Federico Guillén, CEU UCH: “El consumo de carne ha tenido un papel moldeador importantísimo en el ser humano”

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Informa Gonzalo Escrig / Imágenes: Zhanzhi Chen

El catedrático de Zoología Federico Guillén abre la jornada ‘Ciencia, Salud y Sabor: Misión proteína animal’ con una ponencia sobre la evolución humana y la “redistribución energética” asociada a dietas de mayor calidad

El catedrático de Zoología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH), Federico Guillén Salazar, ha defendido que “en el proceso evolutivo, el consumo de carne ha tenido un papel moldeador importantísimo en el ser humano”, durante la ponencia inicial ‘El impacto de la proteína animal en la evolución humana’, celebrada este viernes en el Paraninfo de la universidad dentro de la jornada ‘Ciencia, Salud y Sabor: Misión proteína animal’.

Guillén ha situado su explicación en un recorrido temporal “de 4.200 millones de años” entre Luca —siglas en inglés del ancestro común— y Ötzi, para ilustrar los hitos que, a su juicio, han marcado la evolución humana en relación con la alimentación.

Fuego y domesticación

En su intervención, el profesor ha señalado que el consumo de carne “se fue institucionalizando”, especialmente con la adquisición del fuego. Según ha explicado, cocinar “no solo ayudó a eliminar toxinas”, sino que también permitió “destruir tejidos” y reducir el coste energético de la preparación de los alimentos. A ese proceso ha sumado la domesticación, que, en su análisis, facilitó el acceso a “una dieta de altísima calidad”.

Menos tripa, más cerebro

Guillén ha sostenido que esos cambios dejaron un “rastro” visible en el cuerpo humano actual: “Si nos miramos en el espejo, vemos el rastro del pasado que todos tenemos”. Entre los efectos de una dieta de mayor calidad, ha señalado la reducción del tamaño de la boca o del intestino: “Tenemos poca tripa, comparada con la del gorila, por ejemplo”.

El catedrático ha vinculado esta transformación a una “redistribución energética” durante la evolución: al disminuir el gasto asociado a la digestión, parte de esa energía se habría dirigido al desarrollo del sistema nervioso y a “procesos cognitivos mucho más complejos”.

En la recta final, Guillén ha destacado la capacidad adaptativa humana: “Somos animales capaces de adaptarnos a cualquier circunstancia. Eso implica que cualquier cosa que nos pongan por delante lo podemos consumir”.