León XIV, en CEDIA: «Afrontemos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y la justicia»

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Enviado especial en Madrid: Borja Gregori Imágenes: CONELPAPA

Tras la bienvenida del papa León XIV en el Palacio Real y antes del primer gran acto de su visita a España, la Vigilia de los Jóvenes, el Santo Padre ha puesto rumbo al Centro de Información y Acogida (CEDIA), un centro social de 24 horas en Madrid que ayuda a las personas sin hogar ofreciéndoles refugio, comida, ayuda psicológica y planes para una nueva vida.

Durante el acto, el pontífice ha destacado dos de los principales sentimientos del ser humano: la alegría y el dolor. “La alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontemos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y la justicia”, ha afirmado.

En ese sentido, el papa ha destacado el papel que desempeña el CEDIA en el camino del Evangelio, siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre no sólo para sanar nuestras enfermedades y miserias, sino también para hacerlas suyas. León XIV quiso dar las gracias y recordar los diferentes testimonios.

“Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Khadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y, sobre todo, ha recuperado las ganas no solo de seguir adelante, sino también de servir, a su vez, de apoyo a otros, tal y como otros lo han apoyado a él”, destacó el papa, que recordó también el Proyecto Esperanza.

“Vuestros testimonios nos abren una ventana a un panorama inmenso, poblado por un sinfín de madres como Niurka, de niños y niñas como Ares y Atenea, de mujeres y hombres como Khadri, de voluntarios y voluntarias como Alicia: tantas personas, tantos hermanos y hermanas, tantas historias, tan numerosas que, como dice san Juan: ‘Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribirse’”, dijo.

Asimismo, recordó las palabras del arzobispo de Madrid, José Cobo, que evocó el camino que desde Belén lleva al Paraíso. “Madrid es también famosa por los belenes que la adornan en la época de Navidad. Su belleza, sin embargo, es sólo una pálida expresión de una maravilla aún más grande y profunda, que hoy encontramos aquí”, comentó el papa, que también quiso explicar el porqué del lema elegido para la visita.

“El lema es una invitación a contemplar los campos que, maduros, esperan la cosecha, y nos recuerdan que la caridad no admite demoras. Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde, y esta es nuestra responsabilidad. La responsabilidad de los consagrados; una responsabilidad que consagra cada encuentro con el otro como un kairós, un momento de gracia único e irrepetible para amar, que no hay que perder ni posponer. El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos, y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe”, aseguró el Santo Padre.

En ese sentido, argumentó que las palabras de Jesús son también “una invitación a cultivar un corazón sensible” ante las necesidades de los demás, manteniendo vivo en nosotros el deseo del bien que Dios ha puesto en nuestra humanidad y que la fe ilumina.

Durante este segundo acto, el papa tuvo otro guiño al papa Francisco, al recordar la homilía celebrada en Marsella en septiembre de 2023, en la que dijo: “Frente al mundo de la vida personal y a los desafíos de la sociedad, el que cree exulta de alegría, aprende a cultivar un interés que impulsa a comprometerse en primera persona”. También advirtió sobre el peligro de un “corazón aburrido, frío, acomodado a una vida tranquila, que se blinda en la indiferencia y se vuelve impermeable, que se endurece”. “Un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre y provoca la muerte de la persona”.

Por último, quiso subrayar, por un lado, que la invitación del Señor es también una llamada a mirar a los que sufren a los ojos y a hacer de la ayuda, ante todo, un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre. Por otro lado, destacó el papel de la Virgen María, en cuya caridad todo esto encuentra cumplimiento: en su amor solícito en Caná y anhelante tras los pasos de su Hijo.

“A Ella os confío a cada uno de vosotros y vuestro trabajo, en esta tierra que le está consagrada, deseando que el espíritu de su maternidad universal anime cada vez más el grito de la fe”, explicó León XIV, que terminó su intervención con la oración de san Juan Pablo II a la Almudena, pronunciada el 15 de junio de 1993: “Enséñanos a verte siempre Madre, manantial de misericordia, regazo de perdón, abrazo de la esperanza, puerta de la Gloria”.