Hermana Clara Medina: “Nos han programado para vivir en un ateísmo ambiental y por eso es muy complicado encontrar a Dios”

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Hermana Clara Media

Informa Marta Casasús / Imágenes: Darío Ferragud

Ha irrumpido en el mundo de las redes sociales, YouTube, Instagram y Tik Tok, dispuesta a dar testimonio de su fe y romper con los estereotipos que normalmente envuelve a las jóvenes y los jóvenes que deciden entregar su vida a Dios y a la Evangelización. La Hermana Clara Medina, valenciana y Salesiana Misionera en Chile nos habla de su vocación, el modo de transmitir en Evangelio y su experiencia en las redes sociales donde se está convirtiendo en toda una celebridad.

Hermana Clara: ¿Cómo surgió la idea de dar el salto a las redes sociales y poco a poco ver que se convierte en una celebridad para los jóvenes y dentro de la Iglesia?

La idea fue de la Comunidad a la que pertenezco de Salesianas Misioneras. Vimos que en las redes sociales se formaban unas conversaciones muy ricas, y pensamos que esas conversaciones que manteníamos no se tenían que quedar entre nosotros, sino que se deberían de compartir con todo el mundo. Creemos que como anunciadoras de la Buena Noticia no nos podemos quedar calladas y por eso queremos trasmitir este tesoro empezando desde el carisma de la Comunidad donde se quiere trasmitir y facilitar la experiencia de Dios y, en especial, a los jóvenes.

Pero, es poco habitual escuchar que una hermana tiene redes sociales.

Más que raro es desconocido, pero creo que es una mezcla muy buena, ya que las misioneras tenemos que darnos a conocer y los jóvenes hoy en día están en las redes. No es tan raro si mi misión es anunciar el Evangelio y qué mejor manera que hacerlo donde están los jóvenes: YouTube, Instagram y Tik tok, son medios que ayudan a mi vocación.

¿Cuál es el objetivo de esta iniciativa?

Queremos darnos a conocer en un lugar donde puede acceder cualquier persona y ese contenido duré en el tiempo, como son las redes sociales. Queremos darnos a conocer y romper con estos tabúes de: “es monja, pobrecita”. Nosotras somos mujeres normales que queremos vivir en amor y plenitud, por eso queremos grabarnos, darnos a conocer, ser transparentes y enseñar a lo que nos dedicamos.

Y después de unos meses en las redes sociales: ¿cómo valora la experiencia?

Positiva porque me ha permitido conocer muchas realidades. Cuando empezó la pandemia estaba en Chile y el hecho de estar encerrada y tener un perfil en Instagram, Tik tok y YouTube, me abrió la posibilidad -durante un año- de estar cada día compartiendo grupos de pastorales juveniles de casi todos los países de Latinoamérica. La situación me hizo estar en constante contacto con ellos y con el resto de la sociedad, y fue ahí cuando me di cuenta que pasaba algo, y que había que abrir camino y construir puentes. Le veo un futuro a este gran proyecto que es el de las redes sociales porque además noto que existe un feedback entre la gente que me sigue. Espero que duré mucho esta aventura.

¿Son las redes sociales un buen medio para acercarse a aquellos jóvenes que no conocen a fe o que la han perdido?

Sin duda. Entiendo que la gran mayoría de jóvenes hayan perdido la fe, porque todavía nos falta conocer más testimonios vivos de los que te puedes encontrar y te encuentras en este camino. Pero, sobre todo, hace falta acompañar en el proceso. Es bueno que los jóvenes pasen por una crisis, ya que tras la crisis uno crece, aunque no creo que hoy vivamos tiempos peores a siglos pasados, de hecho, me encanta el siglo en el que estamos, porque me hace buscar con autenticidad realmente lo que quiera. No hay que seguir con lo establecido, sino hay que profundizar, meditar y vivir. La vida es rápida, naces, estudias, empiezas a trabajar, formas una familia y cuando te das cuentas te mueres, y no te diste cuenta de lo fugaz que es la vida. Pienso que nos han programado para vivir en un ateísmo ambiental, y por eso es muy complicado encontrar a Dios en todas esas cosas.

Usted es muy joven, Hermana Clara. Hablando de fe y de encontrar a Dios: ¿En qué momento dirigió su vida hacia Dios?

Todo empezó en mi adolescencia. En ese momento pasó por mi mente una vez el querer ser monja, pero lo tapé en ese momento. Tiempo, después cuando cumplí los veintiún años, conocí la Comunidad de Salesianas Misioneras donde ahora felizmente estoy. Quise ser como esas mujeres que viven su vida con autenticidad, buscando la mejor versión de sí mismas, y en ese momento me lancé, en parte por el testimonio de la comunidad y porque sentía que la vida me llevaba por ese camino. Ahora ya hace doce años de eso, pero desde antes de cumplir esos veintiún años, el señor ya iba poniendo cositas en el corazón, solo que cuesta verlo.

¿Fue sacrificado, dejó muchas cosas atrás?

Deje la cultura y todo lo que la envuelve: familia, paisajes, olores, gustos, personas, formas de relacionarse. Pero dejar eso te hace más libre, porque encuentras otras cosas como la gratitud y la riqueza, allá donde vas te encuentras con gente maravillosa y diferente que van ensanchando tu corazón. Dejas unas cosas para encontrar otras muchas. También es verdad que estaba en un momento de mi vida adecuado para hacer ese cambio, porque desde niña he vivido mucho, pero -al final- los años más bellos de mi vida se los he dado a la comunidad y eso me hace muy feliz.

¿Influyó alguien en esa decisión?

Obviamente, uno tiene que saber escucharse, pero también debe escuchar las voces de fuera. En mi caso me ayudó escuchar a mi familia, a la hermana fundadora de la Comunidad la Hermana Evelyn y al Padre Pepe, misionero de la Comunidad. Y por el camino, el Señor, siempre pone a las personas indicadas que son seres de luz que ayudan a indicar por dónde transitar el camino. Son personas que han impactado en el camino que fui construyendo hacia la fe.

¿Cómo vivieron su decisión su familia, sus amigos, su entorno?

Al principio me decían que estaba en plena juventud, que había acabado la carrera y que lo tenía todo para disfrutar. Se preguntaban que por qué iba a abandonar toda esa vida, por qué me iba a ir a Chile y por qué me iba a hacer monja y “encerrarme” con lo libre que era, viajera y sociable. Pensaban que mi vida se iba reducir, pero yo siempre les contestaba lo mismo: “dejadme que lo pruebe”. Es verdad que existían estas voces, pero después de tantos años mi vida ha hablado, y al final la vida se evalúa con espacios largos, y desde entonces hasta ahora, ese espacio largo ha sido una demostración. La hermana Evelyn me dijo que pasase un año en Chile con ellos, y aunque al principio me parecía una locura, después de doce años puedo hablar desde la experiencia.

Abrir el corazón a lo diferente es un proceso que cuesta, pero que, al final, obtiene sus frutos si te lanzas confiando en el Señor.

Fue valiente por su parte, ¿no fue dura la decisión?

Más que dura era cuestión de lanzarse. Hay un dicho que siempre digo: “Aún con miedo, hazlo”. Atreverse y dejarse llevar, que es algo que el Señor nos dice en el Evangelio, “sígueme y te darás cuenta que vas a encontrar vida en lo que yo te ofrezco”. El desafío esta en enfrentarme a mí misma, a lo que soy, a los egoísmos que uno tiene y a mis costumbres. Abrir el corazón a lo diferente es un proceso que cuesta, pero que, al final, obtiene sus frutos si te lanzas confiando en el Señor. No sabía qué me iba a encontrar, pero me lancé y aquí estoy. Al final, uno también va descubriendo que la fe y la vocación son dones que se dan durante toda la vida y que uno tiene que decidir y dejarse guiar con el mensaje: “Estoy en tus manos Señor”. Al menos esa es mi experiencia.

¿Cómo mujer joven es más difícil seguir el camino de fe en la Iglesia? ¿Qué opina del papel de la mujer en la iglesia?

Es un camino por construir. Las mujeres tenemos mucho que entregar, tenemos que ir haciendo camino porque la Iglesia está perdiendo un tesoro si no nos abre camino a las mujeres. Se ha avanzado, pero falta bastante. Si la mujer tuviese más protagonismo la Iglesia iría un poco mejor. Por supuesto hace falta cambio, con mujeres preparadas, con un corazón de madre y, sobre todo, que constantemente podamos escuchar, acoger y amar.

Finalmente, si puedas dirigirte a todos los jóvenes que hoy en día se encuentran en una situación parecida a la que tú viviste: ¿Qué mensajes querrías que escuchasen?

Yo tengo una frase para animar a los jóvenes, que es también con la que empiezo el canal de YouTube, Instagram y Tic Tok, porque me sale desde dentro del corazón: “Ama y dilo con tu vida” como bien dijo San Agustín hace muchos siglos. Dedícate a amar, que el resto ya se verá, porque para mi Dios es amor, y cuando te centras en eso, todo el camino se abre. Yo lo he vivido, pasé por los pensamientos que tienen hoy en día los jóvenes, tenía miedo a ser trasparente, auténtica, porque hay heridas, pero si amas, te lanzas a lo desconocido y confías, te esperan cosas muy enriquecedoras y gratificantes. Hay que atreverse a vivir lo inesperado, no hay que quedarse con las dudas.