El escritor y director Víctor Sánchez estrena su obra ‘Una vez, una casa’ en La Rambleta

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La Rambleta Una vez una casa

Informa Blanc Illán / Imagen: La Rambleta

El Espai La Rambleta acoge este fin de semana el estreno de la obra Una vez, una casa del dramaturgo Víctor Sánchez en la que el autor describe, a partir de la intimidad de un comedor -la verdadera naturaleza de la casa-, una historia que no llega al espectador desde el terror fantástico al que está acostumbrado, sino desde uno más real y cercano.

Protagonizada por Silvia Valero, Rebeca Valls y Paula Puchalt la obra está inspirada, según las palabras del propio autor, en una “hibridación entre un cuento de Salinger que se llama El tío Willie en Connecticut” y “una anécdota que me contaron en Chile sobre una escritora llamada Mariana Calleja, que tenía relaciones estrechas con la dictadura de Pinochet”.

La Rambleta Una vez una casa

Para el autor la idea comienza como “una distopía que nace de una fabulación hacia cómo será el futuro y del miedo a que España se pudiera convertir con los años en una democracia autoritaria como es el caso de Rusia, Turquía o Polonia”. En este sentido, Víctor Sánchez recuerda cómo cuando se celebraban esas reuniones en el gran salón de la mansión de Lo Curro donde se hablaban de literatura mientras que en el sótano se torturaban a políticos. “Lo que más me llama la atención es que cuando se oían gritos, ella subía la música” afirma Sánchez sobre Mariana Calleja, “ante el miedo, la mejor medicina siempre ha sido y será la luz del arte” destaca.

Durante ochenta minutos ‘Una vez, una casa’ cuenta la historia de dos amigas que se reencuentran en el hogar de una ellas después de muchos años sin verse. La charla en la que participan les sirve para recordar cuando se conocieron en un taller de escritura en una conversación que al principio fue ligera y alegre, pero que conforme avanza va tomando los tintes oscuros y siniestros que caracterizan a esta obra teatral.

Un espectáculo que se centra en el environment para crear una atmósfera íntima, conducida por el trabajo actoral, y rodeada de un paisaje sonoro que no subraya ni contextualiza, sino que conduce al espectador a la frontera entre lo familiar y lo siniestro que hace que se encoja el corazón a la espera de que todo sea una pesadilla de la cual escapar cuando se acabe el sueño, que todo sea mentira y que no suceda lo peor.