“El apoyo de los Gobiernos occidentales va a desaparecer”

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José Antonio Bastos, presidente de Médicos sin Fronteras España

María González / 4º Periodismo

Tras 40 años luchando contra los problemas de salud en países donde tener acceso a una sanidad no es un derecho, sino casi un milagro, José Antonio Bastos, presidente de Médicos sin Fronteras España, se muestra esperanzado a la vez que preocupado con la situación actual. La crisis económica hace que las ayudas públicas a su asociación estén descendiendo, pero lo que más le preocupa es la utilización política de la solidaridad con los más necesitados y los ataques selectivos armados contra profesionales y estructuras médicas.

José Antonio Bastos, presidente de Médicos sin Fronteras España. / MSF
José Antonio Bastos, presidente de Médicos sin Fronteras España. / MSF

Pregunta. ¿Cómo está afectando la crisis a la cooperación?
Respuesta. Por un lado, tenemos las mismas contribuciones, que es bastante impresionante. Por otra, están las ayudas oficiales para la cooperación que ha sufrido recortes drásticos en todos los países. A MSF le afecta sólo en un 15%, pero nos preocupa porque el apoyo de los gobiernos occidentales va a desaparecer.
P. ¿Han conversado con el Gobierno sobre este tema?
R. Sí, pedimos e intuimos una respuesta positiva. Ha anunciado que renovará su compromiso de contribuciones con el Fondo Mundial. Lo que nos preocupa ahora es de qué cantidades estamos hablando, si es una contribución meramente simbólica o la adecuada.
P. ¿La solidaridad es para los Gobiernos imagen o ética?
R. La intención que hay detrás no la podemos valorar, no sabemos qué hay en las mentes de los dirigentes. Hay una tendencia clara a incluir lo humanitario como una herramienta para causas políticas o iniciativas populares. Cuando la acción humanitaria se supedita o se utiliza como herramienta para otra cosa, ya no es tal, o simplemente como instrumento de política exterior -necesaria por otra parte-. Lo que más nos preocupa es que desde 2001 las estrategias militares occidentales han incluido la ayuda humanitaria como herramienta contra el terror y crea un problema de percepción importante.
P. ¿Cuál es el mayor enemigo de la población mundial?
R. Desde luego el SIDA es uno de lo más importantes. Tenemos viejos conocidos, como la tuberculosis y la malaria, que siguen requiriendo atención. También la malnutrición infantil, que predispone para tener cualquier enfermedad infecciosa; y la violencia, que mata y daña a millones de personas.
P. ¿Cómo se trabaja en las revueltas árabes actuales?
R. Las revueltas en los países árabes, aunque desde fuera parecen iguales, son muy diferentes internamente. Las hay de corte político, como en Túnez; con un nivel de violencia respetable, pero bien manejado por el país, como Egipto; y las ha habido, como Libia y Siria, que son guerras civiles más que nada. El acceso es un obstáculo muy importante, como en Libia y Siria, que está denegado; no contamos con seguridad.
P. ¿Cuál es el mayor problema que se han encontrado?
R. Los ataques selectivos armados contra profesionales y estructuras médicas; y la utilización de éstas como una estrategia de seguridad. Las personas no quieren ser atendidas por miedo a ser identificadas.
P. Después de 40 años de trabajo, ¿desespera ver que no acaban los problema?
R. Un poco. Vemos que el mundo ha mejorado en muchas cosas pero no ha cambiado nada en otras. Poco a poco vamos progresando como humanidad, pero nos da la sensación de que va a seguir habiendo grupos de población sufriendo.

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