Sebastián Roa: «Quería contar el fanatismo religioso desde la ficción»

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Lucía Gómez / 1º Periodismo

Sebastián Roa acerca al lector a este mundo fascinante e inexplorado por medio de un lenguaje actual. Roa (1968), aragonés de nacimiento y valenciano de adopción, compagina su labor en el sector público como policía nacional con la escritura. Es autor de las novelas Casus Belli (2007), El caballero del alba (2008), Venganza de sangre (2009) y La loba de al-Ándalus (2012). En 2010 recibió el premio ‘Hislibris’ al mejor autor español de novela histórica. En 2011 obtuvo el máximo galardón en el IX certamen nacional de relato histórico Álvaro de Luna con el relato de temática medieval Cantar de Altabella.

Ahora llega a las librerías su nueva novela, El ejército de Dios (Ediciones B, 2015), una novela histórica  bien documentada que combina rigor informativo y aventuras trepidantes. Aunar literatura y entretenimiento se hace clave en una novela que ambientada a principios del siglo XII recrea la feroz lucha de los ejércitos almohades desde al-Ándalus por evitar la Reconquista cristiana de los reinos del norte, y aún más, por recuperar todo el territorio de una península en la que llevan más de cuatrocientos años. El autor quiso compartir su nueva obra en el Club de Lectura CEU en el Palacio de Colomina.

portada libro
Portada del último trabajo de Sebastián Roa. / Foto: L.G

Pregunta. Usted es licenciado en Derecho y CC.PP. ¿Cuándo se le ocurrió empezar a escribir novelas y cuál fue su motivación?

Respuesta. Siempre me había gustado escribir, pero nunca me planteé publicar un libro.  Yo escribía en un foro de política internacional y había una persona con la que debatía. Este chico tenía una página web y escribió en ella una historia donde los israelíes se imponían por la fuerza a los iraníes. Como yo siempre le llevaba la contraria, me inventé otro relato en el que los iraníes se defendían. A la gente le gustó y lo convertí en una novela, que guardé durante mucho tiempo. Al cabo de dos años, vi en internet una editorial que publicaba este tipo de libros; así que decidí enseñárselo y les gustó.

P. ¿Por qué decide escribir sobre novelas históricas?

R. Siempre me ha gustado la historia y me atrae el ambiente de los siglos XII, XIII y XIV. Pienso que una novela histórica es una obra de ficción. Hay que cambiar bastante, incluso los hechos que sucedieron realmente. Lo único que la puede diferenciar es que acontece en el pasado.

P. Escribir sobre el año 1174 viviendo en el siglo XXI no es una tarea sencilla. ¿Qué pautas ha tenido en cuenta a la hora de desarrollar este libro?

R. Establezco un periodo base de documentación de unos seis meses en el que me dedico a estudiar la época, pero siempre en el ámbito histórico. Pasado ese tiempo, me centro en la trama de la novela y la encajo con la historia y los personajes.

P. ¿Cómo se aprende a escribir?

R. Sobre todo leyendo. Hay quien dice lo contrario: que leer no te permite crear tu propio estilo. Yo no estoy de acuerdo. No conozco a nadie que escriba y no le guste leer.

P. ¿Qué es lo que quiere contar en la novela?

R. Yo lo que quería era contar el fanatismo religioso desde la ficción. Además vivimos un momento en el que el tema se puede trasladar (salvando las distancias) a la realidad actual. Los puntos doctrinales no han cambiado y son comunes.

P. En la mayoría de ocasiones, los escritores dicen tener rasgos en común con sus personajes. En su última obra, observamos guerreros, califas, cristianos…¿Se siente identificado con alguno de ellos?

R. Sí, con todos. Creo que todo el que escribe lo hace según sus experiencias, sus expectativas y su forma de ver la vida. Si quieres que un personaje sea verosímil, tienes que darle tú un poco de vida. Por eso todos mis personajes, incluso los más sangrientos, tienen algo de mí: me meto en su piel.

P. En El ejército de Dios están detallados múltiples escenarios y ambientaciones: las orillas del Tajo, Sevilla, el norte de África…. ¿ Ha viajado a estos lugares para inspirarse en las descripciones?

R. No. Me gusta más ir después de escribir los libros y ver donde estaban situados los lugares de los que hablo. Por ejemplo, en La loba de Al Andalus, me paseé por Valencia buscando los escenarios y no los encontré. Sé cuál era el trazado, y dónde estaban los sitios, pero queda poco de ese periodo.

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