• El obispo auxiliar de Madrid ha ofrecido la conferencia “La Iglesia en la encrucijada: Urgencia de la misión ante una cultura paganizada”, en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia
  • Con esta ponencia, concluye el ciclo Dies Academicus «Pensar la Universidad Hoy» del curso 2025/2026

“La cultura moderna, en cuyo ápice nos encontramos, ha acabado por abandonar su matriz cristiana y ha regresado al paganismo”. Esta fue la tesis central que defendió monseñor José Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, en su conferencia “La Iglesia en la encrucijada: Urgencia de la misión ante una cultura paganizada”, impartida en el ciclo “Dies Academicus: Pensar la Universidad hoy”, organizado por el rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Higinio Marín Pedreño.

Martínez Camino arrancó su disertación con un análisis de la cultura actual, entendiéndola como “la forma de la vida de un pueblo, de sus tradiciones y sus leyes”. En este contexto, el obispo auxiliar de Madrid aseguró que hay una corriente de neopaganismo que recorre Occidente, sobre todo Europa. “Por primera vez en la historia de la Iglesia una cultura evangelizada se ha vuelto pagana. Hasta hace poco la Iglesia había evangelizado otros pueblos, otras culturas y formas de vida gracias, hoy Europa ha prescindido de toda referencia positiva del Dios Cristiano y ha vuelto a modos culturales paganos”, remarcó.

El también presidente de la sección de Teología de la Real Academia de Doctores de España identificó el “subjetivismo relativista” como el agente que ha idolatrado el Yo “a través del transhumanismo, ideología de género y ecologismo”. El prelado explicó que las raíces de este “ciclo histórico” comenzaron hace cinco siglos con la “panteización de la cultura y de la ciencia”. “La emancipación de secularizadora ocurrió por el desarrollo de la ciencia empírica y técnica que deslumbró a una humanidad que comenzó a creer que era posible lograr el paraíso en la tierra”, sentenció.

Monseñor Martínez Camino hizo suyo el concepto de “materialismo prometedor” de Karl Popper para denunciar que esta corriente de pensamiento hizo que el hombre moderno fuera dejando de creer en Dios para convertirse en un “supersticioso de la ciencia”. Este fenómeno, apuntó el obispo, coincidió con la fractura en el seno de la Iglesia por la ruptura del protestantismo y las guerras de religión, lo que generó, en su opinión, una consternación entre los cristianos. Fue entonces cuando apareció el nuevo culto del progreso, “verdadero ídolo de la cultura moderna y a la que todas las ideologías contemporáneas rinden culto”. “Desde entonces el hombre se ha ido situando en el centro del mundo y ha dejado a Dios en los bordes, hasta decretar su muerte, como afirmó Nietzsche”, añadió.

Retos de futuro en la Iglesia

Una vez explicadas las causas de este neopaganismo, el que fuera secretario y portavoz de la Conferencia Episcopal expuso los retos a los que se enfrenta la Iglesia y sus instituciones hoy. Según su impresión, el “aggiornamiento” que supuso el Concilio Vaticano II para hacer posible “la evangelización de la cultura moderna” provocó un efecto no deseado: que el “antropocentrismo entrase en la Iglesia”.

Bajo su punto de vista, el análisis que hizo el Concilio Vaticano II de la cultura moderna fue ejemplar, pero no evitó que mundo moderno “irrumpiera con mucha fuerza en el corazón de muchas instituciones religiosas”. “Hay católicos que han colaborado más como agentes de ese mundo moderno que como evangelizadores”, manifestó.

“La transmisión de la fe es cada vez más difícil; muchas instituciones educativas o caritativas han perdido su carácter propio apostólico”

El prelado consideró que el reto de ahora es mucho mayor para la Iglesia porque “no estamos ante una cultura pagana, sino paganizada porque ha conocido a Dios y luego lo ha rechazado”. “El virus mortal de la secularización incapacita para ver la magnitud de Dios y mina la esperanza porque no confía en la fuerza del Evangelio”, señaló. Ese “derrotismo” de muchos católicos ha secularizado parte de la Iglesia según su punto de vista.

El rector Higinio Marín presentó la conferencia.

Monseñor Martínez Camino afirmó que es urgente que los católicos comprendan que el hombre “es el mismo, el de siempre, que busca una esperanza que no defraude”. Y la misión de los católicos ha de ser la misma: “anunciar el reino de Dios, sin miedo, en la confianza de que el Señor está de su lado”. “El reino de Dios no admite límites; la Iglesia es el signo eficaz del encuentro con Dios”, aseguró. Asimismo, afirmó que hay que hacer que los “católicos modernizados” entiendan que el “camino de la utopía del Dios progreso no es el de la cruz”. “No hay vida plena sin salvación y no hay salvación sin cruz”, exhortó. “Los católicos”, continuó, “no creemos que la salvación se debe al progreso de la historia humana porque hemos visto que es insuficiente; necesitamos un salvador y no un paradigma de salvación. Solo la fe en Dios podrá sacar al hombre del paganismo”.

En este punto, el prelado animó al auditorio a centrar su mirada hacia la vida de los santos, ejemplos de “combate espiritual” y donde “Dios manifiesta a los vivos su rostro y presencia”. Monseñor Martínez Camino se preguntó por qué el siglo XX ha dado más mártires que en todos los siglos anteriores. Porque el siglo XX, el más violento a su juicio de la historia, ha derramado “la sangre de los sacrificios que los dioses paganos reclaman”, respondió. Su ejemplo debe ser el agente catalizador que devuelva la esperanza en que solo la cruz salva y ese es el optimismo que todo católico debe manifestar para poner fin al pesimismo del mundo moderno.

Con la intervención del obispo auxiliar de Madrid concluyó el ciclo Dies Academicus del curso 2025/2026 en el que han participado un total de diez académicos y que tendrá continuidad el próximo curso, a partir del mes de septiembre.

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