carmen dolores de pieLa vida profesional de las dos gira, en cierto modo, en torno a la comida. En el caso de la entrevistadora, por su dedicación docente e investigadora a la alimentación y nutrición humana En el de entrevistada, en el plano de la restauración para los docentes (y del personal y los “chiquitos del cole”, como ella les denomina) del CEU en Valencia.

Son Dolores Silvestre y “la señora Carmen”, como todos conocen a Carmen Jiménez desde hace ya muchos años. Algun@, incluso, desde hace treinta y tres, los que lleva ella en la casa alimentando y cuidando como una madre al colectivo humano del CEU, que considera como su segunda familia.

Carmen, cuando usted llega a casa… ¿Cocina?
Sí. Para mi marido y para mí, porque aunque tengo tres hijos, dos están casadas y mi hijo también vive fuera.

¿Y mima a su marido durante la cena igual que hace con nosotros en la comida?
La verdad es que no, porque mi marido y yo nos conformamos con cualquier cosa. Todo nos gusta. Pero cuando viene mi hijo de estar trabajando fuera dice que como yo no guisa nadie (risas).

Usted tiene una relación con nosotros como de madre…
Sí (ríe). Por ejemplo a Santiago le van a operar de la cadera y si le noto preocupado, pues le recomiendo andar, como le recetaron a mi marido tras la operación, que ahora está de maravilla. Yo es que estoy muy contenta, la verdad. Me gusta lo que hago y me gusta hablar con todos ustedes.

¿Cuántos años lleva trabajando en el CEU?
Treinta y tres. Toda mi vida. Cuando entré fue con los nenes. Y luego ya, con los profesores, yo servía arriba, cuando el comedor estaba en la cafetería. Más adelante, hace dieciocho años, hicieron este comedor de abajo.

¿Hay diferencias en cuanto al funcionamiento del comedor de hace treinta y tres años y el de ahora?
Sí. Los profesores se ponían sus propios platos, muchos los llenaban, y luego los últimos no tenían nada, eso también lo tengo que decir. Y entonces ya cambió el sistema y fui yo la encargada de servirles.

Con usted distribuyéndonos la comida nos aseguramos la equidad
Sí, sí. Si ya se ve en “La Isla”. Al que le gusta, se llena el plato hasta arriba (risas)

¿Cree que hay algunas diferencias entre los menús de entonces y los de ahora?
Muchas. Antes solo estaba el menú normal y el de la dieta, un hervido. Y ahora está el menú de los nenes y dos para ustedes. Hay mucha más variedad y calidad.

Carmen, ¿somos pesados profesorado y  personal cuando venimos a comer? ¿Protestamos mucho?
¡No! Yo los quiero a todos muchísimo. A mí no me dicen nada malo nunca. Y si me lo dijeran, pues no pasaría nada. Por ejemplo, ayer la sopa cubierta estaba salada y me lo dijo Pedro… ¡Y tenía razón! Hay un profesor que tiene la tensión muy alta, y se cuida mucho, que me dice: “Carmen, dígales a los cocineros, cuando vayan a la sal, que se metan las manos en los bolsillos “, pero ese es el único problema, cuando lo hay.

Me llama la atención que parece que nos conoce por nuestro nombre a todos y nos recomienda a cada uno lo que sabe que preferimos.
Síiii. A veces me dicen “cómo me pones esto si no te he dicho aún nada”. Pero lo hago porque sé que es lo que le gusta.

Hay profesores con necesidades especiales. ¿Lo tiene en cuenta la oferta de alimentos disponible?
Sí, por ejemplo hay una chica a la que yo le pongo lo suyo porque es celiaca. Podemos acoplar el menú en estos casos.

¿Le parece que estamos preocupados por la alimentación?
Sí, con la dieta. Pero yo le voy a decir una cosa: hay gente que viene aquí y se hace la dieta… y luego se come arriba una caña de chocolate. ¡Y eso no es dieta! Digo yo, ¿eh? Porque si yo no lo viera…, pero es que lo veo.

¿Y después de Navidad nota diferencias en nuestros hábitos alimenticios?
Sí. Se ponen mucha ensalada, mucho hervido… pero las dos semanas primeras. Luego ya se les olvida. Tanto a ellas como a ellos.

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¿Cuáles son los platos que más nos gustan?
Las berenjenas y la paella. Y todo lo que lleve arroz.

¿Qué se queda sin servir?
Los canelones. No les gustan mucho…

¿Y nuestros gustos en los postres?
¡Uy! Son muy golosos. Van al casero, sobre todo.

¿Pero eso cómo se entiende con nuestra preocupación por la dieta?
Ahí está lo que le decía. Pues tanto las natillas como los flanes o el pudin les encantan. La fruta se queda… Y también tengo que tener controladas las existencias de cuajada, vitalínea y mousse, o desaparecen al tercer día.

¿Quién come mejor?
Los caballeros.

¿No será que les cuida usted más?
No. Eso se suele decir (risas), pero es que lo que les ponga se lo comen, y en cambio las señoras dicen “quítame un poco”, y ya te cortas…

Hablando de ellos, ¿ha observado en estos años que los hombres se cuidan más?
Sí. Porque antes no me comentaban que se iban a hacer deporte, y ahora me dicen “venimos de nadar o correr, así que no nos ponga mucho…”. Pero los jóvenes, los mayores ya no. Si me pasa  a mí también (ríe), que ya me he aburrido de cuidarme…

¿Algún secreto confesable de comedor?
Sí, lo tenía que decir, aunque no sé si debo. Hay, precisamente, un señor que come muy poco y mira que le pego bronca, pero no me hace caso.

Por curiosidad, ¿recuerda cuánto valía el menú al principio?
Uf, no me acuerdo (pregunta a Menchu, que está sentada cerca). En torno a trescientas pesetas

¿Se nota la crisis en el número de comensales?
Sí. Antes teníamos noventa, y ahora hay días de cuarenta y cinco, todo lo más setenta. Muchos chicos vienen con las fiambreras, y eso se nota.

Cuénteme un día normal suyo de trabajo
Entro a las diez. Antes me iba al bar a hacer los bocadillos, pero ahora me quedo en el comedor, y hago las meriendas para los pequeñitos. A las once y cuarto, más o menos, hacemos las ensaladas y luego ya me bajo aquí a montar. Después sirvo la comida, recojo, friego el comedor, los cuartos de aseo… Y recojo los platos, friego los mostradores… hasta que sobre las seis me subo a fregar el comedor, y a casa a hacer la cena.
La conversación continúa con anécdotas como la de que Vicente Lozano, antes director del Colegio, continúa tomando el primer plato del menú de los niños, o las manchas para las que Carmen siempre tiene preparado el pulverizador “excepto si es una corbata, que deja cerco”. “Para mí, concluye, es como si ustedes fueran de mi familia, porque son casi 19 años juntos todos los días, de lunes a viernes”.

Y que sean muchos más.

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