Fernanda Trías: “La literatura comercial es ausencia de complejidad”

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Una entrevista de Laura Fargueta / Imágenes: Getty Images – Peguin Libros

La escritora uruguaya Fernanda Trías ha construido, a lo largo de sus veinticinco años de trayectoria profesional, una obra marcada por la exploración de la intimidad, el cuerpo y la memoria. Autora de obras como Mugre rosa, con la que obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz y el Premio Nacional de Literatura de Uruguay, su escritura se ha movido con naturalidad entre la novela y el relato corto. Ha sido traducida a más de una veintena de lenguas, cuenta con un máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York y compagina su carrera de escritora con su trabajo como docente en la Universidad Nacional de Colombia. En Miembro fantasma, su nueva antología, reúne una serie de relatos atravesados por una misma idea: la de esas ausencias que persisten, esos “miembros fantasma” que siguen doliendo incluso cuando ya no están.

El nexo de esta antología es el Miembro fantasma que le da título y que también da título a uno de sus relatos. ¿Qué significado tiene esta alegoría?

Estos son cuentos de personajes: los personajes sienten, piensan, viven y experimentan. En torno al concepto del miembro fantasma, lo que quería explorar es cómo transitamos todas esas emociones que no tienen nombre, cómo nos reconstruimos a partir de ausencias que siguen sintiéndose dolorosas o presentes, cómo atisbamos dentro de la oscuridad del alma. Toda esa complejidad de la existencia es lo que yo quería abordar.

Eres una escritora de personajes, más que de trama. ¿Cómo construyes a esos personajes para dotarlos de un carácter propio?

A mí lo que me importa es que cada personaje se sienta vivo, que se sienta como una persona con la que te podrías cruzar mañana caminando por la calle. Que sea tridimensional en lugar de una caricatura. Si nos ponemos a analizarnos, con lupa, vamos a encontrar que somos un cúmulo de contradicciones que a veces no sabemos ni por qué hacemos las cosas que hacemos y a veces creemos que hacemos algo porque queremos y después descubrimos que no queríamos. Para mí, construir personajes realmente verosímiles y que se sientan humanos implica ir trabajando esas capas de contradicción.

«Son muchas las maneras de escapar de la realidad para no enfrentarnos con lo que nos está manteniendo despiertos, con lo que nos produce ansiedad»

La mayoría de estos personajes son mujeres, muchas de ellas enfrentan su dolor anestesiándose emocionalmente, a través del alcohol o de otras adicciones. ¿Crees que en la sociedad moderna tendemos a enfrentar nuestro sufrimiento de esta manera?

Nos anestesiamos de múltiples maneras, no sólo a través del alcohol o las drogas. Evadimos la realidad mediante las redes sociales, nos quedamos en el teléfono pasando reels durante horas en lugar de tener una conversación significativa, en lugar de leer o de utilizar ese tiempo para aprender algo. Muchas personas me han explicado que España es uno de los países con mayor consumo de somníferos. Hay otras maneras: tomar medicamentos para la ansiedad o para dormir. Son muchas las maneras de escapar de la realidad para no enfrentarnos con lo que nos está manteniendo despiertos, con lo que nos produce ansiedad. En realidad, es algo completamente común. Pero lo que me interesa en los cuentos no es tanto el gesto de hacer eso, sino explorar qué es lo que hay debajo, qué es lo que esconde cada personaje.

¿Crees que todas las personas tenemos un miembro fantasma?

Sí, yo creo que hay que ser muy joven para no tener ningún miembro fantasma. En la medida en que vives, algún miembro fantasma va a estar presente incluso si es a través de las heridas históricas que nos constituyen. Incluso aunque no hayas participado de ello, incluso aunque nadie en tu familia se haya visto afectado directamente, es inocente e ingenuo pensar que todas esas heridas que se encuentran en el tejido social no han tenido algo que ver con la manera en que hoy actúas, piensas y sientes.

¿Cómo trabajas el proceso de escritura de los relatos y en qué se diferencia este proceso de la manera en la que trabajas una novela?

En las novelas no parto de una línea argumental básica, sino de sensaciones, imágenes o de ciertas ideas que tengo. Es un trabajo un poco más de arqueología. Con los relatos realmente es una sensación, un trabajo de construcción. Pero, en general, parto de una trama básica. Pienso, por decirte, en el relato Ciclón: una mujer mayor recibe una llamada de que su amiga de la infancia se está muriendo y tiene el deseo de verla, a pesar de que llevaban muchos años distanciadas. Esa es una línea argumental muy esquemática. A partir de ahí, empiezo a construir cuáles fueron los conflictos que las alejaron, en qué se convirtió una, en qué se convirtió la otra. Poco a poco voy armando ese nudo afectivo.

¿Cuáles han sido tus principales influencias literarias en la escritura de esta antología?

Creo que mis relatos tienen una influencia de la tradición del relato de personaje, que suele ser una tradición muy anglosajona. Grandes escritores de Estados Unidos que son importantes por su trabajo específico del género del cuento, como John Cheever, Salinger, Flannery O’Connor o Raymond Carver. Luego, otros más contemporáneos, como Denis Johnson o Amy Hempel. Hay dos cosas que me gustan de los escritores de esa tradición anglosajona: por un lado que son muy experimentales con la forma, y por otro, que trabajan muy hondo en el conflicto de los personajes. Alice Munro mismo, la premio Nobel canadiense, es una escritora impresionante: un solo cuento suyo parece que cuenta una vida entera.

He leído en alguna entrevista que rechazas el término ‘nuevo boom latinoamericano’ para referirse a la nueva hornada de escritoras de Latinoamérica, como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda… ¿A qué se debe este rechazo al término?

No soy yo la única que lo rechaza. El boom latinoamericano, el original, fue un movimiento del mercado editorial absolutamente masculino, que invisibilizó a un montón de escritoras mujeres. Yo misma hice el ejercicio de buscar a escritoras latinoamericanas: puedo asegurar que hay suficientes como para formar una generación y hablar perfectamente de otro boom. Se podría haber dicho que el boom de las escritoras fue en esos años. Esa idea de que el boom de las escritoras es ahora trae implícito que antes no había mujeres que escribiesen.

«Para mí, construir personajes realmente verosímiles y que se sientan humanos implica ir trabajando esas capas de contradicción»

Tu estilo se desmarca mucho de las tendencias en la literatura comercial. ¿Cómo conviven literatura comercial y literatura experimental en un mercado editorial que aboga más por lo primero?

Siento que a los lectores que les interesa leer literatura van a buscar libros que propongan complejidad. Realmente, la literatura comercial es ausencia de complejidad, es la simplificación de la trama, de los personajes, del estilo. Lo más simple es lo más digestivo. Es fast food. Pero al mismo tiempo, convive con una cantidad de gente a quienes no les interesa comer fast food, que prefieren una experiencia culinaria, estética y literaria. Confío en que, honestamente, avancen paralelos, en el sentido de que no creo que quien disfruta de la literatura comercial algún día vaya a interesarse por la otra, pero tampoco a la inversa. Son públicos diferentes. No quiero que se confunda la complejidad como sinónimo de que algo sea de difícil lectura. En mi caso, me esfuerzo mucho porque mi escritura sea límpida, que fluya y resulte sensorial. No me interesa una escritura extremadamente cerebral o intelectual, pero sí hay en ella una elaboración del lenguaje, un juego poético y una cierta complejidad a nivel de personajes.

¿Qué próximos proyectos podemos esperar?

Estoy escribiendo algunos textos de no ficción sobre la escritura creativa, sobre el oficio de escribir y el proceso creativo. Es posible que sea lo próximo que publique mientras me embarco en otros proyectos de ficción.