Elvira Roca: “Hay una huida hacia adelante, desquiciada y cortoplacista. Hay una actitud política infantil”

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Redacción: Jaume Gascó / Imágenes: ASF

La filóloga y doctora en Literatura Medieval Elvira Roca lo ha vuelto a hacer. Tras convertirse en todo un suceso literario con su éxito Imperiofobia y la leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español, este año ha logrado el Premio Espasa con su obra Fracasología. España y sus élites: de los afrancesados a nuestros días. Un trabajo, no exento de polémica, que le ha supuesto una tournee por España con parada en Valencia que sirvió para que pudiésemos conversar con la autora en torno a su libro, a los complejos que tienen las élites españolas y a la situación política actual de nuestro país.

Elvira, en Imperiofobia abordó cómo se gestó la leyenda negra del Imperio español y de otros imperios. Ahora en Fracasología sigue adentrándonos de una manera objetiva en las razones por las cuales ha calado tanto la llamada hispanofobia, ¿no?

Efectivamente he intentado explicar en este ensayo por qué en las élites políticas e intelectuales españolas siempre ha habido un grupo, desde el siglo XVII, que asumió el argumentario de la hispanofobia o de la leyenda negra. Esa idea de la España de la Inquisición, atrasada, anómala, catastrófica, fracasada. Intento explicar por qué surge este grupo, se afianza en las élites españolas del siglo XVIII y ha tenido continuidad hasta ahora.

¿Cómo se puede definir la hispanofobia?

Rafael Altamira afirmaba que la hispanofobia fue una herramienta de guerra contra la hegemonía española y como arma de guerra existía y sigue existiendo. Se trata de un argumentario que está ahí y que sirve para culpabilizar al enemigo de tus males. Todo el que necesita un enemigo al que culpabilizar acude a esta herramienta, ya sea dentro o fuera de su territorio. Por ejemplo, ahora en California hay un grupo denominado Non-Hispanic whites (Blanco no hispano) que necesita construir un relato para explicar la desaparición de las poblaciones indígenas sin tener que ponerse ellos en cuestión. De este modo, se recurre a demonizar a un enemigo externo y en este caso se recurre a la leyenda negra española volviéndonos a culpabilizar. Ahora mismo en California se han concedido tres millones y medio de dólares a la Universidad estatal para que estudie las misiones franciscanas desde el punto de vista indigenistas. Imagínate cómo va a quedar la historia de las misiones españolas cuando termine la investigación. En cambio, nadie estudia que sucedió con esas poblaciones indígenas después de 1848, una fecha que es realmente cuando tras el tratado de Guadalupe Hidalgo ese territorio se incorpora a los Estados Unidos y desaparecen estas poblaciones.

¿Por qué se escogió a los españoles como chivos expiatorios?

Porque lo necesitan. En nuestro caso, si los americanos le cuelgan el muerto al Imperio español, Estados Unidos no tiene que explicar por qué los indígenas desaparecieron bajo dominios americanos. Si echan la culpa al Imperio español a nadie le extraña porque el argumentario contrario a nosotros lleva construido hace siglos aunque en el caso de California la desaparición de los pueblos indígenas es tan reciente en la historia que es complicado de esconder. En Fracasología, por ejemplo, aporto un Bono de Estado con el que se pagaba cacería de indígenas pero, aún así, ellos quieren investigar las misiones españolas… Es más fácil adoptar esta leyenda negra y la hispanofobia como arma de guerra para culpabilizar a un enemigo externo que asumir los hechos. Con este relato se exculpa al blanco anglosajón protestante de Estados Unidos.

Esta hispanofobia ¿se da también en España?

Se da. Hay un momento en nuestra historia reciente en el que se afianza el régimen autonómico y, a partir de ahí, cada región de nuestro país empieza a construir un relato destacando su hecho diferencial con respecto a otros territorios. Esta exaltación del hecho diferencial exige buscar contra quien nos diferenciamos y, en nuestro caso, es España la que se convierte en la invasora que ha impedido que esa región desarrolle su propia idiosincrasia. Construyen un relato en el que su identidad -que era estupenda y maravillosa- ha sido aplastada por España. Esto es lo que te encuentras en todas las regiones de España ahora mismo, Valencia incluida, y alcanza unos paroxismos en determinados territorios y en otros se vive con un poco más de suavidad. Ahora no encuentras ni una sola región española que no esté construyendo un relato de su agravio diferencial y ese agravio diferencial naturalmente necesita de la hispanofobia para nutrirse. Ahora hemos construido una situación política en la que no se da prioridad más que a aquello que nos diferencia y si no nos diferenciamos suficiente lo vamos a inventar, a construir, lo vamos a desarrollar.

Hablamos del nacionalismo catalán…

(Interrumpe) No vamos a hablar del nacionalismo. Yo no hablo del nacionalismo catalán. Tengo una objeción de conciencia porque creo que ocupa demasiado espacio en nuestras vidas y ellos se alimentan de eso. Hay que hablar de otras cuestiones porque este país es mucho más que eso.

Retomando su razonamiento y atendiendo a nuestro país, parece que un efecto de esa hispanofobia interna ha tenido como resultado la irrupción de un partido como Vox que abandera la defensa de la patria, del país, de la historia.

Vox acaba de aparecer. No tiene pasado y, hasta el momento, solo tiene declaraciones y juicios de intención, con una puesta en escena folclórica y patriótica. Yo no sé cuánta seriedad va a incorporar a su discurso político. Hasta que no se normalice su situación no sabemos lo que van a hacer. Pero si nos fijamos, ni Vox ni nadie propone de una manera abierta una modificación inteligente y consensuada del régimen de las autonomías. Ahora hace falta una segunda Transición y esa segunda Transición tiene que hacerse en base a un consenso sin agrandar el culto al hecho diferencial que nos aboca al desmembramiento del Estado. Queda muy poco para desmembrarlo y es evidente que no se está actuando con inteligencia política, ni en la derecha ni en la izquierda ante los problemas que tenemos. Hay una huida hacia delante, desquiciada y cortoplacista de lo inmediato. Hay una actitud política infantil y escapista. Una manera de no enfrentarse a los problemas graves que realmente tiene el país sin ni siquiera haber propuestas de solución. El país va a unas elecciones y vuelve, en una especie de votaciones compulsivas sin propuestas valientes.

“Yo no hablo del nacionalismo catalán. Este país es mucho más que eso”

De quién cree que es la culpa de esta situación ¿de los políticos o de las políticas que se han aplicado recientemente?

Hay que recuperar el espíritu de consenso de la Transición donde cristalizó una Constitución que fue el resultado de intentar aunar muchas sensibilidades ideológicas diferentes. Aún así, la Constitución contiene dos o tres defectos que en cuarenta años no hemos arreglado y uno de ellos es la España asimétrica que se configuró. La Constitución reconoce la existencia de distintos tipos de territorios en su interior y ese régimen asimétrico es el que ha terminado cosechando las tempestades que tenemos ahora mismo. Es absolutamente prioritario recuperar la idea de que no es posible construir un país si unas regiones son distintas de otras. En el momento en el que estableces un régimen desigual, desequilibras absolutamente el Estado y es lo que ha ocurrido.

¿Hubo posibilidad de corregir esa asimetría?

En los noventa era todavía relativamente fácil. Podía haber sido el momento de parar y solucionar el régimen competencial, cerrarlo y no permitir que esté abierto de forma permanente sirviendo para comprar investiduras, gobiernos y estancias en la Moncloa en base a deshacer el Estado. Era relativamente fácil solucionarlo si alguien se hubiera dado cuenta de que se entraba en una espiral que no era buena y que no iba más que a dar como resultado los problemas que han ido viniendo. Todo esto ha provocado que determinadas minorías se hayan convertido en los árbitros de la vida pública y política española. Esto es pervivencia del franquismo, consecuencia de la democracia asimétrica que recoge la Constitución. A Franco daba igual sacarlo del Valle de los Caídos, de donde hay que sacarlo es de la Constitución española porque la disposición adicional primera es una consecuencia del régimen asimétrico que el franquismo creó, favoreciendo unas regiones y unas oligarquías regionales que se convirtieron en un emporio de riqueza mientras otras eran perjudicadas hasta unos niveles delirantes. Se debería haber corregido el poder extraordinario que esas oligarquías regionales tenían y que se reconoció en la Constitución con la aceptación de dos categorías en España. Hasta que eso no se corrija este país va a tener problemas.

¿Hacia nos dirigimos como país, como sociedad?

Vivimos aún una situación de exasperación y ésta empeorará hasta que sea insostenible. Será necesario una reacción en contrario a lo que estamos viviendo y, afortunadamente, lo estamos viendo en la gente que ya se está echando adelante, al margen de los políticos. El país se está auto-organizando, echando a andar y funcionando con sus propios recursos, mientras que la clase política española sigue dando pena. Aunque, la clase política europea tampoco es muy brillante. También en Europa se está viviendo una época convulsa y complicada, un fin de ciclo. Muchos de los países europeos tienen en su interior nacionalismos que les desafían y estamos viendo como no existe una respuesta clara por parte de los Estados ni de Europa, lo que supone un grave problema para todos. En Europa parece que no existe consciencia de los problemas a los que nos enfrentamos con los nacionalismos, y eso no es bueno. En cambio, en España sí que somos conscientes aunque seamos muy escandalosos con continuos debates.

La hispanofobia fue el arma de guerra contra los españoles… En tiempo donde el relato es lo que predomina: ¿Es momento de repensar la historia o volverla a contar?

Hay una parte de nuestras élites que se educaron en el tardofranquismo y que, por ello, tienen los complejos que históricamente ha tenido nuestro país. Esas generaciones no van a cambiar. Pero hay unas generaciones jóvenes que sí pueden cambiar las cosas. Ahora, difícilmente te encuentras a alguien que tenga treinta años y no haya trabajado fuera de España un tiempo. Esa generación viene sin complejos, con las ideas más frescas. Han trabajado y estudiado fuera; han tenido que bregar con trenes, carreteras, médicos, seguridad social de otros países y se les ha quitado la tontería… Os toca a vosotros arreglar todo esto.

¿Seguirá arrojando luz sobre nuestra historia? ¿Tendremos pronto un tercer libro?

Yo espero que sí. Tengo varios proyectos. Quiero abordar una introducción a la intolerancia religiosa en la Europa occidental que contextualice la Inquisición española y la coloque en su sitio. La intolerancia religiosa siempre ha existido y, por ejemplo, con respecto a la Inquisición española todos hablan de ella, pero casi nadie conoce la Inquisición francesa y solamente ella, en Francia, causó más muertes que la española en toda su historia. Hay que colocar las cosas en su sitio y en su contexto y ese es un frente de guerra que hay que abrirlo. ¿Si ha habido hispanistas interviniendo en la historia de España por qué nosotros no podemos intervenir en la historia de otros países?