Enviado especial en Madrid: Borja Gregori / Imágenes: J.J. Guillén/EFE
Tras su histórica visita al Congreso de los Diputados, León XIV ha visitado la Conferencia Episcopal Española, que este año cumple 60 años. El Santo Padre ha querido destacar que quería aprovechar la ocasión para reavivar la comunión, tal y como Jesús aconsejaba a sus apóstoles. Al igual que hizo en la Vigilia de los Jóvenes del sábado, el papa ha alentado a los obispos a ser capaces de reconocer la voz de Dios que habla a través de la comunidad eclesial, uno de sus valores fundamentales. “Es un diálogo fecundo que, como Iglesia, vais definiendo de distintos modos. Uno concreto, que podemos evocar, es el de los congresos que estáis realizando”, señaló.
León XIV destacó varias tentaciones durante el camino. “Una tentación en los viajes es la de obsesionarnos con lo que dejamos, los lugares, las cosas, las formas, sin abrirnos, en docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos. A esta tentación se añade la del equipaje, que, por parecidas razones, llenamos de cosas inútiles que terminan siendo un lastre. Por otro lado, no conviene tampoco olvidar algo que aprendemos de las vicisitudes de tantos emigrantes: una persona sola, sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega”, comentó.

También, y como ha ido recalcando a lo largo de todo su viaje, no dejó de lado el inmenso patrimonio cristiano de España. “Esta tierra tiene la enorme capacidad de convocatoria que esa riqueza nos proporciona: con su belleza, que llega hasta el no creyente, o con los vínculos de pertenencia que ha sido capaz de tejer en la identidad espiritual de cada rincón de este amado pueblo, y que permanece presente incluso en los momentos en que su fe vacila”, aseguró.
Por otro lado, quiso alentar la tarea del ministerio sacerdotal, afirmando que la vida sacramental va acompasando nuestra existencia como la de un niño que recibe el alimento de su madre o como la de un deportista que va midiendo las fuerzas necesarias para llegar a la meta. “En esta tarea, el ministerio del obispo asume una responsabilidad peculiar. Estamos llamados a ser principio visible de comunión, en primer lugar, de la comunión con Cristo, custodiando con amor la fe recibida, en docilidad a la Palabra de Dios y a la Tradición viva de la Iglesia; después, en la comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal, con el presbiterio y con la propia comunidad diocesana”, afirmó.

Asimismo, quiso destacar el papel fundamental de los seminaristas. “Los seminaristas tienen derecho a la mejor formación posible y la Iglesia, por su parte, tiene derecho a sacerdotes bien formados. El criterio para que los seminarios sean auténticas casas de formación es que aseguren una adecuada experiencia de vida comunitaria; que tengan formadores totalmente dedicados al estudio y la enseñanza, con experiencia en el acompañamiento espiritual”, aseguró León XIV. El pontífice también destacó que la Iglesia está llamada a reconocer estos anhelos, a escucharlos con respeto y a ofrecer, como Pedro y Juan al paralítico junto a la puerta del templo, aquello que verdaderamente puede sostener la vida de las personas.
Por último, animó a la Conferencia Episcopal Española a ser presbíteros que encuentren en el obispo no sólo una autoridad reconocida, sino un padre que les acompaña, y, en los otros sacerdotes, hermanos con los que compartir las fatigas y las alegrías de esta peregrinación llena de encuentros, en la que todos buscan a Cristo.



