Una crónica de Natalia Ramírez / Imágenes: Leire Gimeno
Jóvenes universitarios de la Universidad CEU Cardenal Herrera han regresado recientemente de la novena misión del proyecto Vets for África, un viaje desde Valencia a Malawi impulsado por la Facultad de Veterinaria de la universidad. La iniciativa sigue el enfoque One Health con el objetivo de mejorar el estado nutricional de la población a través de diferentes labores como el tratamiento de los animales en búsqueda de la prevención de enfermedades y la formación de la población local para que sepan cómo alcanzar el máximo aprovechamiento de los animales como fuente de alimentación.
Pioneros del proyecto
Vets for Africa nace gracias al espíritu aventurero de personas que comparten la pasión por la veterinaria como Paula Martínez Ros, coordinadora actual del proyecto, y Pablo Aretio a quien ella misma describe como un “mecenas” de la iniciativa. Este año el equipo de Vets for Africa estaba conformado por nueve estudiantes y cuatro profesores.

Con el apoyo de la comunidad misionera San Pablo Apóstol y la Universidad CEU Cardenal Herrera el proyecto ha ido creciendo con el paso de los años. Uno de los mayores avances que Paula ha podido observar ha sido la introducción de nuevas genéticas de cabras sudafricanas y de algunos alimentos como la miel.
¿Cómo nace Vets for Africa?
La iniciativa nació en 2012 y estuvo inicialmente enfocada en la región de Turkana, en Kenia, una zona donde había muchas cabras, pero la población local no sabía cómo manejarlas adecuadamente. Con el tiempo comenzaron a establecer conversaciones con el gobierno y con las autoridades de Malawi. Finalmente, en 2015 decidieron trasladar allí su labor para convertirse en un apoyo para las autoridades sanitarias de distintas comunidades rurales del país. Desde entonces, el grupo se desplaza durante sus viajes a localidades como Benga, Makiyoni, Mwansambo o Kalimanjira, donde desarrollan su trabajo con los animales.

Un proyecto en el que los voluntarios se comprometen con meses de anticipación. La preparación incluye la organización de eventos para recaudar fondos,como la gala solidaria en GASMA, carreras solidarias, mercadillos y tardeos, en los que cualquier persona que crea en el proyecto puede aportar su granito de arena.

Un viaje que supone un aprendizaje personal y profesional.
Tanto estudiantes como los coordinadores del proyecto describen el trabajo durante la campaña como “intenso” en todos los sentidos de la palabra. Las jornadas comienzan desde la primera hora del día, inclusive antes de dirigirse al campo. Una vez en la zona, el equipo empieza con el tratamiento de los animales. Se dividen en grupos que se encargan de la desparasitación, los coprológicos, las muestras de sangre y las encuestas epidemiológicas.
“Me encanta que sigan el enfoque one health, un concepto en el que se reconoce que si los animales están bien, las personas estarán bien también. Eso fue lo que me llamó la atención”, afirma Gaby Villalta estudiante de cuarto año de veterinaria. Gaby hace énfasis en la importancia de tener una conexión como equipo: “A lo mejor, en el primer sitio llegábamos y alguien decía: ‘Pues aquí tomo yo los copros’, y alguien decía: ‘Yo tomo la sangre’, y yo decía: ‘Bueno, pues aquí yo desparasito’. Luego, en el siguiente sitio, intercambiábamos los roles. Trabajábamos en equipo». Para ella esta experiencia terminó convirtiéndose en mucho más que trabajo, asegura que los lazos formados dentro del equipo y la sensación de compañerismo lo han convertido en un experiencia que describe como “mágica”.

“Dicen que Malawi es el corazón cálido de África, y tienen toda la razón”, comenta Marc Subirana, otro de los estudiantes de veterinaria que formó parte del equipo durante esta última campaña. “Cuando llegamos nos reciben con los brazos abiertos. Están deseando que les atendamos las cabras y nos piden que no nos vayamos”, afirma.

En el proyecto no solo participan los estudiantes de veterinaria, estudiantes de comunicación como Leire Gimeno, en cuarto de Publicidad y Relaciones Públicas también forman parte del equipo desde hace dos años. A través de fotografías, videos y publicaciones en redes sociales, se encargan de mostrar el trabajo que realiza el equipo en Malawi. “Es muy importante hacer cosas, pero en el mundo en el que vivimos, que es el mundo de la comunicación, tan importante como hacerlas, es visualizarlas y comunicarlas a la sociedad”, afirma, Paula Martinez.
El trabajo de los estudiantes de comunicación que acompañan al equipo en cada misión no termina cuando finaliza la jornada. La coordinadora ha observado un cambio desde que se han incorporado al proyecto que se ha visto un auge en sus redes sociales y ahora las personas pueden seguirlos -minuto a minuto- y estar pendientes de todo lo que se está haciendo durante el viaje.
A pesar del reto, lo que más destaca Gimeno sobre este viaje al que ha tenido la oportunidad de asistir por segundo año consecutivo, es el aprendizaje que supone convivir y trabajar mano a mano con los veterinarios: «Hay muchas cosas que te llaman la atención y ellos te las van explicando”.

Los estudiantes convienen en que las jornadas pueden ser muy duras y requieren de mucho trabajo y esfuerzo, pero aseguran que ha merecido totalmente la pena. De acuerdo con ellos, la cualidad más importante que debe tener un estudiante que quiera participar en el proyecto es contar con una actitud dispuesta, ser alguien generoso y con ganas de trabajar con una mente abierta.
Más allá del trabajo veterinario, Vets For Africa deja una huella en quienes participan en el viaje y quienes apoyan al proyecto desde casa. Para muchos esta iniciativa supone una oportunidad para comprender en primera mano cómo su labor como voluntarios puede contribuir al bienestar de los animales, y al mismo tiempo ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas que habitan en las comunidades locales.
Para Paula, cada viaje a Malawi representa también un momento de reflexión: “Cada misión, cada viaje, cada año viajar a Malawi para mí es absolutamente necesario. Es una pausa en el camino. Entonces se ralentiza todo y es justo cuando uno baja la velocidad, porque con el día a día no nos damos cuenta, no tomamos conciencia de lo que nos rodea. Es cuando bajamos la velocidad, cuando somos capaces de tomar conciencia de lo que tenemos alrededor”, concluye.





