Luis García Jambrina (escritor): “No me gusta planificar la novela, prefiero escribir sin saber que voy a contar”

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Informa Sara Pastor / Imagen: Planeta Libros

El escritor de El Manuscrito del aire y El Manuscrito de piedra, Luis García Jambrina, vuelve con una nueva novela en Editorial Planeta, El Manuscrito de Barro’. Una historia en la que el autor nos sumerge en el Camino de Santiago de 1525 con personajes históricos como Fernando de Rojas. El novelista zamorano ha conseguido, con este último trabajo, trenzar una novela detectivesca con acontecimientos históricos españoles en una trama que nunca pierde su interés.

¿Qué le ha llevado a crear una nueva novela en la que Fernando de Rojas vuelve por quinta vez a ser el protagonista?

El personaje es el que ha ido tirando de mí. En principio, cuando estaba terminando la primera novela, me planteé la posibilidad de hacer una tetralogía. Pero cuando estaba por la tercera y la cuarta vi que todavía daba juego y me planteé seguir la serie y consagrarla como una saga literaria. El personaje de Fernando de Rojas tiene mucha fuerza y mucho que contar. Además, es una época crucial para la historia de España. Por eso, escribo novelas de intriga porque gracias a ella puedes enganchar al lector y hacerle que tenga ganas de saber cosas.

Toda novela, toda historia, es un medio mediante el cual el escritor siempre quiere compartir con sus lectores pensamientos, reflexiones, vivencias… Más allá de la historia de misterio que descubrimos en ‘El manuscrito de Barro’, ¿el lector debe descubrir otras cuestiones que el escritor ha ido compartiendo a través de sus personajes, de las acciones y de las historias?

Efectivamente. Al final lo de menos es la intriga, aunque es fundamental porque es el eje de todo. Con un lugar, un espacio, un escenario como el Camino de Santiago y todo lo que lleva asociado, hay mucho que contar. Yo siempre quiero que lo cuenten los propios personajes y que sean cosas que salgan al hilo de la trama.

En esta nueva novela Fernando de Rojas es el protagonista, pero no cabe duda que otro protagonista es el Camino de Santiago. ¿Por qué tomar esta ruta como escenario para esta nueva historia?

El Camino de Santiago es una idea y un concepto que me parece muy importante y atractivo. Tiene una dimensión religiosa en búsqueda de lo sagrado, de lo transcendente. Es un camino de renacimiento, de transformación, de búsqueda… Pero en él se mezclan muchas cosas que van más allá de lo religioso. Es un camino de penitencia, un camino que termina en la catedral de Santiago, que va en busca del sepulcro…. Aunque en realidad, no deja de ser un pretexto para movilizar a -tantos y tantos- peregrinos que luego tienen sus diferentes motivos. Como escenario e idea me parecía fascinante y la prueba está en que se ha escrito mucho sobre él.

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¿Por qué escribir del Camino de Santiago en el siglo XVI?

El camino ha sido un motor de desarrollo muy grande para la península y para Europa en general. Tuvo una función muy importante en la Edad media -cuando nace- porque integró la península ibérica dentro de Europa. Una vez acaba la reconquista, aparece esa voluntad de integrarlo, y la unidad la da el catolicismo. Y ese es otro de los motivos del camino. Ir integrándolo todo, hasta llegar al extremo occidental. Yo quería hablar de todo esto, pero en un momento muy determinado como es 1525. Es un momento de cambio, de transición, a caballo entre la Edad media y la Edad moderna. Y todo confluye porque ahí están nuestros orígenes. Por el camino circulan todas las ideas, los movimientos artísticos, arquitectónicos, la literatura, las costumbres… Quiero hacer partícipes a los lectores de todo esto.

En ‘Manuscrito de barro’ centra la historia en torno a una serie de asesinatos que ocurren en el camino de Santiago en pleno siglo XVI. ¿Ha sido su novela más exigente a la hora de crearla por la época y lo que el Camino de Santiago significa en su momento, la historia, los personajes…?

Es la primera vez que me lo preguntan, pero sí, es muy exigente porque se trataba de ir entrelazando muchas cosas diversas y buscar un equilibrio. El problema de la novela histórica y de intriga es dosificar su contenido y que haya un equilibrio. Eso es muy complicado, pero me gusta lanzarme al camino y ver qué pasa. He tenido novelas más complicadas desde el punto de vista de la estructura. Para mí era un reto importante hacer una novela sobre el camino porque he intentado ofrecer una mirada inédita. Y en cuanto a la investigación, ésta se va haciendo sobre la marcha, porque ya no es la típica investigación en un lugar, en un escenario… porque hay que conseguir que la intriga vaya evolucionando.

Junto a Fernando de Rojas otro coprotagonista es Elías Do Cebreiro, contrapunto al primero, y curiosamente -a pesar de ser clérigo y archivero de la catedral- es un hombre atraído por lo mágico, por lo sobrenatural… Parece que con este tándem se contrapone la razón, la fe, lo oculto…

El personaje de Elías nace por la necesidad de que Rojas, como es tradicional en la novela detectivesca, tenga un ayudante y no hay nada mejor que este clérigo, que además ha hecho muchas veces el Camino de Santiago. Pero, también estaba la idea de convertirlo en un contrapunto de Rojas, esas dos visiones contrapuestas del mundo sobre la religión, sobre el camino…

¿Está inspirado en algún personaje histórico?

Elías Do Cebreiro es la imagen de Elías Valiña, el párroco de O Cebreiro. Valiña es el que recuperó el camino en la segunda mitad de los años 60. Un momento en el que la peregrinación había prácticamente desaparecido y eran muy pocos los que la hacían. Él fue el que pintó las famosas flechas amarillas y el que lo relanzó con la ayuda de Manuel Fraga como Ministro de Turismo. Durante ese periodo de tiempo se volvió a una de las etapas de oro del Camino de Santiago. Para construir la relación entre los dos, me inspiré mucho en la relación de Don Quijote y Sancho Panza.

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En algún personaje de los que transitan por la novela, ¿descubrimos el alter ego de Luis García Jambrina?

Puede que sí. Para algunas sí que he echado mano de todo, también de mí mismo. Es verdad que he puesto muchas cosas mías en el personaje de Rojas, en ésta y en las demás novelas. Y he metido a un antepasado mío que no aparece como personaje, pero sí que ha ido dejando su impronta. Pero un personaje en concreto, este caso, no. En Rojas sí que hay rasgos míos porque es una relación de mucho tiempo y lleva mucho de mí.

¿Planifica mucho sus novelas?

No me gusta planificar la novela, prefiero escribir sin saber que voy a contar. Me gusta escribir sin saber qué voy a contar, quién es el asesino… Me gusta ese elemento un poco azaroso y casual que te lo va brindando conforme vas escribiendo. Mientras estás escribiendo te va tirando por un sitio, por otro… vas documentándote y vas descubriendo cosas que enseguida quieres meter en la novela. Precisamente, la novela que me costó más era porque era planificada, y a mí me gusta lanzarme al camino y ver qué pasa.

Finalmente, ¿qué significa para usted escribir?

Para mí, la escritura no es un oficio ni un sacrificio ni una penitencia. Intento disfrutar mucho con la lectura y la documentación. Intento que el lector disfrute también con la escritura y tenga esos elementos como la intriga o las emociones de los personajes para querer seguir leyendo. No se trata simplemente de dar información o de contar cosas, sino de desarrollar unos personajes y de visualizar lugares concretos.