Una entrevista de Laura Fargueta / Imágenes: -Planeta
Juan del Val, escritor, guionista y rostro conocido de la televisión por su papel como colaborador semanal en El Hormiguero, se encuentra nuevamente en el foco mediático tras alzarse con el Premio Planeta 2025 por su novela Vera, una historia de amor. La obra sigue a una mujer de la alta sociedad sevillana que abandona su matrimonio vacío con un marqués para adentrarse en una apasionada relación con un hombre más joven de origen humilde, iniciando así un camino de liberación personal. La victoria de del Val ha desatado una notable polémica, que coincide con su intensa gira promocional.
Juan, ¿quién es Vera, la mujer que da nombre a la novela?
Vera es una mujer que se acaba de separar de su marido, un marqués con el que ha estado casada prácticamente toda la vida. Su historia se sitúa en el entorno de la alta sociedad sevillana, con todo lo que eso tiene de opresor y de claustrofóbico. Ella tuvo, en algún momento de su adolescencia, una inquietud artística que decidió suprimir. En el momento en que transcurre la novela, intuye —y creo que es un lugar común en muchas mujeres de mediana edad— que necesita saber hacia dónde va y quién quiere ser. Ha dejado atrás la “tontería” de la juventud y empieza a querer ser ella misma. En ese camino se encuentra con Antonio, aunque Antonio no es más que un instrumento para ella. Tengo debilidad por la belleza: la belleza de ella, la de él, la de la ciudad en la que están. También se produce una contraposición entre esos espacios, como el Arenal de Sevilla o las propiedades de la ciudad, y otros barrios que no son tan bellos.
¿De dónde surge el germen de la historia?
La novela nace del deseo de contar una historia de amor entre dos personas muy distintas, tanto por educación como por bagaje personal y origen. Ella pertenece a la alta sociedad sevillana y él es un joven de Vallecas, en Madrid. Son dos mundos completamente opuestos. Además, ella es diez años mayor que él. Poco antes de escribirla había releído Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, una novela escrita en los años 70 y, por tanto, con códigos muy distintos a los actuales. Hoy, el personaje del “pijo” sería inconcebible; en aquel momento podía resultar atractivo, pero ahora sería percibido como un maltratador. Ese fue el punto de partida, y a partir de ahí fueron surgiendo otros elementos. Apareció el personaje de Diego, el hermano de Antonio, y con él temas como el amor fraternal, el amor entre madre e hijo, los silencios dentro de las familias, el orgullo, el honor… Pienso permanentemente en la historia mientras la escribo.
¿Cómo afronta el proceso de escritura?
Cuando escribo, no utilizo esquemas. Soy incapaz de tomar una sola nota: todo está en mi cabeza. Considero que sin amor no existe la literatura. En alguna ocasión he pensado que la muerte es la ausencia de deseo, y que esa sensación se parece a una especie de muerte anticipada. El amor tiene múltiples variantes: entre hermanos, entre padres e hijos, de pareja… y también el desamor, que solo existe porque antes hubo amor. Estas emociones son las que nos mueven a todos.
¿Por qué en sus novelas las protagonistas suelen ser mujeres? ¿Qué le aporta escribir desde su perspectiva?
Es cierto que me resulta más cómodo escribir mujeres. Candela, Premio Primavera de Novela 2019, está escrita en primera persona del presente por una mujer: es ella quien camina y quien siente. Creo que me siento cómodo escribiendo sobre mujeres porque me interesan especialmente. Algunas mujeres me han comentado que, al observarlas con cierta distancia —precisamente por no ser una de ellas—, en ocasiones puedo acertar más. También disfruto escribiendo sobre hombres mayores y sobre el amor en la vejez. No obstante, reconozco que, en general, me resulta más natural escribir mujeres.

Suele ambientar sus historias en lugares actuales y próximos.
Mi objetivo es escribir personajes, y para ello me resulta más cómodo situarlos en entornos que conozco bien. No pretendo ambientar historias en lugares que no domino. Candela transcurre en un bar de Madrid; Del paraíso, en una urbanización de lujo a las afueras de la ciudad; Bocabesada, en una productora audiovisual. En esta novela, el escenario principal es el barrio del Arenal de Sevilla, y también aparecen barrios de Madrid donde -yo mismo- me he criado. Son espacios cercanos que me permiten centrarme en lo que realmente quiero contar.
¿Qué ha supuesto convertirse en el ganador del Premio Planeta?
Un premio aporta una gran repercusión. Me parece interesante que genere tanta difusión y que tantos periódicos abran con la noticia. El dinero viene muy bien, y el reconocimiento también: tu nombre queda ahí y ese es un detalle bonito. Pero, sobre todo, me ofrece la oportunidad de llegar a más lectores. En general, mis novelas han funcionado bien, pero este salto —por la potencia y la visibilidad del premio— hará que muchas personas se acerquen a mi obra por primera vez y que quizás se queden. El premio es, en definitiva, una oportunidad.
Su premio ha resultado particularmente polémico y, de la noche a la mañana, se ha convertido en el centro de la diana de la prensa nacional y de las redes. ¿Cómo ha gestionado todo este revuelo?
Era previsible lo que iba a suceder. Ha ocurrido antes con otros ganadores que ya eran conocidos por su presencia en televisión. En mi caso, se ha generado una cantidad considerable de odio que algunas personas han aprovechado. Cuando alguien empieza a levantar odio, otros se suman para buscar notoriedad. Se hacen vídeos, los medios publican titulares… y se produce un ruido enorme. A estas alturas, desestabilizar no es fácil. Me afecta, sobre todo, por la gente que me quiere: mis amigos, mis hijos, personas que ven lo que sucede y lo pasan mal. Cuando me ven bien y lo hablamos, todo queda en su sitio. Hay que verlo con perspectiva. El ruido ya está pasando y se impondrá la novela, lo que la gente siente al leerla. Las críticas las acepto todas; el odio, no.
Ese odio, como sociedad, no podemos justificarlo. Es como lo que sucede en el colegio: cuando se señala a alguien, todos van a por él. Pero, a pesar del ruido, finalmente descubres que son una minoría. Camino por la calle y la reacción de la gente es siempre magnífica, así que no me preocupa. Con el tiempo pasará, y cuando encuentren a otro al que arrancarle la cabeza, correrán hacia él. Además, yo no puedo controlar eso. Alguien puede opinar sobre mi novela, elogiarla o criticarla, y es completamente normal. Pero lo que ha sucedido conmigo no tiene nada que ver con la crítica literaria: ha sido un intento de desacreditar a un personaje público para que sus opiniones no tengan validez cuando resultan incómodas. Es algo premeditado y mucha gente se suma a esa bola, simplemente, porque cree que debe hacerlo. Que un diario de tirada nacional me dedique ocho noticias en ocho días me parece, sencillamente, desproporcionado.
Y, sobre eso, creo que debemos reflexionar. Lo que me han hecho a mí no me lo han hecho solo a mí: ocurre con determinados personajes y puede hundir a una persona. A mí no, pero conozco gente a la que se ha hecho muchísimo daño de forma injustificada. No hablo de que alguien diga “qué mala novela”: eso lo acepto encantado. Hablo de que alguien diga “Juan del Val es una mierda de persona” sin conocerme y que eso genere titulares. Eso no se puede hacer.





