Marco Huertas, antiguo alumno de Comunicación Audiovisual y de Publicidad del CEU, no para de cosechar éxitos en todo el mundo con “56”, un documental sobre las dificultades de unos niños de una aldea de Madagascar para acceder a la educación.

“56” acaba de recibir el premio al mejor cortometraje internacional en el XII FIC de los Derechos Humanos de Bolivia y sus derechos de distribución para Bélgica y Benelux han sido adquiridos por Bevrijdingsfilms.

marco huertas 56

Tras su exhibición en la ONU, en Ginebra, “56” ha sumado una larga lista de premios y selecciones en festivales internacionales y españoles (ver premios de “56”).

Pero lo que más alegra al alumni CEU es que los numerosos galardones que está obteniendo su trabajo “contribuyen a que siga girando la rueda del Proyecto Willka”, al que se destina el 50% de los beneficios generados (ver cómo apoyar el proyecto).

Antes de iniciar su imparable recorrido, Marco Huertas volvió a las aulas del CEU para estrenar su documental en el marco de la presentación de la XI edición de Proyecta. Allí le hicimos esta entrevista:

¿Por qué 56?

El título se refiere a los 56 kg de arroz que se exigía a los niños de la aldea de Soavinarivo (Madagascar) para poder ir a la escuela. El documental sigue la vida de 3 niños durante el proceso de conseguir ese arroz, que es una verdadera odisea.

Además se dieron varias coincidencias más con este número: el porcentaje de población bajo el umbral de extrema pobreza en la aldea, la tasa de escolaridad a nivel nacional… Carlos Gómez y Vallivana Álvarez (productores y guionistas) estuvieron, sin querer, un total de 56 días en Madagascar. 

https://vimeo.com/141357880

¿Cómo te metes en ese lío?

Carlos me llamó una noche y me dijo: “Tengo una proposición indecente que hacerte. Solo diré una cosa: Madagascar”. Y mi respuesta fue: “¿Dónde hay que firmar?”. Nos reunimos y me dio a conocer el background y la acción del Proyecto Willka. Me dijo que le gustaría que dirigiese un documental sobre las consecuencias sociales en la aldea de Soavinarivo, con la palabra “esperanza” en mente. Me lancé en plancha. No sólo lo veía como una aventura; ayudar a cambiar la vida a casi 1000 personas es algo que no te ofrecen todos los días.

La única condición que pusimos fue que solo hablasen los niños. Es a quienes debíamos dar voz; debía contarse la historia a través de sus ojos. Me parecía la forma más honesta de narrarlo: momentos vividos acompañados de sus testimonios reales, sin caer en mensajes miserabilistas ni en propaganda barata.

rodaje 56¿Cuánto duró el rodaje?

Los 16 días que pasamos en Soavinarivo, el lugar más aislado en el que he estado nunca: a 7 horas de la capital por una carretera infernal, sin asfaltar e inaccesible cuando llueve. Es como un microplaneta: apenas tienen noticias de lo que sucede en los pueblos circundantes. Viven desconocedores del contexto global.

¿Cómo fue tu experiencia?

Lo más enriquecedor que he hecho nunca a todos los niveles. Profesionalmente disfruté como un enano. Hacíamos cine de guerrilla prácticamente, con el material mínimo y cazando al vuelo las escenas. Trabajar con Cesc Nogueras (director de fotografía) y Al Pagoda (BSO) es una gozada siempre. Aparte de nuestra amistad, preparan a conciencia cada trabajo, son la autoexigencia personificada. Igual que Carlos y Vallivana.

El rodaje de ’56’ es lo más enriquecedor que he hecho nunca a todos los niveles

Pero sobre todo, a nivel vital, ha sido una experiencia irrepetible. Vivimos en las mismas condiciones que los autóctonos. Es decir: en la máxima precariedad. Todos perdimos alrededor de 6 kg, y a Carlos y a mí nos picaron cerca de 100 pulgas. Pero nuestro hilo musical eran risas de niños. Sin tráfico, ni wi-fi, ni teléfonos: cero estrés. Nuestra mayor preocupación cuando no estábamos rodando era jugar con los críos, que eran puro amor. Cuando abandonamos la aldea, estuvimos media hora de trayecto sin articular palabra, llorando como magdalenas. A todos nos costó volver a casa.

¿Qué aprendiste?

Me cambió la percepción de lo que es un problema y una necesidad. Me di cuenta de que en Occidente vivimos en la absoluta auto-indulgencia y que nos generamos problemas que realmente no tenemos. No sólo podemos ser felices con muy poco, sino que tenemos demasiadas cosas que no nos dejan ser felices. Aprendí sobre cómo nos afecta la privación, que somos más duros de lo que pensamos. Y, desde luego, aprendí mucho sobre el ser humano observando la idiosincrasia malgache, sobre todo de los niños. Eran puros. Descubrí cuánto cariño se le puede coger a las personas sin mediar palabra, cómo las emociones trascienden el lenguaje.

Me di cuenta de que en Occidente vivimos en la absoluta auto-indulgencia y que nos generamos problemas que realmente no tenemos.

¿Tendrá continuidad?

De momento el Proyecto Willka sigue en marcha y está funcionando a la perfección: se ha construido la escuela, el comedor, la casa de acogida, diez pozos de agua en la aldea… y los niños están aprendiendo muchísimo. Tinah (nuestra traductora y ahora directora de la Escuela) nos envía fotos de vez en cuando y parece una aldea distinta. Me encantaría volver dentro de unos años para poder medir el impacto real del proyecto y como han evolucionado nuestros niños, a los que echo muchísimo de menos.

rodaje 56 3’56’ es tu segundo documental. ¿Vas a seguir profundizando en este género?

Sí. Dirigí Membrana medio año antes de 56, aunque no pueden ser más opuestos en forma y narración: Membrana lo componían entrevistas a músicos en blanco y negro con algunas actuaciones musicales y en 56 no hay diálogos ni entrevistas, sólo momentos vividos y voz en off. Estamos preparando un documental en el sudeste asiático que dirigiría Cesc, y creo que será un producto muy potente.

Has trabajado en muchos géneros. ¿Dónde te sientes más cómodo?

Cada uno tiene sus cosas buenas y malas. La ficción es el género que más me gusta y me motiva, pero lo considero el más difícil.

Hasta ahora he disfrutado mucho los videoclips y fashion films: hay más pie para experimentar con la estética y el montaje, y menos preocupaciones. Pero también los veo con “menos chicha” en cuanto a contenido.

Si hacer un corto es levantar una casa, hacer un largo es construir un centro comercial

La publicidad es el que más dinero da, pero resulta frustrante en ocasiones al no tener la última palabra sobre el resultado final. Tu equipo y tú os convertís en “médiums” para personas muy indecisas.

El documental, dependiendo del tema y el lugar, es posiblemente el más enriquecedor, pero la post-producción suele ser un engorro.

rodaje 56 4¿Qué te queda por hacer?

Me encantaría dar el salto al largo, pero si hacer un corto es levantar una casa, hacer un largo es construir un centro comercial. En abstracto es difícil conseguir financiación para cine y más aún si eres un director novel.

Si pudiera volver atrás, habría estrujado los recursos materiales del CEU desde el primer momento.
56 lo rodamos con peor material que el disponible para los alumnos ahora

¿Cómo definirías tu estilo y a qué realizador aspiras a parecerte?

No sabría ponerme una etiqueta. 56 es lo más “luminoso” que he hecho con diferencia. Todo lo que he dirigido en ficción hasta ahora ha sido oscuro e intenso, pero esteta. Siempre he puesto más énfasis en las sensaciones viscerales que en la información racional.

Bebo de muchas fuentes muy distintas pero tengo debilidad por Stanley Kubrick, Paul Thomas Anderson, David Fincher, Kurosawa, Tarkovsky, Scorsese, Spielberg, Coppola, Fellini, Leone,… En publicidad y videoclips me encantan Chris Cunningham, Jonathan Glazer o Spike Jonze. También me gusta la obra de Géricault, Caravaggio, Rembrandt, Goya. Y los fotógrafos Steve McCurry y Sebastiao Salgado.

¿Qué retos crees que tiene el sector del audiovisual en España y en la Comunidad Valenciana?

Somos muchos, muy formados y no hay trabajo para todos. España es el país que más cortos produce al año, y un porcentaje ínfimo de los cortometrajes recuperan la inversión.

También es el que tiene más paro de la UE y el que más trabas te pone por ley para ser autónomo o emprendedor. Es absurdo, se debería fomentar el auto-empleo. Habría que bajar el IVA cultural y aumentar las desgravaciones fiscales para el audiovisual: fomentaría la inversión extranjera y atraeríamos más super-producciones. España tiene prácticamente todos los paisajes y climas en muy poco espacio, es un escenario excelente.

Hace un tiempo que se escucha hablar de la re-apertura de RTVV, algo que  evidentemente estimularía el sector local. Pero ojalá se apueste por la renovación y el talento joven y no se repitan los errores del pasado.

Aconsejo a los alumnos de CAV que cuando no tengan trabajo se lo inventen, que no dejen de hacer cosas, ni de experimentar

¿Qué consejos darías a los estudiantes de CAV?

Que vivan, viajen, conozcan a gente y se empapen del mundo, porque las historias están en la calle y no en una pantalla.

Que se esfuercen en salir de la carrera con un portfolio presentable: cuando lleguen al mundo laboral no les pedirán la media académica, sino que demuestren lo que saben hacer. Que no se rindan, porque es una carrera de fondo.

Que cuando no tengan trabajo se lo inventen, que no dejen de hacer cosas, ni de experimentar.

El audiovisual es una ciencia inexacta y en continua renovación, hay que consumir muchos contenidos y muy distintos de todas las artes.

Y que diferencien entre los trabajos alimenticios y los de inversión (colaboraciones, proyectos personales, sinergias), pero nunca los regalen.

10505003_595382467247379_8025214563351372229_oTú también fuiste alumno de CAV en el CEU. ¿Cómo fue tu experiencia?

Destacaría la calidad del profesorado; debo mucho a algunos.

También tuve la suerte de coincidir con varias quintas muy potentes de alumnos, en Comunicación Audiovisual y en Publicidad. Tuve algunos compañeros brillantes de verdad, de los que aprendí muchísimo. No había un ambiente competitivo, estábamos “hambrientos” y nos retro-alimentábamos.

Si pudiera volver atrás, habría estrujado los recursos materiales del CEU desde el primer momento. 56 lo rodamos con peor material que el disponible para los alumnos ahora.