Miguel Catalán: «Escribir una novela es la aventura intelectual más incierta y misteriosa»

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El profesor del Departamento Ciencias Políticas, Ética y Sociología de la CEU-UCH publica nueva novela, La Isla del Mundo.

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Pregunta. Inmerso en la promoción de su última novela, la tercera. ¿Qué se va a encontrar el lector que se sumerja en la lectura de La isla del mundo?

Respuesta. Encontrará casi de todo, porque aspira a reflejar una gran urbe del futuro, pero también va a encontrar la metamorfosis del protagonista. Gastón Varela es un aldeano que emigra al Gran Norte a fin de conocer el mundo cuando un extranjero le informa de que su aldea no consta en los mapas. Después de dos días frenéticos en la capital del mundo, donde se le nombra misteriosamente Invitado de Honor de las Fiestas de Primavera y puede contemplar desde una posición de privilegio los inventos e instituciones mundanas, Gastón se convierte en un árbol. Esa metamorfosis propone una evolución inversa. A diferencia del animal y del hombre, la planta no precisa perseguir, acorralar y matar a otros seres vivos para alimentarse; y mucho menos, devorarlos. El vegetal genera su propio alimento simplemente abriéndose al influjo bienhechor del sol y de la lluvia. El vegetal es en cierto sentido más elevado, sutil y elegante que el animal; carece de bajas pasiones e ignora la ansiedad. Así que el viaje del hombre, siempre inquieto y movedizo, concluye con el alma inmóvil y delicada de la planta.

P. ¿Qué le motivó a escribir la novela?

R. La isla del mundo surgió de las cenizas de dos obras fallidas: una novela y un relato. La novela se titulaba El club de los cínicos, que abandoné porque me divertía escribirla pero carecía de sustancia o propósito último, como se dice que Platón abandonó su proyecto de una Proto-Atenas al faltarle una finalidad. Por otra parte, tenía también en el cajón un relato sobre un hombre que se duerme bajo un árbol de su huerto y sueña que da la vuelta al mundo. De ese relato sí tenía el principio y el final, su esencia parabólica. Un buen día se abrió en la imaginación un corredor entre ambas obras. A partir de ese momento conectivo la novela casi se escribió sola. Escribir una novela es la aventura intelectual más incierta y misteriosa, al menos para mí. Si el editor Juan Ballester no me hubiera propuesto publicarla para Arola, y en concreto para su nueva colección de novela en castellano “La Cometa”, imagino que todavía estaría cambiando cosas. Publicar un texto es la única forma que he encontrado de dejar de retocarlo.

P. ¿Cómo definiría al protagonista de La Isla del mundo?

R. Gastón es un hombre de campo, rudo y a la vez ingenuo, que se ve atraído por el poderoso imán de la gran ciudad. Pero al mismo tiempo su mirada salvaje hace de él un observador muy agudo. Debido precisamente a su extraterritorialidad, es el único capaz de ver que el rey está desnudo. Detecta la ridiculez de las modas y costumbres capitalinas, la falta de base para el orgullo y la altanería típicamente metropolitanas. Como vio Max Weber en su día, los campesinos fueron siempre tradicionalistas y creyentes en la magia; la ciudad, en cambio, representa la innovación y a la vez racionalización de la vida. Ese contraste entre intuición y razón hace que las vivencias de Gastón resulten hilarantes, pero también nos hagan pensar. Juan Goytisolo escribió en alguna obra suya que la mirada interesante es la que va de la periferia al centro, y estoy de acuerdo. Cuando es el centro el que mira a la periferia, normalmente no ve nada porque aplica sus prejuicios sin molestarse siquiera en preguntar.

P. ¿Cree que el lector puede sentirse identificado con las vivencias del protagonista?

R. Sí en esa parte que todos los individuos tenemos de natural, por muy artificial que sea la vida contemporánea. La obra tiene un arranque lento, hasta que Gastón llega a la República Sanflingana; un desarrollo frenético, el de la gran urbe, y, por último, un final lírico a la vez estático y extático. La lenta naturaleza triunfa sobre la veloz civilización, como por otra parte ocurre siempre.

P. ¿Piensa que quizás algunos busquen una Gran Metrópoli como la de su libro?

R. Todo aquel que se encuentra a disgusto en su tierra natal suele hacerlo. Es algo que ocurre a diario.

P. ¿Tiene pensada una cuarta novela?

R. Tengo una cuarta novela ya escrita, Perdendosi, pero aún necesita un tiempo de reposo y enfriamiento. Me encuentro trabajando en la quinta, una especie de parábola sobre un muchacho que, teniéndolo todo, no puede ser desgraciado por mucho que lo intenta.

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