Cruz Sánchez de Lara: “España tuvo un papel determinante en la creación de los Estados Unidos y aquí ha pasado inadvertido”

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Una entrevista de Alfonso Sanfeliu / Imagen: Espasa

La abogada y escritora almeriense Cruz Sánchez de Lara vuelve a publicar novela en Espasa, Las gobernadoras. Una historia en la que se recoge el papel determinante de España en la independencia de Estados Unidos a través de Luis de Unzaga, gobernador de la Luisiana española en el siglo XVIII y personaje clave en la gesta independentista, descendiente directo de la novelista. Una obra en la que Sánchez de Lara vuelve a dar voz y protagonismo a mujeres valientes y decididas que, desde los márgenes del poder, fueron determinantes para la independencia de Estados Unidos, cuya efeméride se ha conmemorado hace unos días. De todo ello conversó la autora con El Rotativo.

Cruz, arranco con esta reflexión y es que con las tensiones que ahora tenemos entre Estados Unidos y el gobierno español esta novela parece casi una provocación porque descubre el papel tan importante que tuvo España en la Independencia de EEUU cuyo 250 aniversario se ha celebrado, recientemente.

No lo habría dicho si tú no lo apuntas, pero es ahora cuando se cumplen 250 años de la independencia de Estados Unidos de los británicos y si te das cuenta, por un lado, Macron se está colgando todas las medallas porque ellos fueron los que también ayudaron en la independencia y, en cambio, nosotros no lo reivindicamos. Fíjate el monumento a Lafayette en Nueva Orleans y no se recuerda ni a Unzaga ni a Gálvez. En cambio, Macron ha hecho un despliegue de eventos y actos reivindicando el papel que tuvo Francia e incluso Carlos de Inglaterra -de quien se independizó Estados Unidos- también ha ido a allí a hacerse la foto. Nosotros ayudamos con dinero, con armas, con una red de información, con el espionaje, hicimos un trabajo espectacular y ni hemos aparecido por allí. A mí me da pena porque España tuvo un papel muy relevante, contribuimos de una forma determinante en la creación de los Estados Unidos y aquí ha pasado inadvertido.

¿Cómo llegas a la historia?

Cuando se empezó a hablar del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos se habló mucho de Gálvez y de su mujer que fue virreina, Felícitas de Saint-Maxent. Un día mi tía me mandó un artículo y me dijo «mira qué mujer tan interesante de la familia» y yo no sabía nada. A partir de ahí me puse a investigar y encontré que mi séptimo abuelo en línea ascendente era Luis de Unzaga, el gobernador de Luisiana entre 1770 y 1777. Un hallazgo así que te abre una historia desconocida… me puse a estudiar y me encontré con una historia fascinante. Luisiana era en aquel momento gobernada por España porque era una provincia española y me pareció una historia preciosa para contar y dar a conocer, pues en los colegios esto no se cuenta. La historia comienza en Málaga sigue en Aranjuez, en Cádiz y después tienes Nueva Orleans, México, es una historia apasionante.

¿Has escrito desde el amor, desde la reivindicación, desde la memoria recuperada?

Yo siempre escribo desde el amor, porque me parece que no hay mejor reivindicación que el amor. Cada uno tiene un concepto del amor, pero para mí el amor es decir siempre la verdad. Quien nos hace la pelota, nos engaña… esos perfiles no nos quieren mucho, por eso hay que creer en el amor, que en las familias se manifiesta de formas diferentes. En este caso es la historia de una madre que reivindica a sus hijas por qué no cuentan a sus hijos (los nietos) cómo ha sido la vida de la familia y lo que ha hecho por la Corona española. Reivindica que se cuente la historia y que lo conozcan los descendientes para que se sepa que han estado al servicio de la Corona. La novela recoge esas cosas de familia que duelen tanto y que son todas tan intensas, pero que forman parte del amor que se tienen los padres, los hijos, los hermanos. Me ha servido para construir una historia en la que también hubo traición, celos, guerra, batallas, hambre. He tenido la suerte de encontrarme con una historia que tiene de todo.

«Lo que estamos viviendo ahora es un mal ejercicio del poder, A mí eso no me gusta, porque creo que el ejercicio abusivo del poder es como cuando hablas de feminismo y creemos que feminismo es Irene Montero, no, poder no es Pedro Sánchez»

La protagonista vuelve a ser la mujer. Mujeres fuertes que aplicaron el poder blando frente al poder duro de los hombres…

Bueno, yo creo que es un poder con sonrisa. La estrategia de decir las cosas con una sonrisa y sin perder las formas, siempre funciona. Eran mujeres muy cultas, ilustradas y preparadas para ejercer el poder, pero, realmente, eran asesoras, eran las jefas de gabinete, porque, aunque fueran las señoras en los palacios, eran las que en la intimidad aconsejaban y conocían lo más interesante del poder que es la debilidad de los poderosos. Y ahí estaban ellas para aconsejar y buscar la parte buena de cómo hacerlo. Pero, además, eran las que albergaban en los sótanos de sus casas los víveres, las provisiones, las armas, a los informantes. Es muy interesante el papel de estas mujeres. Además, era un poder que también dependía de la posición social porque había mujeres en los burdeles que utilizaban el sexo como herramienta para obtener la información. Ahora nos creemos modernos, pero hace 250 años también había mensajes encriptados, redes de informantes en las que estaba involucrada también la iglesia, los curas… La historia retrata la historia de dos hermanas, una que acata el deber y tiene un sentido estricto del deber con una vida burguesa acomodada y, la otra era la rebelde porque había montado un salón ilustrado y había caído en desgracia. Teniendo, ambas, los mismos orígenes, la misma educación y formación, las decisiones de tu vida te van a llevar o al bienestar o al destierro más absoluto y la verdad es que ha sido un privilegio poder escribir esta novela.

¿Con cuál de los personajes te quedas?

Me parece que, con la creadora de la saga, la madre, Elizabeth. Una mujer ambiciosa que decidió que su familia era su patrimonio. Ella es el personaje más fuerte. Me quedo con el origen de la saga, Gilbert Antoine de Saint Maxent y con Elisabeth La Roche. Me parece que son dos personajes con una gran historia.

Hemos hablado del poder y del poder de las mujeres. ¿El poder se alcanza, se otorga, se conquista, se adquiere por la vía de la autoritas?

El poder te lo reconocen los demás. Lo que, habitualmente, llamamos poder es el ejercicio abusivo del poder, el abuso de los privilegios. Cuando hablo de poder me gusta el poder que los demás te conceden porque tienes autoridad para hablar del tema y ese tipo de poder me gusta porque crea el liderazgo y se da cuando hay gente que se dedica a alumbrar el camino en vez de a deslumbrar a los demás. A mí me encanta el poder de los que alumbran. Lo que estamos viviendo ahora es un mal ejercicio del poder que la gente está empezando a confundir con el poder. A mí eso no me gusta, no me gusta nada porque creo que el ejercicio abusivo del poder es como cuando hablas de feminismo y nos creemos que feminismo es Irene Montero, no, poder no es Pedro Sánchez.

¿Nos iría mejor si gobernasen las mujeres?

Depende de qué mujeres. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, no creo que sea un ejemplo y cuando Pedro de Sánchez se fue a reflexionar, a mí me aterraba la idea de tener como presidenta del gobierno a María Jesús Montero. Quiero que España tenga un día una presidenta del gobierno, pero no cualquier presidenta. Tiene que ser una mujer muy buena, porque cuando a nosotras nos dan el espacio -por primera vez- tenemos la obligación de demostrar que no es un error y se nos exige ejercer el poder con coherencia y rigor.

¿Crees que hay diferencia entre el modo en cómo ejerce el poder el hombre y cómo lo ejerce la mujer?

Sí, pero por una cuestión, porque nos han educado de manera diferente. Más allá de nuestras habilidades, el machismo ha sido muy cruel con las mujeres, pero también lo ha sido con los hombres porque les ha castrado las emociones y la posibilidad de disfrutar de algunas cosas de la vida. Creo que al igual que a nosotras nos han quitado la posibilidad de ocupar los lugares de poder y se nos ha relegado a un segundo plano, a los hombres os han castrado emocionalmente, aunque, afortunadamente, ya estamos resolviéndolo.

«La realidad supera la ficción y la política de este país supera cualquier panfleto, aunque lo que estamos viviendo es más de sainete, Es una vergüenza para todos y, sobre todo, no podemos dejarle esto a las nuevas generaciones»

Leyendo la novela parece que el ser humano replica muchas pautas de comportamiento, sea la época que sea…

Casi que sí. Estamos viviendo una época política en la que no llegamos al conflicto porque vivimos en el siglo XXI, pero esto que nos está pasando de la polarización, la corrupción, el robo a mano armada, la presión a los medios de comunicación que estamos viviendo y que no se vivía en España, es inaudito. Si hubiera escrito hace unos años una novela con la realidad actual, nadie lo habría creído, y habrían dicho de mí que se me ha ido la cabeza porque, realmente, es increíble. La realidad supera la ficción y la política de este país supera cualquier panfleto, aunque lo que estamos viviendo es más de sainete que de novela. Es una vergüenza para todos nosotros y, sobre todo, no podemos dejarle esto a las nuevas generaciones.

Cruz, para qué se escribe, ¿para huir de la realidad, de la actualidad o para reequilibrarnos del día a día?

Escribo, por el placer de escribir. Siempre he escrito desde que era pequeña. Es mi yoga, mi meditación, la forma de evadirme del mundo y conectar conmigo, es el único lugar del mundo donde mando. Tengo mucha fama de mandar, pero es mentira, el único sitio donde realmente mando es cuando me siento delante de mi ordenador y la gente dice lo que quiero que diga y se calla cuando quiero que se calle.

¿Te volveremos a ver, pronto, con una nueva novela?

Tengo una historia a medio escribir, pero ahora es el momento de dejar el libro a los lectores para que lo lean este verano y, después, ya veremos. Creo que -a veces- se infravalora el trabajo y la dedicación que implica una novela histórica y, en mi caso, esta historia me ha dejado exhausta porque no ha sido fácil escribir un trabajo así.

Muchas gracias, Cruz.

Gracias aquí, un placer, un abrazo muy grande.