- El Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala organizó este evento que pone en relieve la importancia de la familia y la participación ciudadana en la sociedad
- La Jornada contó con la ponencia del director general del European Centre for Law & Justice (ECLJ), Grégor Puppinck
La Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) celebró el pasado 20 de abril en el salón principal del Paraninfo, en su campus de Alfara del Patriarca (Valencia), la IV edición de las Jornadas de la Doctrina Social De la Iglesia, organizada por el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala.
La jornada fue inaugurada por José Manuel Amiguet, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación. En su discurso, el decano habló sobre el sentido de la gratuidad, algo que tiene un efecto positivo tanto en lo personal como en el ámbito social pues “lleva al amor desinteresado que es un principio de la Doctrina Social de la Iglesia”, ha explicado Amiguet.
Tras la inauguración, el profesor Remigio Beneyto catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad CEU Cardenal Herrera, fue el encargado de ofrecer la ponencia inaugural bajo el título » La participación, clave en la libertad y la subsidiariedad”, presentada por el profesor Emilio Callado, secretario del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala en Valencia.


El profesor Beneyto dividió su exposición en cuatro partes: la dignidad humana, la subsidiariedad, la participación y un manifiesto final dirigido, particularmente, a los alumnos y público asistentes. Para hablar de la subsidiariedad, el profesor citó al Papa Juan Pablo II y explicó que “una estructura social de un orden superior no debe privarle de competencias a la del orden inferior, por lo que no debe interferir sino sostener y ayudar”. Además, con relación a este concepto añadió que “la Doctrina Social de la Iglesia debe evitar que el individuo y la familia sean absorbidos por el Estado, ya que los que gobiernan deben permitir a la población resolver los conflictos y problemas de menor importancia”, explicó Beneyto. Asimismo, en su discurso, el catedrático de Derecho Eclesiástico matizó que todos los servicios públicos deben ser desinteresados, ya que acompañan al ciudadano desde su nacimiento hasta su muerte, pero no para adormecerlo ni para eximirlo del ejercicio de su libertad y su responsabilidad. Por ello, hizo hincapié también en que la política debe estar al servicio de la sociedad civil, no domesticarla. “La familia tiene prioridad respecto al Estado, por lo que debemos ser una sociedad más civil y menos del Estado”, afirmó el ponente. Para Beneyto es aquí donde se hace esencial la religión, ya que “es necesaria una ética específica que presuponga la confianza para velar por el bien común y, así, reforzar la creencia en la libertad”. Por último, el profesor animó a los jóvenes a hacer visible la visión cristiana de la vida en cada ambiente y a participar en la vida pública a través de asociaciones y grupos culturales, así como en la política.


El evento continuó con una mesa redonda en la que los profesores de la CEU UCH Gonzalo Damián Montoya, Alfonso Martínez-Carbonell, Jaime Vilarroig y Domingo Pacheco, moderados por el profesor Enrique Lluch, pusieron el foco en la libertad y la subsidiariedad como respuesta a los desafíos de nuestro tiempo.
Finalmente, el evento concluyó con la ponencia de clausura “Liberté et subsidiarité dans la logique des droits de l’homme” ofrecida por Grégor Puppinck, director general del European Centre for Law & Justice (ECLJ) y presentada por el catedrático Remigio Beneyto. Tras esto, Carlos Gregorio Hernández, director del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, ha cerrado el evento y ha agradecido la participación de todos los ponentes y asistentes.
Una vez más, a través de esta IV jornada, la CEU UCH ha puesto de manifiesto la importancia de la Doctrina Social de la Iglesia como marco para reflexionar sobre la sociedad actual, destacando el papel fundamental de la familia, la libertad individual y la participación activa de los ciudadanos como elementos clave para conseguir una sociedad más comprometida éticamente, en la que la política esté al servicio del bien común y no al control del individuo.






