Una entrevista de Alfonso Sanfeliu / Imágenes: NdeNovela – Planeta
La escritora Mayte Magdalena regresa al mundo literario con una nueva novela Vientos de ira, inspirada en la experiencia real de su padre, exiliado tras la Guerra Civil española. Ambientada en la posguerra, la novela recorre un país roto por el hambre, el miedo y la represión poniendo el foco en quienes intentaron sobrevivir cuando una guerra que ya había terminado. Tras su primer éxito literario con su novela Zapatos de lluvia, Mayte se consolida con Vientos de ira en NdeNovela-Planeta como una voz literaria, profundamente humana, dentro de la narrativa histórica contemporánea. De su nueva obra habló para El Rotativo, en una entrevista que le llevó hasta Valencia en plena vorágine promocional.
Mayte, con Viento de ira en NdeNovela en Planeta publicas su segunda novela. Una nueva novela sobre la Guerra Civil española en la que no hablamos de vencedores ni vencidos sino de mujeres silenciadas que también escribieron nuestra historia.
Yo no he querido hacer un libro de guerra, sino de personas. Unas personas que, en un determinado momento, vivieron una circunstancia muy difícil, muy dura, como es la guerra. Cuando empecé a pensar en la novela me di cuenta que había una parte de la población de la que nunca se había hablado porque siempre se ha considerado que las mujeres tenían la obligación de estar y estar ahí, en silencio. Y como es una obligación, no había que hablar de ello, porque cuando tienes una obligación la haces y punto. Estas mujeres no tenían ninguna obligación, pero se la impusieron y como hay muy poca literatura sobre cómo sobrevivieron esas mujeres a la guerra y la posguerra he centrado mi historia en ese enfoque.
Con la perspectiva del tiempo qué cree que fue más dura, ¿la guerra o la posguerra?
No sé qué decirte, porque la guerra fue dura, pero fue más corta. La posguerra fue mucho más larga y había muchas menos posibilidades de salir adelante. La guerra en la posguerra trajo consigo miseria, hambre, unos vecinos contra otros, miedo, no sabría qué decirte porque fue muy larga y dura. Y en esas circunstancias los instintos más básicos para sobrevivir afloraron, sobre todo por la desigualdad que había entre los que habían ganado y los que habían perdido porque siempre estuvo la mentalidad de que unos tenían las de ganar siempre y los otros tenían las de perder. Creo que la posguerra fue muy dura, muy dura para los hombres, pero durísima para las mujeres.
Si se superó, ¿fue por la fortaleza de las mujeres?
Yo creo que, en gran medida, sí, porque pienso que las mujeres tienen un componente emocional grande porque al haber visto perder a maridos, a hijos, a padres, al final hacen un esfuerzo para seguir adelante y ese odio visceral que pudieran tener, lo cambian por la necesidad de vivir y sobrevivir.
¿Tiene algo de autobiográfico su libro?
Ha sido el intento de traer el recuerdo de mi familia para que no se olvide.
«Una situación como es la de estar condenado, la pasas pensando en tu familia, en tus hijos, eso era lo que le mantenía con vida y es lo que le impedía darse un tiro»
Esa memoria no es la memoria histórica que nos han contado o nos quieren contar, ¿no?
El problema de la memoria histórica es que la memoria histórica debe ser la memoria objetiva de lo que pasó. En cuanto tú le metes el sentimiento, el odio, esa memoria histórica ya no es objetiva. No podemos estar viviendo en la época en la que Napoleón llegó a España y seguir viviendo en ella. Hay que vivir en él hoy. Estoy de acuerdo en que se tiene que mantener una memoria para que no vuelva a pasar y sepamos que lo que pasó fue una atrocidad, fue una locura en la que las armas superaron a todo y el odio superó a todo, pero hay que evitar que eso vuelva a pasar.
¿Qué es lo que tendríamos que aprender de su novela?
Creo que lo más importante de mi novela es que me he colocado en los zapatos de los personajes y he intentado ponerme en su pellejo. He intentado empatizar con ellos y hacerme una idea de lo que sentiría con lo que a ellos les ocurre. Por eso digo que no es un libro de guerra.
Qué cree que fue más duro, ¿el exilio, las represalias, el hambre, el abandono?
No sé muy bien que decirte. El problema del hambre es instintivo y sí que fue uno de los mayores problemas de la posguerra. Mi padre aún recuerda la sensación de tener siempre hambre y estar todo el día maquinando para ver cómo conseguía algo para comer. Tuvo que ser durísimo, pero igual de durísimo fue todo lo demás. También fue duro tener que coger a tu familia y tomar la decisión de cruzar andando los Pirineos sin saber dónde vas a llegar. Por otro lado, las personas que se habían quedado en la península, refugiados y demás, tenían la sensación de que se habían equivocado con la decisión. Creo que todas estas opciones eran malas porque estaba así de organizada la vida.
Estamos hablando de la posguerra a la que le siguió una dictadura. Imagino que también habrá escuchado muchas veces aquello de que con Franco se vivía mejor. ¿Usted lo cree?
Yo he vivido con Franco cuando era un bebé y no puedo decir nada. Históricamente me parece que es una falta de criterio, porque lógicamente una dictadura per se significa falta de libertad. Cuando una mujer tiene que pedir permiso a su marido para abrir una cuenta y no puede sacar dinero si no firma su marido, pues muy bueno no es. Creo que lo que falta es información y para hablar de algo, primero hay que estudiar ese algo y después opinar con fundamento. Estudia, infórmate y después fórmate una opinión con espíritu crítico.

¿Qué le ha aportado a usted la novela?
Me ha permitido conocer a estas mujeres de la posguerra, fuertes, valientes, sacrificadas. Mujeres que superaron situaciones más graves que las recogidas en la novela, que luchaban, que protegieron a sus maridos, que tiraban de la casa. Me quito el sombrero delante de ellas, porque hicieron cosas increíbles. Mujeres que cuando volvieron sus maridos se fueron a la retaguardia de nuevo a cuidar de hijos, del marido, con una gran capacidad de adaptación. He aprendido que el amor es la esperanza porque en todos los casos que conozco todo salía adelante por amor. Todas esas historias me han llamado muchísimo la atención y me han aportado mucho.
Al hilo del amor y la esperanza, Víktor Frankl en El Hombre en busca de sentido retrata su supervivencia en el campo de concentración nazi gracias al recuerdo de su mujer y sus hijos.
Porque es así. Mi abuelo, que estuvo condenado a pena de muerte, solamente basaba su vida en dos pilares, uno era el tabaco que le llevaban y el otro era su familia. Una situación como es la de estar condenado, la pasas pensando en tu familia, en tus hijos, eso era lo que le mantenía con vida y es lo que le impedía darse un tiro. Creo que el amor, en todas sus formas, es la esperanza y ese era el hueco que quedaba para ellos, con una vida muy difícil, con muchísimos problemas y situaciones muy precarias. Al final, había alguien a quien amar.
¿Había lugar para la trascendencia? ¿Podía haber fe?
También lo había, porque además la fe es algo que sustenta a un tipo de personas. La fe en el ser humano y la gente con fe sí que la había. Por ejemplo, el personaje de Pablo, en un primer momento quiere hacer el bien y se refugia en la religión, pero después su propia experiencia y crecimiento lo va situando en otros escenarios donde sigue queriendo hacer el bien, pero de otro modo, yéndose a las antípodas de la fe, pero siempre queriendo hacer el bien. A pesar de ese comunismo raro que termina teniendo Pablo, él nunca pierde la fe, esa fe en un Dios o en alguien superior.
¿Pablo está inspirado en un caso real?
Mi abuelo estuvo en el seminario y acabó siendo una persona con ideas comunistas. Por eso digo que conozco muy bien casos en los que queriendo hacer el bien uno puede evolucionar desde una posición a otra teniendo el mismo fondo u objetivo, ayudar al otro.
«La gente está muy harta de todo y sigo pensando que la gran mayoría de la gente lo que quiere es vivir en paz, porque son buena gente»
¿Con que nos tenemos que quedar incluso de la posguerra, ya no solo para no repetirlo, sino algo positivo que se pueda adaptar a la actualidad?
Creo que debemos quedarnos con la potencia y la capacidad del ser humano para adaptarse a cualquier situación por complicada que sea. El ser humano es capaz de lo mejor y capaz de lo peor, pero en situaciones límite hay personas capaces de hacer cosas increíbles. Hubo gente que cuidó, que protegió, que ayudó, es muy importante que sepamos que esa esperanza también venía por ese lado. Venía de la capacidad del ser humano, porque somos capaces de muchas muy buenas.
Eso sería positivo para una sociedad tan individualista como esta.
Por eso es importante libros que cuenten y ensalcen este tipo de cuestiones. Me parece que son fundamentales, porque nos movemos en la inmediatez y la individualidad, y creo que es necesario aprender a convivir y a empatizar con el que tenemos enfrente. Tú puedes pensar una cosa y yo otra, la podemos hablar y a pesar de poder seguir en desacuerdo porque no nos hemos convencido sí que podemos seguir siendo amigos. La gente está muy harta de todo y sigo pensando que la gran mayoría de la gente lo que quiere es vivir en paz, porque son buena gente. Todavía confío en la humanidad.
Aquel que no se haya acercado a su obra, ¿cómo quiere que se acerque?
Que se acerque sabiendo que va a encontrar emoción y sentimientos y que se acerque sin prejuicios.
¿Se encuentra trabajando en una próxima historia?
Si te dijera algo, te mentiría. Tengo cosas escritas, pero no sé si verán la luz, porque yo escribo por gusto, por placer, no pensando en publicarlo. Por eso no sé si algo de lo que tengo puede interesarle a la editorial. No te puedo decir nada, porque no sé nada.



