Valencia celebra la VI edición del CLEC Fashion Festival bajo el lema «CLEC X STOPGLOBALWARMING»

0
569

Una crónica y fotos de Karen Daunis

La sexta edición del CLEC Fashion Festival abrió sus puertas este viernes en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en L’Hemisfèric, que ya se ha convertido en la casa del evento. Con media hora de retraso, la jornada comenzó con las palabras de la presentadora y del director del festival, Miquel Suay, quienes destacaron el papel del CLEC como plataforma para el talento emergente y su apuesta por modelos sostenibles dentro de la industria de la moda.

El certamen refleja su compromiso con el planeta bajo el lema CLEC X STOPGLOBALWARMING, usando el sol como símbolo visible. El programa mostró cómo la moda puede reducir su impacto ambiental, proponiendo soluciones desde la innovación textil, el diseño regenerativo y la comunicación responsable.

En vísperas del primer aniversario de la DANA, el festival incluyó la ponencia “Inundaciones naturales y su interpretación en diferentes culturas y medios creativos”, a cargo del artista multidisciplinar Alexey Timbul. La charla exploró cómo las inundaciones, desde la antigua Mesopotamia hasta los fenómenos climáticos actuales, pueden servir como fuente de transformación y resiliencia, inspirando nuevas formas de expresión artística.

La inauguración oficial tuvo lugar por la tarde, con la apertura de la pasarela y una performance del CSDV bajo la dirección de Nacho Duato. Desde L’Hemisfèric comenzó a desfilar “la moda que viene”, no solo como adelanto de colecciones, sino como expresión de los creadores emergentes, quienes reflejan el espíritu de esta convocatoria. El primero fue el Desfile Colectivo Sostenible, con prendas que combinan ética y estética, y a continuación llegó el Desfile de Emergentes, dando paso a talentos como Juan Martínez, Abraham Sebastián, Nonorozco, Maikarfi y María Gandía.

El bloque más fresco del CLEC arrancó al ritmo de “To The Sky” de Nommie, una elección luminosa que marcó el tono optimista de la jornada. Por la pasarela desfilaron diseñadores que ven la moda como un lenguaje personal y un compromiso con su entorno. Juan Martínez abrió con De la Ermita, inspirada en la tierra, la huerta y la gente de su alrededor, con tonos naturales, tejidos orgánicos y una estética que evocaba el trabajo manual reinterpretado de forma contemporánea. Le siguió Abraham Sebastián, con piezas cargadas de emoción y artesanía, donde cada bordado y textura parecían contar una historia propia.

El ritmo cambió con Nonorozco, que apostó por la sorpresa: siluetas atrevidas, volúmenes inesperados y una energía rompedora que encajó con el espíritu del festival. Maikarfi presentó prendas creadas a partir de materiales poco convencionales, incluso papel, transformando el cuerpo en una especie de escultura viviente. Cerró el bloque María Gandía, con su marca AFFI Studios, aportando una visión más urbana. En conjunto, los emergentes dejaron claro que la moda que viene no es solo estética: también es reflexión, experimentación y ganas de contar algo nuevo.

El desfile de Andrés La Cárcel fue uno de los momentos más potentes de la jornada. Su propuesta se movió entre lo futurista y lo performativo, con tejidos satinados, brillo metálico y flecos dorados y plateados que daban movimiento y dramatismo a cada look. Entre el cuero negro, los destellos neón y la iluminación azul que recorría la espalda de una de las piezas, la pasarela se transformó en una galaxia alternativa, donde género y forma perdían sus límites. Pelucas vibrantes, tacones altos y rostros cubiertos por gafas reforzaban la sensación de irrealidad. En uno de los momentos más impactantes, un hombre envuelto en una tela roja parecía liberarse, componiendo una imagen simbólica de ruptura y salir de lo establecido. La Cárcel reafirmó así su sello: una moda que provoca y expande los límites de lo posible.

El desfile de Álvaro Machero fue pura presencia. Desde el primer instante, el brillo lo invadió todo: conjuntos en plata y dorado reflejaban la luz con cada movimiento. Machero no busca gustar, sino impactar. Sus piezas, construidas mediante moulage, moldeadas directamente sobre el cuerpo, ofrecían un movimiento orgánico y casi escultórico. Entre cadenas, chapas, estructuras metálicas y estrellas, el cuerpo mismo se convirtió en el complemento principal. En un momento simbólico, una modelo llevaba un cartel con la palabra “FRÁGIL”, reflejando la dualidad entre fuerza y vulnerabilidad. Para Machero, brillar no es opción: es el punto de partida.

El universo de Isabel Peña, con su proyecto “Isabel is my name”, fue de los más performativos y emocionantes. El desfile comenzó con una performance de tres bailarinas, con una pieza instrumental clásica, evocando el Lago de los Cisnes. Se movían como muñecas de porcelana rotas, mostrando fragilidad que luego la colección transformaba en fuerza. Prendas casi escultóricas, volúmenes abullonados, moños tirantes y rostros pintados de blanco reforzaban la teatralidad.

Las piezas reimaginaban la sastrería con nuevas proporciones y tejidos experimentales. Algunas tenían guiños mediterráneos, como un rojo intenso con paella valenciana colgada, mientras otras jugaban con cartón y papel, creando siluetas rocosas y delicadas, con capas que parecían flotar. Las modelos vestidas de negro llevaban máscaras antiguas, reforzando la idea de anonimato. Fue un desfile hipnótico, donde cada prenda rompía la línea entre moda, danza y arte.

El broche final de los desfiles lo puso Ge de Rosa, con una colección de cuero, cremalleras, cadenas y cinturones, y gorros que recordaban a uniformes militares o de servicio. Los peinados y abrigos aportaban un punto dramático y teatral. Aunque dos modelos tuvieron problemas con los tacones, la colección mantuvo toda su fuerza y presencia, dejando una sensación de profesionalidad, creatividad y personalidad, y subiendo el listón para la segunda jornada. El cierre musical estuvo a cargo de Carmen Lillo, cuya actuación envolvió la energía que aún vibraba en L’Hemisfèric. Entre moda, música y experimentación, el CLEC Fashion Festival 2025 confirmó que la pasarela no es solo un escaparate de ropa: es un lugar donde creatividad, talento y emoción se encuentran para imaginar nuevos caminos en la moda, dejando al público con la sensación de haber presenciado algo más que un desfile, un verdadero universo de ideas en movimiento.