estaba preparado. Muchos lo pensamos: “Ya estoy. ¿Dónde está el dinero para hacer una peli?”.

Pensaba que, con los conocimientos y ser un currante como era, todo debía ir bien, aparte de lo que la suerte pudiera traer.

Pero al final aprendes, como diría cualquier buen director/a, que nunca se deja de aprender. Y esa lección básica tiene una contradicción, y es que se va aprendiendo conforme uno avanza en su experiencia. Se va inversamente aprendiendo más a saber que cada vez sabes menos. Interesante viaje. La humildad constante es el punto ideal final.

Eso lo sabes ahora. ¿Pero entonces creíste que podrías conseguirlo?

Pues no (risas). Siendo realistas, no pensé que dirigiría un largometraje en condiciones a esa edad.

Siempre puedes pensar que quieres ser otro Xavier Dolan o Damien Chazelle. Es parte del auto-sueño que uno se impone para motivarse, pero conforme vas descubriendo lo difícil que es la industria en todas sus aristas, vas comprendiendo que no todo depende de uno.

Hay una parte de suerte trabajada que no se controla, y tiene que llegar esa oportunidad para ahí volcar todo tu ser. Ahora, también diré que casi nadie buscamos lo suficiente para intentar cumplirlo. Bravo por l@s que lo hacen como si se fuera la vida en ello. Les admiro.

‘Al final aprendes que nunca se deja de aprender. Se va inversamente aprendiendo más a saber que cada vez sabes menos. Interesante viaje. La humildad constante es el punto ideal final’

Cuando empezaste en el CEU, ¿cuál era tu sueño?, ¿ser director de cine?

En mi caso, empezar la carrera supuso un antes y después en mi enfoque vital, ya no solo profesionalmente, sino también en cuanto a perspectivas y nuevos enfoques. Salía de un entorno que difícilmente me permitía alcanzar el mundo del arte.

Pero tuve la suerte de encontrar una handycam de esas olvidadas de algún viaje de verano de mis padres cuando tenía 12 años, y empezar a cambiar vistas por encuadres. Hubo una conexión natural con la imagen.

Al principio lo que quería hacer lo llamaba “ser director” por convención. Pero el término general de director de cine es algo que considero que aún no podría ser mi nomenclatura. Sería una cretinada reconocerme como tal, sin más experiencia. 

¿Y cómo te definirías?

Pues, con más o menos experiencia, me identifico más con algo así como un “guía de proyectos”, porque las cosas están cambiando, los formatos cada vez son menos fijos, todo se va diluyendo en mestizajes de conceptos que no da ni tiempo a ponerles nombre.

Un proyecto es un proyecto, sea lo que sea, y guiar el proceso de un proyecto es lo que quiero hacer.

También llevo un proyecto musical, y juntar ese mundo con el audiovisual en todas sus vías posibles, así como poder aplicar en ellas lo aprendido en creatividad publicitaria, además de crear unas guías que hagan que ese algo no pierda su coherencia en todo el recorrido, aunque tome nuevos caminos para el futuro… es lo que podría nombrar como “sueño”. Sí, creo que esto responde mejor a la pregunta que me hacías antes sobre los sueños.

No salgamos aún del plano cine. ¿Cómo fue ese salto al largo? 

Casi el largo me escogió a mí más que yo a él. Llevaba ya un tiempo realizando vídeos de todo tipo, desde artísticos, cortos, videoclips, publicidad… y luego ya me adentré, sobre los 22 años, en proyectos de cine, tocando varias secciones de equipo, como cámara, sonido, post producción… y sobre todo montaje, la segunda función en la que más suelto me veo, ya que siempre he montado mis propios proyectos.

Ya había montado dos largometrajes. Uno de ellos, en el que había hecho también de ayudante de dirección y la dirección de una parte del largometraje documental, fue un éxito en distribución digital y en el mundo de la educación en España. Así que, la productora decidió hacer la segunda parte, y me ofrecieron la dirección de «La Otra Educación”.

Tiene que ser toda una experiencia dirigir un proyecto así siendo tan joven…

Yo estaba emocionado, ya que poder hacer un largometraje a los 25 era un estímulo muy grande, sí.

También sopesé que podía hacerlo porque no era un largometraje de ficción en sí, algo que sería una buena locura. Además, la parte que dirigí del anterior me hizo ver que, si lo preparaba bien, no habría grandes problemas. Ahí decidí que, si entraba, quería poder ofrecer las perspectivas que yo pudiera aportar y que eso sirviera a los fines de la productora. Tenía claro que quería ofrecer algo más a un largometraje documental, aunque fuera en el formato. Así que, tras cuadrar nuestros intereses y pudiendo apostar por una mezcla entre ficción y documental en la misma historia, fuimos a por ello.

‘Un proyecto es un proyecto, sea lo que sea, y guiar el proceso de un proyecto es lo que quiero hacer’

¿Qué se siente al acabar un trabajo en el que se ha puesto tanto empeño?

Hay sentimientos encontrados. Es como acabar una casa en la que inviertes mucho tiempo. Cuando pones la última baldosa, te has dado cuenta de que está terminada. Queda limpiar un poco el polvo, poner a punto los muebles y las cuestiones eléctricas y algunos papeleos. Pero después ya es entrar y disfrutar de ella.

Da vértigo cuando dejas de trabajar en algo duro tanto tiempo. No sabes qué hacer, sentarte en el sofá, tumbarte en el suelo, tirarte a la cama. Al final, a pesar de blasfemar cada vez que te costaba poner un trozo de pared, te das cuenta de que, sin trabajarlo, se acaba en cierta parte la emoción. Quieres más.

¿Se queda uno satisfecho del todo o siempre hay algo que cree que podría haber mejorado?

Por supuesto, al final, con el paso del tiempo, siempre hay algo que quieres cambiar de lugar. Por continuar con la metáfora de la casa: ese mueble que realmente no cuadraba bien en su espacio, o el color de pared que se ha quedado anticuado. Y como no vas a tirar la casa entera, decides “venderla”, abandonarla a la memoria, traspasarla, o hacer otra nueva. Pero siempre la recuerdas con cariño cuando entras algún día, aunque no tenga la misma intensidad que como cuando entras en tu casa nueva.

‘La competitividad sana que generaban los concursos de publicidad del CEU o Proyecta eran campos donde uno se podía exprimir y ponerse a prueba. son algunos de los espacios que con más cariño recuerdo’

¿Ayudan los reconocimientos externos?

Siempre son una motivación. El primero es extraño, porque no sabes cómo reaccionar, y crees que el mundo te mira durante un segundo. Luego te das cuenta, con el tiempo, de que los reconocimientos que más llenan son los que van acompañados de un trabajo que haya cambiado algo a alguien, o haya aportado.

Si viene alguien, te felicita por tu premio y te dice, a la vez, que le has cambiado la manera de ver un tema, o de hacer o contar una historia, eso es de verdad, y sin clichés, el premio con el que te quedas a largo plazo.

¿La industria del audiovisual es lo que uno esperaba? 

Es una selva de asfalto, tecnología y emociones humanas al extremo. No es para todo el mundo, eso está claro. Sobre todo, para los que lo cargamos en la mochila y nos lo llevamos a casa.

Te nutre y te persigue la conciencia a partes iguales. Es excitante, pero cansa. Es una montaña rusa. El momento de la curva que es previo al descenso, descansas, pero solo para saber que caes en picado otra vez, y volverá el pico de tensión. Descansas pensando en el siguiente pico de emoción.

‘La industria del audiovisual es una selva de asfalto, tecnología y emociones humanas al extremo. No es para todo el mundo’

¿Merece la pena?

Pues es plantearse, como todo en la vida, «¿merece la pena tirarse en paracaídas para vivirlo o evitarlo por si acaso nos mata?». Allá cada un@. Es cuestión de pasión. Lo ideal es que, si la decisión es tirarse, se haga entre amigos y cercanos. Estar cerca de tu gente para vivirlo. Y si tu propia gente es la que se tira, mejor. 

Vamos a hacer un feedback. Tu etapa como alumno del CEU. ¿Qué valoras más de la formación que adquiriste?

Decidir estudiar Publicidad, además de Comunicación Audiovisual, es una de las mejores elecciones que he hecho. Me abrió muchos horizontes para entender el cine o la comunicación en general. Juntar los dos mundos y aplicar la creatividad de ambos campos para buscar nuevos espacios de trabajo definieron mi forma de hacer y ver.

La competitividad sana que generaban los concursos de publicidad o el festival Proyecta de la universidad eran campos donde uno se podía exprimir y ponerse a prueba. Esos espacios son uno de los lugares que con más cariño recuerdo, porque me obligaban a superarme cada año y me dieron unas cuantas alegrías.

Y tanto. Ganaste muchos premios en esos certámenes. ¿Qué nos dices de los profesores?

La conexión que creas con es@s docentes, que te pasan conocimientos que ya forman parte de tu vida, y que se convierten en tus aliad@s, consejer@s y amig@s, tampoco tiene precio. Son ese espacio hogareño al que vuelves de vez en cuando para hacer balance, para recordar y que te recuerden de dónde vienes, aparte de llegar al punto de empezar a poder devolverles el aporte recibido. Eso llena. 

Joecar, con parte del equipo técnico de «El Desentierro» y profesores de su antigua universidad, en su reciente visita a las aulas del CEU. Esta vez, como ponente

Unos consejos a los jóvenes que sueñan con dedicarse a esto es un buen modo de seguir alimentando esta rueda de aprendizaje. ¿Te animas?

Claro que sí. Que busquen ese punto de humildad ideal, en el que están en constante escucha y contraste. Pero, a la vez, que no pierdan su voz interior. Es lo que único que vale.

Las historias que se cuentan ya se han contado muchas veces. La única diferencia es cómo las cuentan tu voz, tu matiz, tu tono y tu forma de ponerle énfasis. Y ahí nadie puede opinar, porque, si se escucha a esa opinión, se pierde tu matiz y pasa a ser la de otra persona, u otras.

Y referencias, formación, mamar cultura sin parar. Con cada nuevo visionado, escucha de una canción, o lectura de un libro, empiezas a caminar hacia esa senda del “cada vez sé menos” que es tan necesaria. Pero que nunca se pierda cierta insensatez.

‘estudiar Publicidad, además de Comunicación Audiovisual, es una de mis mejores elecciones. Me abrió muchos horizontes para entender el cine o la comunicación en general’

¿Tus próximos planes profesionales? 

Venía de acabar el proceso de trabajar en las piezas promocionales y parte del montaje en “El Desentierro”, y también de trabajar en una pequeña parte del montaje de la película de animación “Bikes”, nominada al Goya de este 2019. Además, me he estrenado como ayudante de dirección en la película «Una Dona Amb Unes Ales Tremendes”.

Y ahora paro máquinas de montaje y me lanzo a hacer un cortometraje. Uno que llevo preparando tiempo. Hace mucho que no hago ficción pura desde la primera línea, por haberme sumergido en otras funciones del cine. También eso me ha dado tiempo para cultivar otros aspectos de mi vida como la música, la escritura, o incluso seguir aprendiendo del medio del cine desde una actividad un pelín más pasiva. Ahora quiero pasar a la acción desde la primera fila de nuevo con lo aprendido y reposado. Será un cortometraje prácticamente autoproducido con lo ahorrado en estos tiempos. Me lanzo a formar equipo y la preproducción dentro de poco.

¿Y la música?

Sí. Aparte, lanzo mi primer álbum de larga duración, después de hacer tres EPs. Mi última creación fue hace 3 años, tras una gira bastante decente, en el que mucho tuvo que ver el éxito con un show audiovisual que hice para complementar el directo y que ahora readaptaré para el nuevo trabajo.

Así que vuelvo al ruedo hacia todas las vías, con mucha emoción, y purificado de esos baches que se forman cuando te saturas. ¡A por ello!

‘La conexión que creas con es@s docentes, que te pasan conocimientos que ya forman parte de tu vida, y que se convierten en tus aliad@s, consejer@s y amig@s, tampoco tiene precio’

Pues a por ello, Joecar. Gracias por tu sinceridad y por estas valiosas reflexiones. Ojalá sigas creando, aprendiendo y compartiéndolo con nosotros.

A vosotros.