Guillermo Montesinos: “La interpretación es una profesión que hay que valorar”

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Texto: María del Mar Benlloch /// Imágenes: María del Mar Benlloch

El actor, Guillermo Montesinos, se caracteriza por ser versátil y adaptativo en el ámbito teatral, cinematográfico y televisivo. A lo largo de su trayectoria ha interpretado todo tipo de papeles siendo esa “la magia del actor”, destaca en una entrevista concedida a EL DEBATE. Montesinos ha estado a las órdenes de Pilar Miró, Berlanga, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba… directores que le han marcado y le han hecho ver cómo ha cambiado la industria y la importancia de valorar la interpretación como profesión.

Nació en Castellón de la Plana, pero en 1970 se trasladó a Madrid, ¿qué le hizo tomar esa decisión? ¿Se marchó a Madrid para adentrarse al mundo del cine? 

El veneno del teatro me viene desde que tenía ocho años. Actúe por primera vez gracias a una compañía que vino a Castellón y necesitaba niños para su función. Para mí fue una experiencia fantástica, porque pude actuar con adultos y escuchar música en directo. Pero para hacerme profesional tenía que irme a Madrid, por eso me marché. Una vez allí debuté en el cine con ‘Simón contamos contigo” (1972) de Ramón Fernández.

En su trayectoria profesional ha podido disfrutar como actor de teatro y de cine, ¿con cuál se queda?

Con los años he interpretado todo tipo de papeles y me he dado cuenta de que me da igual ser actor de cine, teatro o televisión. Sí que es verdad que hay papeles que son más cómodos de interpretar que otros, pero depende de la capacidad del actor a la hora de adaptarse.  

Cuando crecía como actor estaba en pleno auge Alfredo Landa y José Luis López Vázquez en las comedias de los 60 y dieron un giro dramático en la época siguiente, ¿cómo definiría su adaptación al género? 

Yo creo que un buen actor debe ser capaz de tocar todos los géneros. A título personal prefiero las caracterizaciones, de hecho, el drama me resulta más fácil que la comedia, pero al final tienes que aprender a hacer de todo.

Durante su trayectoria le han dirigido directores como Pilar Miró, Berlanga, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Vicente Aranda, Fernando Colomo, Mariano Ozores… ¿qué destacaría de cada uno de ellos? ¿Cuál ha sido el que más le ha aportado y le ha enseñado a nivel profesional? 

Cada uno tiene su personalidad, aun así, tengo maravillosos recuerdos, sobre todo el cariño, la profesionalidad y el rigor que reflejaban. Hay que ser consciente de que cada director es un mundo, por lo que hay que adaptarse a las exigencias de cada uno. Pero si tengo que decantarme me quedo con Pilar Miró por el ‘Crimen de Cuenca’ y con Berlanga por ‘La Vaquilla’.

Ha participado en numerosas películas de Berlanga como ‘La Vaquilla’, ¿cómo era Berlanga? ¿Qué recuerdos tiene de él como director? ¿Cómo era trabajar con él? ¿Y cómo se convirtió en un actor habitual para Berlanga a raíz de su participación en ‘La Vaquilla’? 

Berlanga era un director que iba con los deberes hechos al rodaje, era sensacional ver como preparaba los planos secuencia, al final los rodajes se convertían en lecciones de cinematografía. Además, era un director muy cariñoso y sincero, pero sobre todo se caracterizaba por ser muy mediterráneo y fallero. 

Retomando la película de ‘La Vaquilla’ cabe destacar que fue la última película en la que trabajaron juntos Luis García Berlanga y Landa, ¿a qué era debida esa tensión que había entre ellos? 

No sé a qué puede haberse debido esa tensión. Pero sí que es verdad que Landa era muy particular, tenía una personalidad y un carácter que creaban puntos de vista distintos en el equipo, pero para mí Landa fue un mal compañero.

Se le puso la etiqueta de “chico Almodóvar”, pero ¿llegó a sentirse que formaba parte de algún clan español? 

Yo sido siempre he sido un profesional y me debo a mi profesión. Cuando se refieren a mi como ‘chico Almodóvar’ yo decía que era ‘el taxista de la película Almodóvar’, nunca me he integrado demasiado en ningún grupo, prefería respetar la vida de cada cual y la subjetividad de cada director.

En la época del Franquismo en España se le vinculaba al PCE, ¿era Willy un seudónimo que utilizaba para que no le reconocieran? 

El seudónimo de Willy me viene desde pequeño. Pero desde que empecé en el cine y en el teatro siempre he preferido que me llamaran por mi nombre. Cuando aún vivía Franco éramos clandestinos entonces sí que lo usaba, pero cuando conocí a un policía que se llamaba Billy dejó de gustarme el apodo.

Desde la Cátedra de Berlanga que organiza la Universidad CEU UCH tienen como objetivo que perdure el legado de Berlanga en Valencia, ¿cómo califica la acción que está llevando a cabo el CEU? ¿Considera que es una forma de darla a conocer a los jóvenes la historia de Berlanga? 

Me parece una acción fantástica y a la vez necesaria. Todo lo que se haga para recordar a la gente lo que era Berlanga me parece fantástico. De hecho, la cinematografía de Berlanga debería ser tema de docencia en todos los institutos de España, para que los jóvenes sepan lo que es el cine y a la vez aprendan historia de España.

Para finalizar, como actor, ¿cómo cree que se encuentra la industria ahora mismo? ¿Tiene relevancia hoy en día la formación en arte dramático? O ¿cualquiera con “una cara bonita” puede ser actor? 

La industria ha cambiado mucho desde que yo empecé, ahora existen muchas plataformas y para los que llevamos toda la vida en el sector las cosas se han puesto difíciles, porque ya no es lo mismo. La globalización ha hecho que cualquiera pueda ser actor, productor, director… Pero para mí el ser actor requiere una profesionalidad, porque no solo es poner la cara y salir en televisión, la interpretación es una profesión que hay que valorar.