Un análisis de Fran Alfonso / Imágenes: Cinema Jove
Las personas dedicadas al arte son conscientes de la importancia del color. No solo para crear una estética o un simple y bonito juego de contrastes, sino para expresarse, crear una fantasía, un ambiente que te sumerge en ese pequeño mundo hecho a base de diminutos fragmentos de tonos entremezclados. En la película tailandesa dirigida por Thapanee Loosuwan, ‘Blue Again’, nos adentramos en la vida de Ay, una joven estudiante de moda interpretada por Tawan Jariyapornrung. Una chica rodeada por un ligero halo de misterio que pronto se verá envuelta de nuevas experiencias y amistades.
El índigo, un color poco común y tonalidad del azul, será en ‘Blue Again’ tanto el motor de sus sueños y esperanzas para triunfar laboralmente como el vehículo emocional, a través del que se narra la historia. El constante uso, tanto por parte de vestuario como de iluminación de color azul en la protagonista, en contrapunto de un amarillo intenso y mucho más enérgico que utilizan los personajes a su alrededor, nos hace pensar cómo espectadores. ¿Qué significa en verdad el color índigo? Un color como dicen en la película sumamente inestable, difícil de conseguir y que, fácilmente, puede quedarse en un azul oscuro. ¿Será que existe una clase de personas que son de color índigo? Personas con esperanzas, ideas, que viven experiencia tras experiencia, pero notando que detrás de cada una de las vivencias dejan un ligero rastro de amargura. Las personas color índigo son extremadamente sensibles, aunque no lo parezca los pequeños momentos, amistades o amarguras las viven intensamente. ¿Puede ser eso lo que les haga constantemente intentar alejarse de la realidad?

Ay se aísla en sus sueños y esperanzas. Ve como la vida va cambiando, y se queda analizando y prejuzgando a las personas de su entorno. Aunque seguramente esto pueda ser un problema. Ya que nuestra protagonista está tan sumergida en sus propios deseos y frustraciones que ve a todas las personas de la misma forma, como un latente amarillo cambiante que le puede dar recuerdos emotivos o amargos. Probablemente el hecho de ver la vida de forma más oscura o incluso más triste que los demás, hace que cambie su forma de comportarse. A veces las personas queremos simplemente encontrar estabilidad, con un trabajo o un amigo, pero ese amarillo tan intenso nos hace darnos cuenta de que toda gira y nada es para siempre.
¿Pero existen más personajes color índigo? Si, la propia madre de nuestra protagonista es una mujer tan deprimida como egoísta, abandonando a su hija en busca de una nueva vida. ¿Serán personas que en parte no pueden vivir con su pasado y por eso tienen que estar cambiando de lugar y de gente constantemente? ¿Para volver a la soledad de la que huían? ¿Significa entonces que el amarillo es el color alegre y corriente? Absolutamente no, el amarillo es un color que se deja llevar por la corriente, está abierto a nuevas vivencias. Sin embargo, esto no implica que sea “bueno”, el amarillo representa el cambio, que se ve muy bien personificado en dos secundarios clave de la película. La primera amiga de Ay, pasando de la estabilidad y las promesas hacia la traición y superficialidad. O su mejor amigo, que cambia la forma de ver la vida prefijada por sus padres a otra religiosamente opuesta.

Todos estos detalles se van dibujando como si de pintar un lienzo en blanco se tratara, aunque seamos sinceros, es algo triste ser un personaje azul. Conocer perfectamente cada una de las decepciones que van a pasar y aun así arriesgarte y seguir cayendo. Quedándose toda tu vida como una foto solitaria en la que por mucho que cambies de sitio o ambiente, sabes que volverás al comienzo. Puede que eso sea parte del problema, puede que Ay cree su soledad a través de su forma de ver el mundo. O incluso puede que esté prefijado y que las personas nazcamos con un color definido y, por mucho que intentemos cambiarlo, siempre volvamos a él, a esa especie de azul tan solitario. Hay cosas que siempre se escaparán a nuestro entendimiento por mucho que nos obsesionemos en comprenderlo. Pero ese azul puede llevar algo de esperanza, al igual que los colores, podemos acercarnos más hacia la parte blanca que a la negra. En el fondo, no somos tan diferentes y, aunque se vuelva a caer en un azul profundo, siempre hay un tono más claro esperándonos para encontrarlo.



