Un proyecto sobre organoides y cáncer colorrectal convierte a estudiantes de Bachillerato en protagonistas de una experiencia científica real en la Universidad CEU Cardenal Herrera

No estaban en una clase al uso. Tampoco era un examen. Frente a ellos, un jurado universitario, preguntas abiertas y un póster científico que resumía semanas de trabajo. Lo que tenían delante era algo más parecido a un congreso que a una actividad escolar. Así es la Olimpiada de Biología CEU Elche, una iniciativa de la Universidad CEU Cardenal Herrera que transforma a estudiantes de Bachillerato en investigadores por un día… o, mejor dicho, durante todo un proceso.

El equipo del IES Cayetano Sempere llegó con una propuesta ambiciosa: estudiar la aplicación de los organoides en el análisis del cáncer colorrectal. Un tema complejo, actual y, sobre todo, exigente. Luna Soler Herrero, Paula Morell Bañón, Gala González Ávila, Amy Nahomy Muñoz Vera, Valentina Nneoma Onyelike Onyelike, Candela Anahí Detlefsen Montiel y Elena Morante Segura, guiadas por su profesora Nazaret Peña Gil, no solo entendieron el tema. Lo hicieron suyo.

Cuando las respuestas llegan antes que las preguntas

Durante la exposición ocurrió algo que no suele pasar. Antes de que el jurado terminara de formular una duda, el equipo ya estaba dando la siguiente explicación. No era improvisación. Era dominio del contenido. Era haber trabajado el tema hasta el punto de anticipar cada posible giro de la conversación.

Esa fue una de las claves que destacó el jurado: la capacidad de ir más allá del guion. Porque no se trataba solo de explicar qué son los organoides, sino de demostrar cómo se aplican, por qué son relevantes y qué implicaciones tienen en la investigación del cáncer. Y hacerlo, además, con claridad, seguridad y una coordinación casi intuitiva entre las integrantes del grupo.

Pero hubo algo más. La forma en la que se miraban, cómo se daban paso unas a otras, el respeto en cada intervención. Esa complicidad no se enseña en los libros. Se construye en el proceso. Y en ese proceso también está el aprendizaje.

Aprender ciencia como se vive la ciencia

La Olimpiada de Biología CEU Elche no es una competición al uso. Aquí no hay preguntas tipo test ni respuestas cerradas. Lo que hay es un reto: investigar un tema real, estructurarlo como un proyecto científico y defenderlo ante un jurado. Es decir, hacer ciencia. Ese formato cambia todo. Obliga a buscar información más allá del manual, a entender conceptos complejos y a tomar decisiones sobre cómo explicarlos. Obliga, también, a trabajar en equipo, a gestionar el tiempo y a enfrentarse a los nervios de una exposición pública. Y, sobre todo, obliga a pensar.

El segundo premio, para el Colegio Altozano con su proyecto “Entre neuronas y nostalgias”, y el tercero, para el IES La Asunción con un trabajo sobre ELA, reflejan esa misma dinámica. Equipos distintos, temas distintos, pero una misma forma de acercarse al conocimiento: con curiosidad y con rigor. Junto a ellos, han llegado a la fase final centros como El Valle, Agustinos, Sagrada Familia de Elda, Padre Dehon de Novelda, CEU Jesús María, Magno de Alenda, Teresianas, La Devesa, Newton, San Pablo CEU, Carmelitas de Elche y Elda, Maristas o el IES Cayetano Sempere, entre otros. La diversidad de participantes y la calidad de los proyectos reflejan el creciente interés por la investigación científica entre estudiantes preuniversitarios.

En esta edición, el jurado —integrado por los profesores de la CEU UCH Cristina Orts, María Ángeles Esparza, Cristina Salar, Vanesa Escudero, Jesús Sánchez Mas, Fran Prats, Ana Martínez, Jaume Morera y José Antonio Robles— ha coincidido en una idea: el nivel de los trabajos crece cada año. Esta evolución se explica, en parte, por la mejora en la organización de la actividad, pero también por la experiencia acumulada en los centros educativos.

Lo que no se ve: profesores, dudas y muchas horas

Detrás de cada póster hay algo que no aparece en la exposición final. Horas de lectura, de discusión, de dudas que no siempre tienen una respuesta inmediata. Y, junto a los estudiantes, profesores que acompañan, orientan y, muchas veces, sostienen el proceso.

El jurado quiso destacar precisamente ese trabajo. Porque sin ese acompañamiento, difícilmente se alcanzaría el nivel que se ha visto en esta tercera edición. Un nivel que, según coinciden, no deja de crecer año tras año. En parte, porque cada promoción aprende de la anterior. En parte, porque la iniciativa ha ido afinando su enfoque. Y, en gran medida, porque el alumnado responde.

El momento en el que todo encaja

Cuando terminó la jornada, los premios fueron solo una parte de lo que se llevaban los participantes. Había algo más difícil de medir: la sensación de haber hecho algo distinto. De haber salido del esquema habitual y haber probado cómo es trabajar en ciencia de verdad.

Para algunos, será una anécdota. Para otros, quizá, el inicio de una vocación. Porque hay experiencias que no se olvidan fácilmente. Y, en este caso, no se trata solo de haber ganado. Se trata de haber descubierto que investigar también está a su alcance.

Ahí es donde la Olimpiada de Biología CEU Elche encuentra su verdadero sentido. No en el resultado final, sino en ese momento en el que alguien se da cuenta de que puede entender, explicar y defender un tema complejo. Y que, tal vez, ese sea también su camino.

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