Hermanas Greemwood: “El romance está estigmatizado”

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Una entrevista de Laura Fargueta / Imágenes: Planeta

Las Hermanas Greemwood —seudónimo bajo el que escriben Beatriz Blanco y Natalia Martín— se han consolidado como una de las voces más destacadas del romantasy nacional, género de moda entre los jóvenes que destaca por combinar romance y fantasía. Con varias novelas ambientadas en el universo de Orelia, han logrado construir un mundo propio que ya cuenta con una sólida comunidad de lectores. Ahora regresan con una nueva incursión a ese universo en La tormenta de los Eternos, donde mezclan fantasía épica, intrigas palaciegas y romance. La novela se sitúa en Rolvara, un reino protegido por los llamados “hijos de la tormenta”, jóvenes con la capacidad de canalizar el poder de los Eternos a través de cristales.

La tormenta de los Eternos no es el primer libro vuestro que se sitúa en el universo de Orelia. ¿Qué es lo que os llevó a regresar a él?

NATALIA MARTÍN (N.M.): Las dos primeras historias, tanto La tierra de los dorados como El mar de los ocultos, las escribimos muy seguido. O sea que las teníamos muy claras y fuimos de lleno a por ellas. Pero esta idea es la que más tiempo nos ha llevado, porque se ha juntado con otras novelas y con bastante trabajo a nivel editorial.

BEATRIZ BLANCO (B.B.): Es verdad que empezamos con un borrador y a mitad del borrador tuvimos que detenernos y rehacer el trabajo, porque no nos convencía nada. Creemos que fue para bien. Somos muy exigentes con nosotras mismas: si algo no me convence como lectora, se va. Tienes que ponerte en la piel de tus lectoras.

¿Cómo es vuestro proceso de escritura a cuatro manos?

B.B.: La clave es tener mucha confianza. Hay dos tipos de escritores: los brújula y los mapa. Los brújula son los que se sientan a escribir y a ver adónde les lleva el proceso. Al principio funcionaba, porque escribíamos de manera individual.

N.M.: Pero al trabajar en conjunto, nos dimos cuenta de que era necesario cambiar nuestro método, porque Bea llevaba los derroteros por un lado y yo, por otro. Teníamos que organizar el previo mucho antes de empezar a teclear; es decir, ser más mapa.

¿Cómo gestionáis las diferencias creativas cuando surgen?

B.B.: A través de las negociaciones.

N.M.: También, la confianza; al final, cuando alguien con quien tienes confianza te comenta algo, sabes que no lo está diciendo de manera hiriente o retorcida. Te lo dice alguien que busca lo mejor para la novela o lo mejor para ambas, porque tenemos que trabajar juntas. Yo creo que saber escuchar a tu compañera es un pilar esencial.

B.B.: Cuando llegamos a un callejón sin salida, nos tomamos una pequeña pausa y siempre, al día siguiente, alguna de las dos cede.

El romantasy vive ahora un fenómeno entre adolescentes y jóvenes. A pesar de su popularidad, sigue existiendo ciertos prejuicios hacia las novelas que se encasillan en este género. ¿A qué creéis que se debe?

N.M.: El romance está estigmatizado. Como no es sólo fantasía épica, creo que es lo que genera cierta parte del prejuicio.

B.B.: Sí, el romance siempre ha estado muy infravalorado. Se suele decir que no es literatura de verdad, esa frase la hemos escuchado infinidad de veces. ¿Pero qué es literatura de verdad? Es cierto que sus pilares fundamentales son la fantasía y el romance, pero introducimos muchos otros subgéneros: el thriller, el misterio… Y luego, introducimos crítica social: hablamos de racismo, de discriminación, de abuso de poder. También pienso que se nos infravalora por el hecho de ser autoras nacionales. Nuestro público tiende a pensar que las voces internacionales tienen más fuerza o van a ser simplemente mejores porque han sido number one en el New York Times. No decimos que no sean buenas, no hay que restarles mérito, pero es cierto que vienen con el márketing hecho de fuera. A parte de ser nacionales, está el hecho de ser mujeres. ¿Qué escribimos? Dragones, política y sexo. ¿Qué escribe George R. R. Martin? Dragones, política y sexo. ¿Por qué él sí y yo no? ¿Por qué nuestra literatura se considera para jóvenes y la suya para adultos?

¿Creéis entonces que las autoras nacionales se encuentran desprotegidas frente al mercado anglosajón?

N.M.: Entre nosotras nos arropamos mucho. Estamos intentando romper ese estigma que hay, pero sí que es verdad que ha costado mucho encontrar un huequito para darnos visibilidad. En este caso, nosotras estamos súper agradecidas por que Planeta haya apostado por voces nacionales. Igual que está Alas de Sangre, nosotros queremos encontrar lo mismo aquí, a nivel nacional, porque sabemos que hay calidad. Que apuesten por nosotras, al final, es algo que hemos valorado mucho y que fue muy arriesgado.

B.B.: Nosotras también cargamos con esa presión de tener que estar a la altura.

«el romance siempre ha estado muy infravalorado. Se suele decir que no es literatura de verdad, esa frase la hemos escuchado infinidad de veces. ¿Pero qué es literatura de verdad?»

¿Creéis que, en parte, esta popularidad del mercado anglosajón frente al nacional se debe al fenómeno booktok?

B.B.: A día de hoy se hace la venta en internet: vendes en TikTok, vendes en Instagram… Ya no es como antes, cuando ibas a la librería y te tirabas horas, leías las sinopsis, hojeabas los libros, leías un poquito hasta decidirte por uno… Eso ya no se hace.

N.M.: El escaparate son las redes sociales y acudes a una librería a comprar un libro en concreto. Mi marido, que es librero, me lo dice: una mayoría no acepta recomendaciones fuera de lo que no han visto en redes sociales, van directamente a lo que ya conocen. También es cierto que las redes sociales pueden ayudar, porque dan visibilidad; aunque es un arma de doble filo, porque limitan mucho y la gente no quiere ampliar su campo de visión a otros títulos.

¿Sentís que hoy en día una autora también debe ser creadora de contenido?

N.M.: Por desgracia, sí. Cada uno lleva las redes sociales como quiere y hay gente a la que se le da muy bien. Pero los que están más obligados a para poder tener una oportunidad…

B.B.: Cuando nosotras empezamos, teníamos mucho más tiempo para generar contenido. Cada autor tiene que gestionar sus propias redes sociales, pero terminas dándote cuenta de que no puedes competir contra gente que tiene millones de seguidores. Nosotras somos profesoras a tiempo completo, tenemos que obligarnos a sacar un tiempo que no tenemos para dedicarlo a la promoción en redes sociales. Lo que nos gustaría sería poder invertir ese tiempo en escribir, porque al fin y al cabo somos escritoras, no community managers.

Se suele repetir que los lectores jóvenes no leen. ¿Qué creéis que hay de verdad o de mito en esta afirmación?

N.M.: La percepción que tengo es que sí que se está leyendo más, sobre todo en el sector femenino. Creo que también influyen mucho esas lecturas obligatorias que imponen en institutos, que nosotras, al ser profesoras, es un terreno que conocemos bien. Creemos que se debería dar un poco más de libertad a la hora de elegir las lecturas, para que cuando vayan creciendo cojan bien las riendas de la lectura.

B.B.: Yo he percibido en el aula que las niñas leen muchísimo más que los chicos, existe una corriente muy lectora: cada semana les veo con un nuevo libro y pienso que de dónde sacan el tiempo para leer tanto. En cambio, también hay un sector juvenil que rechaza absolutamente cualquier libro. Yo creo que depende mucho de la edad y de la experiencia que hayan tenido. Si se les ha permitido experimentar con la lectura, al final es como cualquier otro hobby.

La literatura juvenil ha sido tradicionalmente menospreciada en algunos círculos. ¿Creéis que esta percepción está cambiando en España?

B.B.: Yo creo que, además, ha evolucionado mucho el término. Es verdad que aquí en España tenemos dos etiquetas: juvenil y adulto. No existe nada en medio: parece que se pasa directamente de Harry Potter a la novela negra. Nosotras, por ejemplo, nos movemos en el ámbito intermedio: new adult, young adult, son las etiquetas anglosajonas. Diría que la media de edad de nuestras lectoras está en los veintipocos años. También es cierto que hay niñas de quince, dieciséis años que tienen una madurez lectora grande y pueden leer nuestros libros sin problema.

N.M.: Pero no es juvenil: los protagonistas de estas historias tienen de veinte para arriba. Las vivencias de estos personajes, las experiencias y cómo afrontan sus realidades son muy diferentes: un chaval de trece, catorce años no se va a ver tan reflejado como alguien que tenga ya cierta madurez.

B.B.: En España, como faltan esas etiquetas, lo catalogan dentro del género juvenil. Todo ello sin desacreditar lo difícil que es escribir para niños y adolescentes, que son el público más exigente. No todo el mundo sabe escribir juvenil.

¿Cuáles son los temas más complejos que habéis querido abordar en vuestra novela?

N.M.: Trabajamos la crítica social. Intentamos tomar elementos que se puedan extrapolar a la vida actual para que el lector, cuando cierre el libro, pueda reflexionar sobre ciertas situaciones. En el caso de La Tormenta de los Eternos, damos reflejo a la discriminación, al racismo…

B.B.: Siempre decimos que la fantasía es un canal muy bonito para introducir crítica social, porque al fin y al cabo, de manera sutil, se habla de temas importantes sin que quizás te des cuenta hasta la mitad del libro. Si lees un libro de narrativa contemporánea que introduce una crítica social como pueda ser el racismo, es muy explícito y el lector lo percibe enseguida. Aquellas personas muy cerradas de mente que no están dispuestas a escuchar hablar del tema, directamente no van a leerte. En cambio, con la fantasía, abres la puerta a que eso ocurra.

¿Pensáis seguir trabajando en el universo Orelia?

N.M.: Quedan otros dos reinos por explotar y no lo descartamos, pero de momento queremos darle prioridad a otros proyectos.

B.B.: Lo próximo que se viene son dos proyectos individuales, uno mío y otro de Natalia, también de género fantástico.