• El catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y catedrático adjunto en Harvard ha participado en el tercer ciclo de conferencias Dies Academicus Pensar la Universidad Hoy, organizado por el rectorado de la Universidad CEU Cardenal Herrera
  • Para Miguel Ángel Martínez-González, las universidades “son los lugares ideales para encontrar los remedios” que pongan fin a los crecientes males en salud que afectan a las sociedades contemporáneas
El rector Higinio Marín presentó al ponente.

El papel de las Universidades como agentes de prevención y salud pública fue la temática que Miguel Ángel Martínez-González, catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y catedrático adjunto en Harvard, eligió para su conferencia, que se celebró el pasado 11 de marzo, en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia. El catedrático, líder en salud pública y uno de los investigadores más citados a nivel mundial en su área, dividió su ponencia en tres capítulos: catástrofes de la salud pública, agentes distractores y soluciones.

Para Martínez-González, el siglo XXI, es “el siglo de la salud pública”, y las universidades “son los lugares ideales para encontrar los remedios” que pongan fin a los crecientes males en salud que afectan a las sociedades contemporáneas.

El catedrático, premio de Investigación Gregorio Marañón, confesó que los problemas que sufren hoy millones de personas son la constatación de que se ha hecho mal el trabajo de prevención en salud pública porque “siempre se llega tarde” y como única opción queda los remedios farmacológicos.

Para poner cifras a estas “catástrofes”, expresión que tomó, según dijo, de un editorial de la revista Lancet, mostró a los asistentes diversos estudios sobre el impacto de la obesidad o la salud mental. Según el catedrático, la obesidad tiene efectos directos en la diabetes, ictus y enfermedades coronarias, con el consecuente impacto en la reducción de la calidad y esperanza de vida.

Los problemas de salud mental afectan a una de cada cuatro mujeres y a uno de cada ocho hombres, sean en sus variantes mentales, neurológicos o conductuales, y hoy suponen el 25% de las consultas en atención primaria.

Sobre esta última “catástrofe”, Martínez-González presentó investigaciones que vinculan este aumento entre la población joven y universitaria por el creciente uso de los móviles y las redes sociales y que multiplican por tres los riesgos de depresión, ansiedad y trastornos del sueño ocasionados por el bullying o la hipersexualidad, objeto de su libro Salmones, hormonas y pantallas, de 2023. 

Asimismo, las pruebas sobre el coeficiente intelectual desarrolladas hace un siglo por el psicólogo James R. Flynn, que demostraban que el coeficiente aumentaba generación a generación, desde que se generalizó el uso del móvil decrece 0,030% de media por año.

El papel de la Universidad

“Los que estamos en la Universidad tenemos una gran responsabilidad, hay pecado de omisión, no nos ponemos inhibir, de estos temas hay que hablar; hay que dar la cara”, sentenció.

“Hay que buscar los determinantes, y los que nos dedicamos a la docencia tenemos mucho que hacer en investigación, medios de comunicación e incluso en la cultura del entretenimiento”

En este sentido, Martínez-González sostuvo que el papel de la Universidad es clave para combatir los “agentes distractores”, como los bulos, mentiras y cortinas de humo, detrás de los que se esconden intereses económicos con estrategias que buscan “silenciar a científicos”, para que no se oigan voces críticas, y que etiquetan de “ideología aquello que la buena ciencia encuentra”, pero que va en contra de sus ganancias.

Esperanza en el futuro

A pesar de ello, el profesor se mostró optimista con el futuro gracias a nuevos discursos que se han abierto camino en los últimos años. Puso como ejemplo a los cardiólogos, que ya no hablan de factores de riesgo como antaño, sino de “estilos de vida positivos en sus Health Metrics”.

En concreto se detuvo en las investigaciones del catedrático de epidemiología de la Universidad de Harvard Tyler VanderWeele, que ha analizado otros factores que contribuyen en prevención y en una mejora de la calidad de vida como “la religión, el sentido y propósito de la vida, las relaciones sociales, el perdón, la influencia del amor, del matrimonio”, así como de Carol Ryff, de la Universidad de Wisconsin-Madison, que ha recuperado el término griego eudaimonia (del griego eu «bueno» y daimon «espíritu») para poner el acento el concepto clásico de felicidad, bienestar y vida plena y virtuosa, lo opuesto al “hedonismo” de hoy.

Por último, el catedrático de la Universidad de Navarra presentó varias conclusiones de investigaciones en las que ha participado y ha dirigido sobre hábitos saludables relacionados con el estilo de vida y sus efectos en la esperanza de vida. Conclusiones que ha reflejado en sus numerosos libros de divulgación.

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