Mari Pau Domínguez da voz a las mujeres olvidadas del siglo XVIII en ‘Las arrepentidas’

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Una entrevista de Lola Caballer / Imágenes: Espasa y Ayuntamiento de Madrid

La reconocida periodista y escritora española Mari Pau Domínguez ha combinado a lo largo de su carrera el rigor del periodismo con la sensibilidad narrativa de la ficción. En sus obras ha explorado distintas épocas y personajes que han marcado el curso de la historia española. En su última novela, Las arrepentidas, parte de un hallazgo histórico: la existencia real de la Casa del Pecado Mortal en el Madrid del siglo XVIII, una institución poco conocida que la autora recupera con un relato emotivo y documentado, dando voz a las mujeres que quedaron atrapadas en sus muros.

¿Cómo nace Las arrepentidas? ¿Cuál fue el momento en el que pensó que debía contar esta historia?

Descubrí la existencia de la Casa del Pecado Mortal en Madrid al documentarme para otra novela y me llamó muchísimo la atención. En un primer momento pensé que se trataba de una leyenda, como tantas que rodean al Madrid antiguo, pero no fue así: era una casa muy real. Incluso se siguen conservando fotografías, dos del exterior y una del interior, aunque hay muy poca información. Me pareció algo tan increíble que supe que, en algún momento escribiría esta historia. El propio nombre ya impone.

¿Cuál es la historia de la Casa del Pecado Mortal?

La Casa del Pecado Mortal estuvo durante varios siglos regida por una hermandad. Fue fundada a mediados del siglo XVIII por Felipe V bajo el nombre de Real Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza y Santo Celo de la Salvación. Su cometido era encerrar allí, en contra de su voluntad, a mujeres que se habían quedado embarazadas de manera “indebida”.

¿Cuál era el verdadero objetivo de esta casa?

Las mujeres eran recluidas por los propios maridos, padres o hermanos, especialmente cuando se trataba de mujeres de la alta sociedad, para evitar la mancha que el embarazo suponía a la familia. Allí daban a luz y después regresaban a su vida como si nada hubiera ocurrido. El embarazo no había existido oficialmente y, en consecuencia, tampoco las criaturas. Todo se basaba en la más absoluta clandestinidad.

La protagonista, Carlota, es marquesa, ¿existía diferencia de clases?

Sí, existía diferencia de clases. Carlota es marquesa y muy joven: tiene 21 años, aunque en aquella época era normal ya estar casada a esa edad. Dentro de la casa se reproducía el mismo esquema de clases sociales que existía en el exterior. Las mujeres de clase alta -a diferencia con las de clase baja- tenían su propia habitación y, al menos, contaban con cierta privacidad. Deambulaban por la casa con el rostro cubierto por un velo para no ser reconocidas ya que eran mujeres importantes en la ciudad y el anonimato era, fundamental, para que el encierro cumpliera su objetivo. Sin embargo, no podían hablar entre ellas. Imperaba una prohibición absoluta de comunicación. Pasaban meses aisladas, sin poder dirigirse la palabra, sin contacto alguno, deambulando como almas en pena, como fantasmas.

¿Cree que esta persecución se sigue dando hoy en día en otros países?

En nuestra sociedad es impensable que ocurra algo así, aunque hay comportamientos que se prolongan en el tiempo. España ha avanzado muchísimo; hubo un tiempo en el que la mujer no podía ni abrir una cuenta corriente ni trabajar libremente. Sin embargo, si miramos a otros países, como Irán, sí encontramos situaciones de represión a la mujer.

¿Cómo era la vida de estas mujeres aquella casa?

Cuando salían, su vida continuaba como si nada hubiera ocurrido. Oficialmente, nada había pasado. Volvían a sus casas y el trato era el mismo que antes de entrar a aquel oscuro lugar, ya que todo debía mantenerse bajo la más estricta normalidad y discreción.

¿Y en el caso de la protagonista?

En el caso de la protagonista, Carlota, la experiencia la transformó profundamente. Cuando regresa ya no conoce ese lugar como su hogar. Lo vivido en la Casa del Pecado Mortal ha sido un trauma muy grande. Además, el hijo al que dio a luz se lo habían arrebatado, aunque quizá ella lo hubiera querido. Esa herida marca un antes y un después de su vida. Carlota sigue enamorada del hombre al que ama, un amor que dio fruto a ese niño. Cuando su esposo descubre que ese sentimiento continúa vivo, decide castigarla de nuevo. Quiere “matarla en vida” y la envía al destierro para poner fin a ese amor. Para ella es muy duro estar enamorada de alguien del que no puede estar y la envía al destierro para poner fin a ese amor. Fue muy apasionante escribir ese giro de los personajes e ir observando como evolucionaban.

El Madrid de la época también es muy relevante en la historia.

Sí. Es parte esencial de la historia ya que permite mostrar esa realidad social que existía entonces y que hoy en día resulta difícil de imaginar. Pensar que en esas calles tan concurridas como las del centro de Madrid ocurrían tales situaciones resulta impactante.

Y, sin hacer spoiler, ¿cómo continua la historia de Carlota tras irse de su casa?

Su destino la lleva primero a Andalucía donde le destierra su marido, tras esto, un hombre le ayuda a huir hacia el norte hasta Cangas de Onís. Nunca había estado allí, pero al ir me llevé una grandísima sorpresa y me causó un gran impacto ya que comprobé que era el lugar adecuado para Carlota.

La novela mezcla distintos géneros.

Es una novela en la que priman las emociones, pero también hay historia, amor, renuncias, aventuras e incluso algún tinte de novela negra. Mezclar géneros me ha permitido llegar a un público más amplio y que la trama sea mucho más intensa.

Las arrepentidas, ¿se considera un homenaje a las mujeres rebeldes?

Sí. Creo que hubo miles de mujeres que llevaron a cabo pequeñas revoluciones personales, sin estar amparadas por nadie. Es un homenaje a esas mujeres que lucharon por mantener su identidad.

Tras contar una historia tan dura, ¿qué ha aprendido al escribir esta novela?

He aprendido que solo tenemos una vida y debemos vivirla plenamente. Como digo en la dedicatoria, nuestra segunda vida empieza cuando nos damos cuenta de que solo hay una. Es un aprendizaje vital muy importante: debemos de aprovechar la búsqueda de la felicidad pese a los obstáculos.