Médico de la primera promoción del CEU y residente de segundo año de la especialidad Medicina Familiar y Comunitaria en la Unidad Docente de Albacete-Hellín, Carlos Martínez de la Torre está volcado en la lucha contra la COVID-19 en una de las provincias españolas donde esta enfermedad ha azotado con más fuerza.
El alumni de Medicina está repartiendo su enorme esfuerzo y vocación entre un centro de salud, el servicio de urgencias del hospital y las residencias de mayores. Nos lo cuenta.

El alumni del CEU está luchando en primera línea contra el coronavirus

¿Hasta antes de la crisis, qué cometidos estabas realizando?

Antes de la pandemia, mi día a día era el de cualquier médico residente. Realizaba rotaciones en diferentes servicios hospitalarios y no hospitalarios para completar mi formación, y guardias en el Servicio de Urgencias y en Puntos de Atención Continuada (PAC).

¿Y ahora? 

Después de que el coronavirus afectara con tanta virulencia a la provincia de Albacete, nos vimos obligados a reforzar allá donde más nos necesitaban. De lunes a domingo  empezamos por los centros de salud y urgencias para, más tarde, formar equipos junto con el Servicio de Geriatría del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete (CHUA) y reforzar las residencias de ancianos donde la situación epidemiológica, unida  a las características que convierten a nuestros ancianos en población de alto riesgo, hacían estos lugares muy vulnerables.

‘Seguro que estos días no soy el único que ha descubierto su cara más humana y frágil’

¿Así que estás en tres frentes? 

Sí. En esta situación extraordinaria mi jornada tiene tres escenarios.

Por un lado, el centro de salud, con mi tutor, realizando atención telefónica y seguimiento longitudinal de los casos de COVID-19, además de continuar atendiendo a los pacientes habituales de nuestro cupo.

Por otro, las guardias en el Servicio de Urgencias del CHUA.

Y, principalmente, las residencias de ancianos,  que hemos medicalizado hasta el punto de convertirlas en pequeñas, y no tan pequeñas, plantas de hospital. De esta manera, hemos conseguido prestar una atención integral al abordar no solo al paciente sino su domicilio entero y aliviar la alta presión asistencial en el servicio de urgencias y el colapso de nuestro hospital, que es pequeño para la población de la ciudad.

Carlos dedica todo su tiempo, y su vocación de ayuda y acompañamiento, al centro sanitario, Urgencias y las residencias

¿Cómo estás llevando este reto desde el punto de vista profesional?

El coronavirus es un verdadero reto para toda la comunidad médica y no médica.  Un virus desconocido que provoca una fisiopatología que hemos ido descubriendo durante la pandemia, no solo con nuestra experiencia diaria, sino con la evidencia publicada prácticamente a diario. ¡Todos los días hay alguna novedad!

Constantemente ha ido actualizándose el protocolo de atención, perfeccionando su tratamiento y seguimiento y obligándonos a modificar nuestra praxis acorde a la mejor evidencia disponible.

‘Como cualquiera con un mínimo de vocación social,  ayudas cuando puedes, alivias casi siempre y acompañas siempre’

¿Y personalmente? ¿Qué lecciones estás aprendiendo?

Probablemente este, el humano, haya sido el reto más importante, no solo por intentar manejar y/o aliviar el miedo de los pacientes, aislados en sus habitaciones y con la única visita de personal «disfrazados de alienígenas», como me decía una abuelita, sino porque, por primera vez en mi corta carrera profesional, siento miedo.

Miedo de contagiarte (cosa que ha ocurrido… por suerte, de una forma leve), miedo a contagiar a los pacientes y a tus compañeros, y el miedo que supone una enfermedad desconocida que de repente supone tantas muertes en tu día a día.

Seguro que estos días no soy el único que ha descubierto su cara más humana y frágil. Las mascarillas y el EPI, la limitación del contacto físico y el aislamiento social que implica esta etapa te hacen ver más aún lo necesarios que son tus seres queridos, ¡y lo que te alegran el día a día!

Cuando estudiaba en el CEU, en los laboratorios de la universidad

Como decías, estás en contacto directo con casos dramáticos. ¿Sientes que estás ayudando a estas personas y a sus familiares? ¿Es posible el trato cercano a pesar de todo?

Es verdad que la mayoría de pacientes sobrevive sin mayor problema a esta enfermedad, es una realidad y no debemos perderla de vista, aunque está claro que te duelen más los pacientes que no lo consiguen.

El hecho de medicalizar la residencia facilita que el trato con el paciente sea mucho más cercano, esté en contacto con el personal que le atiende a diario y se sienta en un entorno conocido, mucho menos hostil de lo que suele suponer un hospital (tan normalizado por los sanitarios pero que muchos pacientes viven de forma estresante).

Como cualquiera con un mínimo de vocación social (seas sanitario o no),  ayudas cuando puedes, alivias casi siempre y acompañas siempre.

La comunicación es vital y la verdad es que, a nivel de sociedad, se ha creado una conciencia de enfermedad que facilita mucho el flujo de información, pese a que se vea limitado al teléfono con la familia y a «detrás del disfraz» con el paciente. 

‘Las primeras semanas fueron duras, pero nuestros mayores tienen una fuerza increíble que es inevitable que te contagien’

Será difícil el trabajo en las residencias…

Sí. Son especialmente duras por el mayor contacto que tienes con los pacientes en comparación con una planta hospitalaria, y por el alto riesgo que tienen sus residentes.

Todos los pacientes están aislados en sus habitaciones para no contagiarse y no contagiar. Muchos de nuestros ancianos son gente totalmente válida o con mínimo deterioro cognitivo, por lo que quieren pasear, jugar o socializar como hacen con normalidad. El panorama de pasillos, salones, patios y demás zonas comunes totalmente desiertas es desolador.

¿Cómo te reciben nuestros mayores?

Después de la primera semana ya los conoces a todos y ellos a ti, eres su visita diaria y te dan muchísimo cariño.

También te enfrentas a situaciones graciosas como «perseguir» a una señora de 101 años que se te escapa a pasear con su andador a gran velocidad! ¡A ver quién la convence de que se quede quieta! ¡Mido dos metros y no te creas que le doy ningún miedo! (risas).

Las primeras semanas fueron duras, pero he de decir que nuestros mayores tienen una fuerza increíble y unas ganas de vivir y disfrutar que es inevitable que te las contagien. Somos lo que somos como sociedad gracias a ellos y se merecen lo mejor que podamos aportarles.

Hace un tiempo le entrevistamos junto a otros dos compañeros de la primera promoción de Medicina. Leer la entrevista

Sin duda. ¿Este reto sanitario ha reforzado tu vocación?

Mi vocación ya era un poco kamikaze de antes, pero, hasta que no te ves en el día a día, no eres realmente consciente de cuánto.

De todos modos, para enfrentarse a una pandemia no hace falta vocación, hay grandes profesionales que no la tienen y realizan una actividad asistencial exquisita. Sin embargo, para ser feliz trabajando, la considero vital.

La formación siempre es clave. ¿Cómo valoras la que recibiste en el CEU?

De forma muy positiva, por la cercanía de muchos de los profesores y, especialmente, por la parte práctica, muy orientada al trabajo habitual que ahora desempeño.

‘Para enfrentarse a una pandemia no hace falta vocación, pero para ser feliz trabajando, la considero vital’

A los alumnos que se están formando ahora, ¿qué consejos les darías?

Sobre todo escuchar, una escucha activa. Los pacientes tienen mucha más información que todas las pruebas complementarias. Y a veces alivia más una conversación que cualquier otro tratamiento.

Y en estos días raros de pandemias… cuidarse y protegerse ellos primero para poder atender en las mejores condiciones, que están capacitados de sobra.

Y tan raros. ¿Alguna vez imaginaste que ibas a vivir una situación así?

No. Y diría que nadie. Ni siquiera nuestros mayores, que han vivido guerra y postguerra, asimilan del todo lo que está pasando estos días. Vamos a necesitar un poco de calma para entenderlo todo en su conjunto.

En su graduación. Nos cuenta que, a pesar de su altura, hay una residente de 101 años con andador a la que le cuesta alcanzar…

¿Algún mensaje para la sociedad?

En primer lugar, responsabilidad. Nosotros somos la punta del iceberg, pero esta pandemia la pararemos entre todos.

Mantener las medidas indicadas, protegerse y minimizar las exposiciones de riesgo son vitales para poder salir de esta situación.

‘Cuando todo acabe, lo primero que voy a hacer es abrazar a mi familia. Tengo muchísimas ganas de verles’

¿Ves la luz al final del túnel? Cuando todo esto acabe, permítete pensar en ti unos segundos. ¿Qué es lo primero que te gustaría hacer?

Aún queda un poquito, pero vamos en la dirección correcta. ¡Por supuesto que hay luz!

Y, cuando todo acabe, lo primero que voy a hacer es abrazar a mi familia. Tengo muchísimas ganas de verles. Y, por qué no, un poquito de interacción social y una buena pachanga de baloncesto con los amigos, ¡que ya hace solecito!

Ojalá no tarde mucho esa pachanga… Un abrazo, cuídate y gracias por estar ahí.

A vosotros.

Tiene claro que su vocación es la que le permite ser feliz en su trabajo